No se pudo o no se quiso combatir la corrupción

Cada gobierno ha sido juzgado, etiquetado, y hoy los mexicanos lo tienen quizá no del todo claro, porque la distancia de los temas de la política no siempre es del interés general

En la inevitable e incómoda evaluación de los logros sexenales, el gobierno saliente no pudo vencer la corrupción que dejó intocada. El paso del tiempo y de las evidencias ya no permiten responsabilizar a actores externos de propiciarla, a menos que se confiese que no pudo frenarse por incapacidad. La principal bandera yace izada de cabeza.

En el simbolismo castrense implica que la plaza ha sido ocupada por el enemigo. En términos reales, la percepción de la corrupción entre los mexicanos es que todo sigue igual y que no se pudo hacer la diferencia. Si acaso una magra mejoría a inicios del periodo, después, todo se convirtió en una bajada constante.

Los juicios de la historia comienzan. ¿Fue un buen o mal gobierno? Esa respuesta no la darán las elecciones, porque puede refrendarse la permanencia de un partido, aclarando que sería por la persona que se proponga al electorado y la ayuda indebida desde las posiciones de poder, pero el juicio recaerá sobre los resultados del saliente.

Cada gobierno ha sido juzgado, etiquetado, y hoy los mexicanos lo tienen quizá no del todo claro, porque la distancia de los temas de la política no siempre es del interés general. Así, el gobierno de Miguel de la Madrid fue el del crecimiento cero, por ejemplo, y el actual tiene muchos frentes abiertos, quizás el más preocupante es el de la desprotección de los ciudadanos, con énfasis en las mujeres, frente al crimen organizado, y la demolición de las instituciones autónomas creadas para la defensa de los derechos humanos.

Los nuevos voceros del oficialismo, lejanos a la historia de la izquierda, defienden a un partido que, traicionando los principios de la izquierda de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, subió al barco a todo aquel que sume votos a cambio de, ahora lo sabemos, cometer grandes actos de corrupción: Segalmex, 15 mil millones de pesos. El destino no lo sabemos, pero veremos si eso se filtra a apoyos electorales.

Y así es que todos estamos parados en la orilla de la historia, donde los primeros saldos comienzan a restar y en donde muchos se preguntan si se busca reeditar el pacto de impunidad.

¿De dónde proviene esto? Transparencia Internacional publicó en estos días su Índice de Percepción de la Corrupción 2023, en el que México quedó rankeado en el sitio 126 de 180 países.

Está a la par de El Salvador y por debajo de Perú, que preside la muy estimada por el gobierno de México Dina Boluarte.

Qué dice la radiografía de Transparencia Internacional respecto de México. En la región fue calificado bajo Uruguay (73), Chile (66) y Costa Rica (55), países que, ciertamente, fueron los únicos que aprobaron.

Continuó con una pobre evaluación respecto de Cuba y Trinidad y Tobago (42), Colombia (40), mientras que en la zona de los 30 puntos también están Argentina (37) y Brasil (36), así como República Dominicana, Panamá (35) y Ecuador (34), de acuerdo con la agencia EFE.

Ahora bien, la corrupción tolerada por el gobierno de México es una señal al mundo de que se ha debilitado intencionalmente la democracia de una manera más amplia.

De acuerdo con Luciana Torchiaro, consejera regional para las Américas de Transparencia Internacional, “en países como Brasil, México y Honduras, la destitución y el nombramiento de jueces y fiscales sin mérito por otros poderes del Estado, a menudo mediante procesos opacos y, en algunos casos, ilegales, socava la independencia del Poder Judicial”.

Se trata de cuatro años de estancamiento en el combate a la corrupción, lo cual produce la reflexión respecto de la intención de eliminar el Instituto Nacional de Transparencia, los organismos reguladores autónomos y someter al Poder Judicial de la Federación. ¿Es ésta la motivación para neutralizarlos? El primer saldo comienza a ser negativo.

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