La gran renuncia

Morena sabe bien que la crisis de feminicidios y de desapariciones le pegará centralmente en las próximas elecciones, a reserva de abundar en otra entrega en las condiciones desfavorables con que entrará a los comicios

El gobierno de México ha decido renunciar a la protección de la vida de las mujeres, las niñas y los niños. En su gestión, casi 8 mil de ellas se encuentran en calidad de desaparecidas o no localizadas, que es la cifra más alta en nuestra historia. No es el sistema económico ni la mala crianza, es la indiferencia por el dolor de miles de familias, el temor de enfrentarse a la delincuencia para que no le afecte electoralmente e imponer a su sucesor.

Esto es moralmente inaceptable. Morena perdió cualquier posibilidad de empatía con las mujeres, a las que su líder, en la Presidencia, las prefiere “calladitas y bien portadas”.

En el momento que descalifica el movimiento feminista desde Palacio, invisibiliza la violencia contra las mujeres y envía una poderosa y lamentable señal de impunidad para quienes se atrevan a violentar o asesinar a una mujer, adolescente y niña.

¿Por qué no se reconoce al feminicidio como una crisis y se actúa con una estrategia federal? Por la simple razón de que no se puede aceptar que el líder de Morena en la

Presidencia se ha equivocado. Morena sabe bien que la crisis de feminicidios y de desapariciones le pegará centralmente en las próximas elecciones, a reserva de abundar en otra entrega en las condiciones desfavorables con que entrará a los comicios.

No es un tema nuevo. La indiferencia de López Obrador hacia las víctimas de desapariciones, que hoy marca a su gobierno internacionalmente, tiene una constante. Así lo ha documentado la prensa.

Javier Sicilia, poeta, activista, víctima también y referente en la lucha democrática, le reclamó esta indiferencia en el segundo aniversario de la masacre de la familia LeBarón en Bavispe.

Lo acusó de traicionar a las víctimas, a la ciudadanía, a los muertos y a los desaparecidos, luego de movilizar a una nación para ganar la Presidencia.

Sicilia tiene razón cuando advirtió que el gobierno ha normalizado el horror, a lo que las organizaciones de la sociedad civil agregan la violencia y el feminicidio.

Cuando el jefe de una nación relativiza la gravedad de la existencia de 100 mil desparecidos y se ríe del reporte de la ONU que lo documenta, es una señal de connivencia con el crimen organizado de algunos miembros de su gobierno o incapacidad para conducir a una nación, y que los mexicanos seguirán poniendo a los muertos.

De acuerdo con cifras oficiales, siete mujeres desaparecen diariamente, a lo que se suman 14 niñas y niños, según la organización Madres Buscadoras de Sonora A.C.

El diario The New York Times documenta que en 2021 se reportaron 2,800 mujeres desparecidas, lo que representa un aumento del 40% en comparación con 2017, año en el que aún gobernaba el PRI.

Citando a expertos, refiere que la creciente tasa de desapariciones está vinculada con el incremento general de la violencia en todo el país en los últimos años, además del aumento del crimen organizado, involucrado ahora en la trata de personas —especialmente de adolescentes, niñas y niños—, así como las altas tasas de violencia doméstica.

A lo anterior se suma una falla sistémica. Las fiscalías de los estados no tienen la capacidad de investigar con perspectiva de género los delitos cometidos contra las mujeres y mucho menos los feminicidios.

Al no haber diálogo, porque vivimos una anormalidad democrática expresada en la ausencia de cooperación y negociación con el gobierno de Morena, no existe forma de que se creen protocolos y se capacite a las policías.

El diario neoyorquino cita a Angélica Durán, profesora asociada en la Universidad de Massachusetts, quien afirma que “el Estado simplemente (...) le ha dado la espalda completamente a su responsabilidad de investigar casos de desapariciones”.

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