Fuera del renacimiento manufacturero
La visita no le dio puntos a Biden paralas elecciones intermedias —al menos así lo pronostican los analistas— y tampoco los que buscaba su homólogo mexicano.
Que si marcó un antes y un después y que si se alcanzaron resultados positivos para su administración, lo cierto es que la visita presidencial a Estados Unidos transcurrió como muchas otras. Sí hubo, empero, un hecho observable, el activismo de congresistas de ambos partidos para pintar al lopezobradorismo como una amenaza a la democracia mexicana y regional, cosa pocas veces vista.
La visita no le dio puntos al presidente Biden para las elecciones intermedias —al menos así lo pronostican los analistas— y tampoco los que buscaba su homólogo mexicano. No consiguió arrogarse la representación de los países centroamericanos y caribeños para demandar visas de trabajo y atemperar las migraciones con programas de inversión regionales.
Estados Unidos siempre ha tenido claro el talante populista del lopezobradorismo. Por ello, la vicepresidenta, Kamala Harris, fue estratégicamente desactivando este intento al dialogar por separado con los gobernantes de la región. El financiamiento llegará directo, sin intermediarios mexicanos.
Un segundo hecho es que los gobernantes de la región no se sienten cómodos con el personal estilo del gobierno de Morena y prefirieron la ruta que les dé mayores ventajas con la administración Biden.
De acuerdo con fuentes diplomáticas de ese país, la reunión concretada para los empresarios estadunidenses especializados en el sector de las energías fue importante, pero lo será más en la medida en que Joe Biden ejerza presión al gobierno mexicano para que cumpla retirando las restricciones que hoy son materia de litigios.
Esto último implica más de lo que parece, puesto que frenar las acciones que, desde un resorte ideológico, buscan dar control al Estado sobre las energías, es, en esencia, obligar a AMLO a mover su agenda y sumarse a los esfuerzos climáticos de la región, con lo que la refinería en Dos Bocas resultaría un activo muerto.
De acuerdo con un análisis del think tank estadunidense Atlantic Council, la ruta estatista de la actual administración generará efectos adversos en la prosperidad económica del país, puesto que, al descartar las energías limpias y baratas, carga los altos costos de los combustibles fósiles a las empresas, imposibilitando su crecimiento.
En los hechos, esto implicaría que México se quede fuera de lo que el académico David L. Goldwyn llama el renacimiento manufacturero de América del Norte.
México necesita amplias inversiones para proveer a sus ciudadanos y a la industria de energía confiable, accesible y respetuosa del medio ambiente.
Empresas extranjeras que no cuenten con esos recursos en nuestro país carecerán de incentivos para establecerse, traer su tecnología y dejarla, haciendo muy complicada la tarea para las empresas nacionales. Tendremos una planta industrial obsoleta. Eso es lo que, en el fondo, está en juego en el modelo estatista de Morena.
Poner en riesgo la prosperidad futura del país y sumirlo en costosas disputas por violar el T-MEC lo terminaremos pagando los ciudadanos.
Aún debemos resaltar las puntuales críticas que congresistas de ambos partidos vertieron durante la visita del Presidente mexicano. Los demócratas pusieron el foco en las omisiones del gobierno de AMLO para garantizar la libertad de expresión, que ha derivado en el asesinato de, al menos, 12 periodistas, y de perseguir a los comunicadores.
Se trata de un llamado hecho a AMLO por diez senadores demócratas, uno de ellos presidente del Comité de Relaciones Exteriores, Bob Menéndez, y a Biden a tomar acciones para que cese la impunidad generada por la violencia.
Cinco republicanos denunciaron los ataques a las instituciones autónomas, como el INE y violaciones al T-MEC. AMLO no dio conferencia de prensa ni habló ante el Congreso, imagínese.
