El suicidio

Una democracia no puede ser sana si no cuenta con un músculo ciudadano que resista y presione a los políticos en el poder, para que las decisiones de gobierno creen las condiciones reales de mejoramiento de la calidad de vida de todos, fortalezca las libertades ...

Una democracia no puede ser sana si no cuenta con un músculo ciudadano que resista y presione a los políticos en el poder, para que las decisiones de gobierno creen las condiciones reales de mejoramiento de la calidad de vida de todos, fortalezca las libertades democráticas y se establezca un diálogo que tenga como objetivo la viabilidad del país.

Ese músculo ciudadano es uno de los primeros objetivos de gobiernos autócratas. Lo tornan su principal enemigo público para anularlo, justo porque tienen la capacidad de sancionar a los políticos e, incluso, destituirlos.

Las sociedades pueden equivocarse en la elección de sus dirigentes. Sí. No existen pueblos sabios, sino llenos de hartazgo que suelen dar manotazos con la boleta electoral para nombrar a quien creen que será su instrumento de revancha, pero, al final, terminan lastimándolos en sus derechos. No es un tema de legitimidad o no, sino un hecho que ocurre con más frecuencia de la que se imagina.

Parecería un suicidio, sin duda. Votar por una opción que, gradualmente, va socavando sus órganos de control, creados por los propios ciudadanos, y luego se impone por el uso de las Fuerzas Armadas. Esto se ha vuelto una reedición de nuestra región.

Por eso es necesario recuperar ese músculo ciudadano que logró la transformación democrática desde el salinato. Y una de esas tareas vitales radica en la independencia de la Suprema Corte, que hoy es el objeto de todas las iras, pero es el poder del equilibrio. Es importante para usted, lector, lectora, si quiere que la ley sea la ley, que quien se robe el dinero público sea llevado a la cárcel, que quien se asocie con delincuentes sea sancionado, sin importar el cargo que ostente.

Resulta muy fácil en el discurso polarizador decir que los ministros de la Suprema Corte pertenecen a una clase dorada frente a un pueblo empobrecido, pero, en realidad, el pueblo en pobreza extrema ha aumentado y la pobreza laboral igual, es decir, hay empleos, pero mal remunerados.

Si no queremos vernos desprovistos de órganos autónomos que velen por nuestros derechos humanos, debemos tomar partido por las instituciones democráticas. No estoy refiriéndome a una opción política en específico.

Las democracias en la región tienen falencias. Dejemos un listado aquí para que cada quien pueda hacer su evaluación del progreso de su opción política.

Corrupción. Ha sido un problema arraigado en países de la región, incluido México. Este flagelo puede minar las instituciones democráticas, socavar la confianza en el gobierno y limitar la efectividad de las políticas públicas.

La desigualdad socioeconómica, traducida en la brecha entre ricos y pobres, puede dar lugar a tensiones sociales, alienación política y dificultades para representar de manera equitativa los intereses de todos los ciudadanos.

Violencia y crimen organizado, que es el gran desafío de México, porque ha erosionado la seguridad ciudadana, influye en la toma de decisiones políticas y mina la efectividad del Estado de derecho.

Ya hemos hablado de la intención de debilitar el Estado de derecho, tratando de controlar el Poder Judicial, lo que afecta los derechos humanos de todos. Agreguemos una participación ciudadana limitada, que dificulta el control ciudadano sobre el gobierno y la rendición de cuentas.

México no ha consolidado su democracia. Por el contrario, los ciudadanos hemos permitido su debilitamiento. Revisemos bien las propuestas electorales —no los chistoretes del segundo candidato de Morena—.

Superar estos desafíos requerirá esfuerzos continuos en el fortalecimiento de las instituciones, la promoción de la transparencia, la inclusión social y el fortalecimiento del Estado de derecho. Si en el continuismo no se incluye esto, así como el regreso de las tareas administrativas de las Fuerzas Armadas al poder civil, entonces tengamos cuidado.

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