El diablo aparecido

El gobierno de EU califica de “inaceptable y alarmante la violencia de los cárteles” y recuerda a México que se comprometió a ampliar la cooperación bilateral para promover la seguridad ciudadana y desmantelar las organizaciones del narco.

Quien invoca al diablo, se le aparece, dice la conseja popular, que bien se aplica al reclamo del gobierno de Morena a probar sus vínculos con el narcotráfico, que el polémico senador republicano Marco Rubio ha denunciado.

Haremos solamente una descripción. Rubio ha expresado en sus redes, en español, lo siguiente: “Me alegra ver que el presidente mexicano, que ha entregado secciones de su país a los cárteles de (la) droga y es un apologista de la tiranía en Cuba, un dictador asesino en Nicaragua y de un narcotraficante en Venezuela, no estará en EE.UU. esta semana”.

El Presidente mexicano se defendió pidiendo pruebas y acusó directamente a otro senador texano, “Ted Cruz, (…) y al otro (Rubio), porque yo sí tengo pruebas que le han dado dinero los que están a favor de la fabricación de armas en Estados Unidos. Lo emplazo a que presente sus pruebas”.

Pero es ampliamente conocido que los movimientos pro-armas en ese país financian profusamente a candidatos que acepten frenar cualquier restricción a la compra de armas. La prensa norteamericana ha documentado un financiamiento de, al menos, cinco millones de dólares. El expresidente Trump, quien tiene los afectos de AMLO, está incluido.

Rubio replicó la acusación presidencial citando un fragmento de la mañanera, diciendo: “Un presidente que tiene palabras duras para líderes democráticamente electos en Estados Unidos, pero elogios para un dictador en Nicaragua, un narcotraficante en Venezuela y una tiranía marxista en Cuba”.

Pero la sucesión de hechos no ayuda a diluir la sospecha que pesa sobre los vínculos institucionales con el crimen, sino al contrario. Antes de las acusaciones del senador Rubio, el excongresista, dos veces presidente del PRI y del PRD, respectivamente, fundador de la corriente democrática, excandidato presidencial y actual miembro de Morena, Porfirio Muñoz Ledo, cimbró la política revelando lo siguiente:

“Yo he hecho un llamado al Presidente de la República con el siguiente argumento pragmático: el Presidente va a terminar su periodo, la pista ya se le está acabando. Él piensa que puede heredar al siguiente gobierno su asociación con delincuentes y que eso le otorga mayor poder, porque, además de tener autoridad y recursos del gobierno federal, éstos se suman a los del narcotráfico, entonces no hay nada que se le pueda oponer”.

Muñoz Ledo no es cualquier político y tiene amplio conocimiento del Presidente, quien lo descalificó: “Es realmente muy corriente, muy vulgar todo esto, lo lamento porque el licenciado Muñoz Ledo me conoce muy bien y se atreve a sostener que el gobierno tiene vínculos con el narco, es un juicio sin fundamento, temerario”, dijo, y luego lo discriminó refiriéndose a su edad.

Hay datos que hacen difícil acreditar este deslinde. Es el propio Departamento de Estado norteamericano el que documentó que “altos funcionarios del gobierno de AMLO se han involucrado en actos de corrupción directa con el crimen organizado”.

El Reporte Internacional sobre la Estrategia del Control de Drogas 2022 —ya hemos citado su página 169— señala que la vinculación y la influencia de las organizaciones criminales con altos funcionarios del gobierno mexicano continúan obstaculizando significativamente los esfuerzos de control de drogas de México.

El gobierno de EU califica de “inaceptable y alarmante la violencia de los cárteles” y recuerda a México que se comprometió a ampliar la cooperación bilateral para promover la seguridad ciudadana y desmantelar las organizaciones del narco.

Rubio conoce el reporte; AMLO sabe, pero no nosotros, la intención de decir que el Ejército también cuida a los delincuentes, y Muñoz Ledo sabe. Las quejas por ayuda electoral del narco a Morena son públicas. El país se fue de las manos. Usted dice.

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