Centroamérica, nuestro espejo

Las cosas no son fáciles para el gobierno mexicano. Está demostrado que los republicanos estadunidenses no dejarán que su socio comercial se transmute en un régimen orteguista. La presencia frecuente de delegaciones de alto nivel de Estados Unidos para evaluar el combate al fentanilo no es una regularidad

Centroamérica enfrenta uno de los procesos de degradación democrática, institucional y de infiltración del crimen organizado en las estructuras gubernamentales nacionales y estatales de los países que la integran. Se trata de una señal de alerta para México, porque muchos de esos procesos ya se han extendido en nuestro territorio.

Sería una ingenuidad suponer que México no ha contribuido, con su laxitud hacia el crimen organizado, a la expansión de éstos no sólo hacia los países del triángulo centroamericano, sino a Sudamérica. De ahí que los migrantes, desplazados de sus comunidades por la violencia, se vean atrapados en otra mucho mayor en su paso por territorio mexicano hacia Estados Unidos.

Pero las similitudes se replican en los estilos autoritarios de atacar sus instituciones autónomas y poderes judiciales, como los casos de Guatemala, El Salvador y remarcadamente Nicaragua. Recientemente, el Congreso del estado mexicano de Oaxaca disolvió el Tribunal de Justicia Administrativa, que resuelve los conflictos entre el gobierno y sus gobernados, para nombrar a magistrados cercanos al gobernador de Morena. Ésa es una tendencia que también levanta alertas hacia México, tanto en los ámbitos de seguridad de Estados Unidos y Canadá, como comercial.

Cristina Eguizábal, profesora de la universidad de Costa Rica y de la Flacso del mismo país, diagnostica los complejos procesos que enfrenta Centroamérica y expone que, si bien a finales del siglo XX los cinco países de la región representaban regímenes democráticos, caracterizados por la división de poderes y la independencia judicial, a partir del siglo XXI se ha experimentado un deterioro de los sistemas políticos.

Como consecuencia de ello, Nicaragua y El Salvador han dejado de estar en esa categoría y se han tornado en países en los que el Estado de derecho se ha vulnerado para generar privilegios de grupos en el poder e, incluso, para imponer, en el caso del segundo, una reelección.

Tanto en Nicaragua como en Guatemala, la persecución política y judicial a los opositores, y en el primero de los casos candidatos a la presidencia, ha llegado a grados extremos. Y otra constante es el hostigamiento a la prensa crítica, el asesinato de luchadores sociales y de ecologistas. ¿Pueden ser estos países el espejo en el cual debamos aprender a mirarnos?

Las cosas no son fáciles para el gobierno mexicano. Está demostrado que los republicanos estadunidenses no dejarán que su socio comercial se transmute en un régimen orteguista. La presencia frecuente de delegaciones de alto nivel de Estados Unidos para evaluar el combate al fentanilo no es una regularidad, sino una expresión de que el actual gobierno requiere de presión constante para hacer su parte y al ritmo de los demócratas.

Es claro que la administración Biden no aguantará por mucho las evasivas de su par mexicana, especialmente por la fuerza que los republicanos están ejerciendo y quienes, además, no confían en las Fuerzas Armadas nacionales. Si ganan la presidencia podríamos atestiguar represalias, como la propuesta del congresista Ken Calvert, presidente del subcomité de Asignaciones de Defensa, de expulsar a México del Comando Norte, para trasladarlo al Comando Sur, con lo que se haría patente que somos una amenaza para su seguridad nacional.

* En otro tema, Alejandro Martí, con quien tuve el privilegio de colaborar, es mucho más que aquella lapidaria conocida. Fue capaz de inspirar a los ciudadanos a realizar una segunda gran marcha demandando seguridad y generó la fuerza suficiente para proponer y volver realidad el Sistema Penal Adversarial, para que todos contemos con una justicia pronta y transparente. Lo logró. Nuestra cercanía me permite decirle: Alex, buen regreso a casa al lado de Fernando. Gracias, pocos espíritus como tú.

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