Adán Al… Gusto, elevación y caída
Adán Al… Gusto. Así podría resumirse el momento político que atraviesa el senador Adán Augusto López Hernández, otrora delfín de AMLO, hoy convertido en carga pública para un gobierno que se resiste a admitir sus lastres: corrupción y vínculos con el crimen ...
Adán Al… Gusto. Así podría resumirse el momento político que atraviesa el senador Adán Augusto López Hernández, otrora delfín de AMLO, hoy convertido en carga pública para un gobierno que se resiste a admitir sus lastres: corrupción y vínculos con el crimen organizado. Enredado entre sus conflictos ideológicos y la composición mayoritariamente rancia de su movimiento, Morena..
La conferencia de prensa que dio el pasado 26 de septiembre no fue un acto de convicción, sino una escenificación forzada. Lo empujaron a salir. Fue Palacio Nacional quien le redactó el libreto y el que decidió que debía explicarse o asumir su caída. Nada de espontaneidad: un gesto de contención, una purga necesaria.
Pese a conocer sus posibles vínculos con un exjefe policiaco acusado de colaborar con redes criminales en el sureste, AMLO lo impuso a su sucesora como un gesto de lealtad personal. Esa decisión, más que un acto de continuidad, fue una carga heredada que el nuevo gobierno ahora busca descargar con sigilo y urgencia. Adán Augusto llegó al gabinete no por mérito técnico ni eficacia política, sino por confianza afectiva. Esa confianza se ha convertido en búmeran.
La hermandad de AMLO —cuyos hijos son investigados bajo las facultades extraterritoriales que tiene el país vecino, de acuerdo con un reporte del Capitolio— con Adán se debe al padre de este último, Payambé López Falconi, notario en Tabasco, quien apoyó desde sus inicios al macuspano.
El senador expriista reveló forzadamente ante la prensa ingresos por más de 78 millones de pesos entre 2023 y 2024 por conceptos tan diversos como renta de inmuebles, venta de ganado, herencia y asesorías. De acuerdo con su versión, no hay delito en la acumulación de riqueza, pero no queda claro el conflicto de interés.
Lo que escandaliza es la disonancia entre su estilo de vida y el discurso fundacional de la 4T. Lo que irrita al respetable es su oportunismo notarial, la opacidad de los montos, la vaguedad de los conceptos. Imperdonable para Morena es la banalidad con que trata de explicar su fortuna personal: “No tengo nada que ocultar”, dijo. Y, en efecto, ya nada puede ocultar.
Quiso pasar el costo político a quien acusa entre pasillos: es un ataque al movimiento y a la Presidenta.
De acuerdo con publicaciones periodísticas, los ingresos declarados ante el SAT no coinciden con lo que los reportes financieros documentan. Las transferencias millonarias desde Estados Unidos, presuntamente derivadas de herencias familiares, se explican con una narrativa confusa. La sospecha de triangulaciones, empresas fantasma y ocultamiento se alimenta no sólo por la cantidad de dinero, sino por el momento: justo cuando Estados Unidos vigila con lupa los compromisos anticorrupción del gobierno mexicano en el marco del T-MEC.
La decisión de Palacio Nacional de exponerlo no fue gratuita. Adán Augusto ya es un pasivo. En el tablero diplomático con Washington, su nombre incomoda. Su cercanía con el poder, su papel en la reforma judicial, en la que ofreció impunidad a cambio de votos y su historial como operador electoral lo convirtieron en una figura inviable para el nuevo gobierno. Ya no es aliado: es advertencia. Su caída es una concesión simbólica para despresurizar el sistema. +++Adán Al… Gusto+++ fue el compadre, el notario, el encargado de apagar incendios y prender veladoras. Hoy es una página que estorba en el manual de la continuidad.
El “hermano de AMLO” representa más que una cercanía: es una incriminación directa al corazón simbólico de Morena. No hay herida más profunda que la que inflige quien predicaba la austeridad y termina exhibido por su abundancia. Si el nuevo gobierno hereda algo de la narrativa obradorista, hereda también esta grieta. Y cada millón no aclarado es un clavo más en el ataúd moral que sostiene el discurso público de la 4T.
La exposición de Adán Augusto no repara el daño: lo documenta. Y su exclusión del futuro inmediato no lo absuelve, sólo lo entierra antes de tiempo.
