Sumisión química: es momento de ponerle un alto

La acción de suministrar sustancias, como drogas o fármacos, en bebidas o alimentos sin el consentimiento de la persona afectada, práctica conocida como “sumisión química”, ha ido en aumento en los últimos años. En algunos países del mundo existen legislaciones ...

La acción de suministrar sustancias, como drogas o fármacos, en bebidas o alimentos sin el consentimiento de la persona afectada, práctica conocida como “sumisión química”, ha ido en aumento en los últimos años. En algunos países del mundo existen legislaciones que sancionan penalmente dicha acción, pues representa una forma grave de vulneración a la seguridad, la autonomía y la integridad de las víctimas.

En España, que destaca por el incremento significativo de casos registrados, el Código Penal contempla la sumisión química dentro de los delitos contra la libertad sexual, introduciéndola, expresamente, como una forma de agresión sexual. Chile y Argentina son otros de los países que han expresado la necesidad de visibilizar y prevenir esta práctica y contemplan proyectos para sancionarla.

Y es que la sumisión química no necesariamente es el fin, muchas veces es sólo el medio empleado por los delincuentes para cometer otros delitos como abuso sexual, robo o secuestro, una vez que logran anular la voluntad de la víctima y someterla a su antojo.

En México, está práctica se está convirtiendo en un verdadero problema y cada vez es más común saber de casos, ya sea por redes sociales, medios de comunicación o de viva voz, en los que estuvo presente la administración de sustancias a una persona para dejarla inconsciente y después robarle o abusar de ella en algún sentido, lo que incluso ha derivado en la pérdida de la vida por sobredosis.

Lamentablemente, la falta de registros oficiales y protocolos específicos han dificultado conocer la incidencia real de esta práctica delictiva. Actualmente no existen en nuestro país estadísticas oficiales detalladas sobre su prevalencia y esto puede deberse a que, en la mayoría de los casos, la sumisión química no suele clasificarse como tal y los casos en que se presenta suelen clasificarse bajo delitos más amplios como abuso sexual, robo u homicidio, sin identificar el uso de sustancias para someter a la víctima como un factor agravante.

En el Estado de México, activistas han señalado que la sumisión química es una práctica recurrente utilizada para cometer delitos como asaltos, abuso sexual, trata de personas, tráfico de órganos y violencia feminicida. A pesar de ello, esta conducta no está tipificada en el Código Penal estatal ni se cuenta con protocolos de actuación en el sector salud o de seguridad.

Algo similar ocurre en la Ciudad de México, donde pese a la alta incidencia de personas vulneradas con bebidas adulteradas y/o alteradas con alguna sustancia (dopadas), generalmente en antros y bares, aun no se establece el delito de sumisión química en su Código Penal.

Por ello es preciso reformarlo para establecer formalmente el mencionado delito, con sanciones ejemplares para quienes se atreven a cometerlo. En tal sentido, desde mi compromiso como legislador, ya trabajo en un proyecto de iniciativa que contempla hasta 17 años de prisión a quien agregue alguna sustancia en una bebida ajena, con fines de drogar y vulnerar a otra persona. Recordemos que la gravedad de las penas debe reflejar la seriedad con la que estamos dispuestos a abordar este tipo de conductas.

Dicha propuesta también incluye reformar la Ley de Establecimientos Mercantiles con el objeto de establecer que los antros y bares de la Ciudad de México, tengan la obligación de poner al alcance de su clientela, dispositivos detectores de bebidas adulteradas o dopadas.

La sumisión química en México es una problemática creciente, por lo que debemos establecer también las bases para la creación de registros oficiales, la atención oportuna de las víctimas y la implementación de protocolos para prevenirla. Es fundamental avanzar en todo ello, porque de ello depende la integridad y la vida de muchas personas.

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