Regularizar para beneficiar el desarrollo económico y el empleo

Hace apenas unos días, el Gobierno de la Ciudad de México presentó el Programa de Regularización Administrativa de Restaurantes para la entidad, y es que regularizar e incorporar un registro formal a pequeños comercios dedicados a la venta de alimentos, como pueden ser ...

Hace apenas unos días, el Gobierno de la Ciudad de México presentó el Programa de Regularización Administrativa de Restaurantes para la entidad, y es que regularizar e incorporar un registro formal a pequeños comercios dedicados a la venta de alimentos, como pueden ser fondas y cafeterías, es crucial por varias razones.

En un aspecto general, la regularización garantiza que estos establecimientos cumplan con las normas sanitarias y de seguridad alimentaria, protegiendo así la salud de los consumidores. Además, al estar fiscalizados, estos comercios pueden contribuir de manera justa al sistema tributario, lo que permitirá una mayor recaudación de impuestos que puede ser reinvertida en infraestructura para el rubro, así como en otros servicios públicos.

De forma particular, la formalización de estos comercios permitirá actualizar licencias fuera de vigencia y antiguos permisos, atender problemas de uso de suelo y garantizar la aplicación de esquemas de Protección Civil y medidas en materia medioambiental para reducir los márgenes de corrupción, dar certidumbre jurídica a la industria restaurantera y garantizar el empleo que generan estos establecimientos, de acuerdo con la Jefatura de Gobierno de la Ciudad.

Muchas metrópolis en el mundo han encontrado en la industria gastronómica y restaurantera una gran ventana de oportunidad para el crecimiento de su economía, por ejemplo, Nueva York, Estados Unidos, es una de las que percibe más ingresos derivados de su industria restaurantera.

Esta ciudad es uno de los principales centros culinarios del mundo y, sólo en 2019, el sector restaurantero neoyorquino generó un estimado de 27 mil millones de dólares en ventas gravables y más de 317 mil empleos, derivado de la actividad de 23 mil 650 establecimientos, con base en un reporte de la Oficina del Contralor del Estado.

Y si la ciudad norteamericana ha encontrado en la industria restaurantera y gastronómica un nicho de crecimiento, la Ciudad de México cuenta también con un gran potencial, pues, de acuerdo con declaraciones recientes del secretario de Desarrollo Económico, Fadlala Akabani Hneide, la capital del país cuenta con 44 mil 98 establecimientos mercantiles que se dedican al procesamiento de alimentos, entre restaurantes y otros comercios dedicados al servicio de comida, de los cuales se han desprendido 242 mil empleos.

Pero, ¿si contamos con más de 20 mil establecimientos en operación, más que la ciudad de Nueva York, por qué registramos 75 mil empleos menos? Aunque se requiere un análisis comparativo más profundo y específico al respecto, es indudable que la irregularidad, la falta de registro, una infraestructura y servicios públicos deficientes, así como la ausencia de un ecosistema de negocios más equitativo y transparente, son factores que afectan el desarrollo de la industria y su capacidad para generar empleos.

Según el titular de Desarrollo Económico de la CDMX, la mayoría de estos establecimientos son de bajo impacto y necesitan una estrategia de formalización para sumar herramientas de apoyo, incrementando así su competitividad y capacidad de crecimiento.

Ejemplo de ello es que el éxito del sector restaurantero neoyorquino no ha llegado solo, pues esquemas como el programa Dining Out NYC, que hizo permanente las comidas al aire libre iniciadas durante la pandemia de covid-19, y el NYC Small Business Opportunity Fund, que ofrece préstamos de bajo interés a pequeñas empresas, demuestran cómo el apoyo gubernamental puede impulsar la industria restaurantera. Regularizar a pequeños restaurantes, fondas y cafeterías en la Ciudad de México puede tener un impacto significativo en el desarrollo económico comunitario.

  • La formalización permite una mayor recaudación fiscal y fomenta la competitividad y sostenibilidad de estos comercios a largo plazo, promoviendo un mercado más equitativo, más empleo y una economía más robusta.

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