Pandemia y legitimidad política, las dos crisis
• Es lamentable, pero la conducta por parte de ambos candidatos no es exclusivade la forma de hacer política en el país vecino.
Hace un par de días se llevó a cabo el primer debate presidencial entre el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, y su contrincante Joe Biden, el cual, en mi opinión, fue una verdadera vergüenza y un claro ejemplo del por qué la crisis de legitimidad política que se vive desde hace decadas, en la mayoría de los países del mundo, en especial en la región de las Américas, no ha podido ser superada.
Los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos tuvieron una hora y media para hablar de sus proyectos para mejorar la estabilidad del país del norte, en lo relacionado con fuerzas del orden, atención a grupos raciales, cambio climático y, en especial, economía y salud, que son dos rubros particularmente afectados a raíz de la pandemia de covid-19.
Y fue la misma hora y media en la que no sólo no hubo propuestas y proyectos claros, sino que, además, fue una batalla de ataques y descalificaciones directas, en especial por parte del presidente Trump, verdaderamente desesperante para quienes seguimos el debate. Es lamentable, pero la conducta por parte de ambos candidatos no es exclusiva de la forma de hacer política en el país vecino. En México, para muchos partidos y aspirantes políticos, es la fórmula favorita para hacer campaña, sin considerar que ese teatro de descalificaciones e insultos provoca más el hartazgo de las personas que intención del voto.
Las personas no creen en quienes gobiernan, en los políticos que “les representan” y mucho menos en los partidos, por cuestiones como la corrupción, la división y la disputa, incluso al interior de los mismos institutos políticos, pero también porque se han cansado de ser espectadores de campañas de descalificación y guerras sucias, carentes de propuestas, soluciones y planes de acción verdaderos.
La legitimidad política se ha perdido porque la clase política se ha alejado de sus orígenes y se ha construido su propio mundo, lleno de soberbia, ostentosidad y enriquecimiento, y eso, en un universo donde habita la pobreza y la necesidad, ofende y lastima. Por supuesto que hay excepciones, no todos los políticos son soberbios y corruptos, pero como dicen por ahí, “haz fama…”
En nuestro país, recientemente comenzó el proceso electoral 2020-2021, que será uno de los más significativos de la historia, no sólo por ser el más grande, sino porque se da en medio de un contexto social bastante complicado a causa de la pandemia, que sin lugar a dudas ha puesto frente a todos desafíos importantes.
Sabemos que la recuperación no será sencilla y que todos necesitaremos de todos para salir adelante y es justo esta coyuntura una oportunidad para recuperar la credibilidad en la clase política y en las instituciones. Es un momento crucial de cambio en nuestro país, en el que es muy importante convocar al trabajo conjunto entre sociedad, gobierno y clase política. Pero, para que las personas vuelvan a creer y apoyarse en esta última, necesitamos regresarla a sus orígenes.
Los políticos debemos recordar que también fuimos ciudadanos, que nos debemos a esas personas que, en su momento, con confianza, nos eligieron para representarles porque confiaron en nosotros, y que la principal obligación es con ellos. También que la política no puede seguir manifestándose mediante contiendas de pleitos y descalificiaciones, porque lo único que eso seguirá provocando, es el hartazgo y la apatía de la sociedad y eso, en un país que aspira a la democracia, es una total contradicción.
