La clave no está en la confrontación, sino en la estrategia

La relación económica y comercial entre México y Estados Unidos es, sin duda, una de las más complejas e interdependientes del mundo. Con un comercio bilateral que supera los 800 mil millones de dólares anuales, ambos países han construido una red de intercambio que ...

La relación económica y comercial entre México y Estados Unidos es, sin duda, una de las más complejas e interdependientes del mundo. Con un comercio bilateral que supera los 800 mil millones de dólares anuales, ambos países han construido una red de intercambio que no sólo beneficia a las grandes corporaciones, sino también a millones de trabajadores y pequeños empresarios en ambos lados de la frontera.

Pero la llegada de Donald Trump nuevamente a la Casa Blanca ha puesto un reto más para ambas naciones, pues el presidente estadunidense ha dejado claro que busca imponer medidas proteccionistas que afectarían gravemente a México, sin señalar que dichas medidas también generarían un impacto negativo en la economía estadunidense.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos, con un volumen de exportaciones que en 2024 superó los 466 mil millones de dólares. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha sido un pilar fundamental para el desarrollo de industrias clave como la automotriz, la manufacturera y la agropecuaria. Miles de productos fabricados en México son hechos con insumos estadunidenses, lo que significa que cualquier obstáculo al comercio bilateral afectará también a esas empresas y trabajadores en Estados Unidos.

Trump ha insistido en imponer un arancel de 25% a las importaciones mexicanas, argumentando que esto impulsaría la producción nacional estadunidense y reduciría la migración, pero la realidad es que dicha medida también provocaría el encarecimiento de los productos en el mercado estadunidense, dañando a las empresas norteamericanas que dependen de insumos mexicanos, generando una reacción en cadena que afecta a miles de empleos en ambos países.

En estados como Texas, California y Arizona, por ejemplo, miles de agricultores dependen de la exportación de productos a México. Si México responde con sus propios aranceles, sectores enteros en Estados Unidos se verían gravemente perjudicados.

Además, la manufactura en Estados Unidos depende de los insumos producidos en México. Industrias como la automotriz, por dar otro ejemplo, se vería gravemente afectada si los costos de importación aumentan, lo que podría derivar en una reducción de empleos y debilitar la economía estadunidense en lugar de fortalecerla.

Ante un ataque así, México tiene con qué y cómo defenderse. No obstante, tiene una Presidenta a la altura de las circunstancias, quien, en lugar de responder al ataque, ha demostrado disposición para el diálogo, pero también ha dejado claro que no permitirá que la economía nacional sea utilizada como moneda de cambio en las políticas migratorias y comerciales del mandatario estadunidense.

Es momento de que todos los sectores se conduzcan con unidad y firmeza, pues frente a esta situación, México debe actuar con inteligencia y determinación. La clave para salir avante de la situación no está en la confrontación, sino en la estrategia. Por eso es fundamental comenzar a planificar alternativas que permitan fortalecer la diversificación de mercados y fomentar el comercio con otras regiones como Europa y Asia, así como consolidar la inversión nacional.

La unidad nacional no significa dejar de lado las críticas o la exigencia de mejores políticas internas, pero sí implica reconocer que la defensa de la economía mexicana es una causa común que nos afecta a todos y ante la cual todos y todas debemos cerrar filas en la defensa de nuestro país.

Con unidad, estrategia y una visión de largo plazo, México podrá sortear los obstáculos que se presenten y reafirmar su posición como un actor clave en el comercio internacional.

Temas: