López Obrador visita Estados Unidos
Ya siendo presidente Trump, las cosas no cambiaron demasiado: los insultos, presiones y exigencias de toda índole no han faltado.
Esta semana, finalmente, entró en vigor el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, el así llamado T-MEC en México y USMCA, por sus siglas en inglés. El lunes y martes de esta misma semana, de manera por demás expedita, ambas Cámaras del Congreso sesionaron en periodo extraordinario para aprobar una serie de reformas legales que se habían comprometido al negociar el nuevo tratado.
Al mismo tiempo, esta semana se confirmó que el presidente Andrés Manuel López Obrador hará una visita oficial a los Estados Unidos, los próximos días 8 y 9 de julio, para reunirse con el presidente Donald Trump y tratar tanto asuntos bilaterales como la agenda trilateral del nuevo tratado comercial. Las reacciones a este anuncio han sido, en general, negativas. ¿De verdad será tan mala idea la visita? ¿Acaso será ineludible? Veamos qué hay en el fondo del asunto.
Como antecedente está, en primer lugar, la personalidad misma del presidente Donald Trump. Desde que era candidato presidencial, Trump insultó repetidamente a los mexicanos y a la comunidad migrante. Ya siendo presidente, las cosas no cambiaron demasiado: los insultos, presiones y exigencias de toda índole no han faltado. Desde el sexenio anterior era claro que una de las principales vulnerabilidades de México sería tener que lidiar con un presidente como éste. Más allá de los desplantes verbales, el presidente Trump utilizó una y otra vez la amenaza —de manera creíble, diría yo— de cancelar o bloquear el acuerdo comercial que acaba de ser reemplazado. En otros momentos hizo lo mismo con la situación en nuestras fronteras norte y sur. Y en otros más, con amenazas arancelarias o barreras a las exportaciones mexicanas.
Un segundo antecedente tiene que ver con la experiencia misma que tuvo Enrique Peña Nieto con Trump. Es difícil olvidar el efecto de aquella odiosa visita durante septiembre de 2016, cuando Trump aún era candidato y estaba rezagado en las encuestas. Como consecuencia de esa visita, hubo cambio de mando en la cancillería, entre otras cosas. Fue una decisión controversial para un Presidente que ya era bastante impopular en ese momento. Más adelante, en febrero de 2018, cuando Trump ya era presidente, el presidente Peña canceló una visita oficial a los Estados Unidos tras una difícil llamada telefónica y un desacuerdo sobre la odiosa exigencia de que “México debía pagar por el muro”—exigencia, por cierto, que nunca ha desaparecido del todo, aunque ha ido mutando en el tiempo—.
Un tercer antecedente importante sería el hecho de que un creciente número de mandatarios que han decidido no visitar Washington o no invitar a Trump a sus países. Y las razones son obvias: desde muchos puntos de vista, Trump ha sido un Presidente tóxico e impredecible en muchos foros internacionales.
Tanto Peña Nieto como López Obrador han tenido que lidiar con Trump de diversas formas. A Peña le tocó, entre otras cosas, tratar de ganar tiempo en la negociación del tratado hasta que llegaran las elecciones intermedias en Estados Unidos. Una vez en el poder, a López Obrador tuvo que hacer lo propio para conseguir la ratificación del nuevo tratado. Ambos presidentes tuvieron que hacer un sinnúmero de concesiones para lograr esto y hoy puede decirse que lo consiguieron. El balance final de las concesiones que hizo uno u otro lo conoceremos hasta más tarde y, en gran medida, dependerá del resultado electoral de noviembre en aquel país.
Durante el primer año y medio de su mandato, el presidente López Obrador ha intercambiado cartas y llamadas telefónicas con Trump a propósito de diversos temas, casi todos relacionados con el tratado hoy vigente: migración, seguridad, narcotráfico, economía y política energética, etcétera.
De ningún modo se puede considerar a Trump como un aliado natural del gobierno mexicano: es un presidente en campaña por su reelección. Del otro lado, cuando López Obrador era candidato también dijo muchas cosas sobre Trump —incluso publicó un libro—, mismas que no siempre sostuvo al llegar a la presidencia. A diferencia de otros temas, considero que la prudencia con alguien tan impredecible como Trump ha sido la decisión correcta hasta ahora. En los años setenta se decía que “sólo alguien como Nixon” podía visitar la China, de Mao Zedong, ¿será el mismo caso con López Obrador? Lo sabremos la semana entrante.
