Tras hacerse pública una larga lista de señalamientos sobre posibles malos manejos y notorios conflictos de interés durante su gestión, el lunes pasado la presidenta del Consejo General del INE presentó su renuncia ante la Cámara de Diputados, órgano que la había designado apenas en abril de 2023 junto con otros tres consejeros electorales.
Hoy por hoy, tanto el gobierno federal como los legisladores de la coalición gobernante desde 2018 han intentado deslindarse de la responsabilidad de designar a Guadalupe Taddei como presidenta del INE.
¿No podía saberse? Vayamos por partes. Desde 2018 a la fecha, tanto el INE, como el Poder Judicial y diversos organismos autónomos, hoy extintos, fueron sistemáticamente descalificados por el entonces presidente López Obrador. Si bien la reforma judicial avasalló de un solo golpe a la Suprema Corte, así como a todos los jueces y magistrados del país —algo no visto en ninguna democracia consolidada—, en el caso del Consejo General del INE la estrategia gubernamental ha sido distinta: aprovechar sus mayorías holgadas para intentar una captura paulatina del máximo órgano de decisión del Instituto.
¿Quién designó a Guadalupe Taddei? Las cuatro designaciones para el INE de 2023 fueron particularmente preocupantes, toda vez que los líderes de la coalición morenista prefirieron elegir consejeros mediante una tómbola o sorteo, antes que intentar alguna negociación con los partidos de oposición. Dejar al azar la definición de la persona que ocuparía la presidencia del INE fue una irresponsabilidad cuyas consecuencias apenas estamos conociendo.
Hay quienes defienden la azarosa designación mediante tómbola como un mecanismo imparcial, como si se hubiera tratado de un ejercicio de la Grecia antigua, cuando en realidad fue una selección sumamente sesgada. Como sabemos, el Comité Técnico evaluador de 2023 no contaba con el consenso de las fuerzas partidistas al interior del Congreso: cinco de sus siete integrantes tenían una fuerte cercanía con el oficialismo, y esto afectó ineludiblemente el proceso de selección. Además, el Comité Técnico acomodó las quintetas finales con base en criterios discrecionales, de modo que la quinteta de mujeres aspirantes a la presidencia del INE estuviera integrada preponderantemente por perfiles cercanos al oficialismo. Bajo esas condiciones, el resultado del sorteo era casi trivial. De poco sirve realizar un sorteo en apariencia imparcial cuando la lista final de aspirantes tuvo un fuerte sesgo que comprometió la imparcialidad e independencia de las personas seleccionadas.
Al poco tiempo de asumir su cargo, se hizo evidente que la presidenta del INE fue renuente o incapaz de construir acuerdos con sus pares para elegir un Secretario Ejecutivo, así como las direcciones ejecutivas del instituto. Para resolver ese problema no menor, en otoño de 2024 —ya bajo el gobierno actual—, se reformó la LGIPE para otorgar facultades unipersonales y extraordinarias a la presidenta del INE. Así, un Consejo cuyo funcionamiento original solía requerir la construcción de acuerdos en un marco de colegialidad se transformaría en un Instituto con una dirección centralizada y vertical mucho más discrecional. Hoy sabemos para qué fueron utilizadas tales facultades extraordinarias. Es cierto, Guadalupe Taddei, era el perfil más experimentado de su quinteta. Traía consigo más de 30 años de experiencia en la materia electoral en el IFE y en el instituto local de Sonora. Pero, ¿a alguien le sorprende lo que sucede cuando se concentra tanto poder en una sola persona?
Lo que sigue ahora es esclarecer lo sucedido y fincar responsabilidades. Esta misma semana ha habido una desbandada de renuncias en el INE de las personas designadas por Taddei. Una renuncia no equivale a rendición de cuentas. Por otro lado, toca al Congreso designar, de manera legal y mucho más transparente, una presidenta del INE que concluya el periodo original de Taddei, mismo que concluiría en 2032. Si la coalición de Morena PT y PVEM insisten en hacer una nueva designación a espaldas de la sociedad y del resto de las fuerzas políticas, este duro golpe a la credibilidad del INE no será el último episodio. Su responsabilidad es ineludible.
