Año con año, el concurso de selección para estudiar una licenciatura en la UNAM genera cierta controversia. Año con año, la demanda supera con creces la oferta de lugares disponibles. De acuerdo con datos de la Dirección General de Administración Escolar de la UNAM (DGAE), tan sólo en 2025 la demanda para licenciaturas bajo el sistema escolarizado de la UNAM fue de 173,975 personas aspirantes, mientras que la oferta disponible sólo fue de 13,701 lugares.
Este año, la UNAM espera recibir a poco más de 50 mil estudiantes de nuevo ingreso, de los cuales 28,151 lo harán mediante el esquema de pase reglamentado —para aspirantes egresados de la Escuela Nacional Preparatoria o del Colegio de Ciencias y Humanidades con un promedio mínimo de siete puntos—, mientras que los 21,962 restantes ingresarán mediante el examen de conocimientos del concurso.
El pasado 17 de julio, la UNAM dio a conocer los resultados del concurso de ingreso a licenciaturas para 2026. Según datos de la DGAE, para este concurso se inscribieron 191,306 aspirantes, pero sólo 158,712 presentaron examen. Como sabemos, a diferencia del esquema tradicional de años pasados —examen presencial con papel, realizado en un solo fin de semana—, por primera vez el examen de ingreso a licenciaturas se realizó en forma virtual o en línea entre el 23 de mayo y el 10 de junio pasados. Esta modalidad tenía la ventaja de ser más económica, además de permitir concursar a aspirantes de cualquier entidad sin tener que trasladarse a la Ciudad de México.
Durante la realización del examen en línea no estaba permitido el uso de dispositivos celulares o electrónicos distintos a la computadora. El software del examen bloqueaba el uso de la computadora para otras aplicaciones y, presuntamente, permitiría detectar conductas irregulares de los aspirantes, además de cierta supervisión humana. Al igual que antes, el examen consistió en 120 preguntas o reactivos distribuidos en diferentes áreas de conocimiento para responderse en un lapso de tres horas.
Desde el principio, la implementación escalonada de un examen de conocimientos conlleva diversos retos. De un tiempo a la fecha, quienes hemos aplicado exámenes a distancia conocemos varios de estos retos. Por ejemplo, quienes realizaron el examen en las primeras fechas podrían compartir información con quienes lo realizarían más adelante. Si la aplicación del examen no se monitoreaba de manera adecuada —cosa difícil cuando se responde desde miles de hogares distintos—, o si los reactivos no cambiaban entre una fecha u otra, era posible que el examen estuviera sujeto a manipulación dolosa. Por ejemplo, era posible que algunos aspirantes se hubieran inscrito en el examen con el propósito deliberado de vender la información a otros aspirantes, o bien que otros aspirantes hicieran trampa durante la aplicación del examen, ya sea recurriendo a otras computadoras, o compartiendo preguntas y respuestas en tiempo real con dispositivos móviles.
¿Qué dicen los resultados del examen de este año? La evidencia estadística indica que, aunque el nivel de dificultad en el diseño del examen no cambió, la distribución de aciertos aumentó de manera significativa en 2026, comparada con los promedios de años previos. Por ejemplo, según el análisis de Gerardo Guerrero y Manuel Toral, para la carrera de Médico Cirujano, en 2025 la mediana de aciertos fue de 58 y se requirieron al menos 118 aciertos para ser admitido. Para la licenciatura en Derecho, la mediana en 2025 fue de 52 y el mínimo para ser admitido fue de 89. Sin embargo, este año, la mediana de aciertos para Medicina y Derecho aumentó a 81 y 74, respectivamente. Y al desplazarse la distribución de aciertos, también se vuelve más difícil ser admitido.
Quienes hicieron trampa les han hecho injusticia a miles de aspirantes que realizaron su mejor esfuerzo para responder de manera honesta. Ante la gravedad del problema, la UNAM ha creado una Comisión Técnica para revisar el proceso de ingreso y proponer medidas remediales. Por desgracia, no se trata de un problema aislado: de un tiempo a esta parte, evaluar conocimientos en las instituciones de educación superior se ha vuelto un reto creciente.
