Dos Bocas
Desde un punto de vista económico, una cosa es la “viabilidad” financiera de construir una refinería en cierto plazo y a cierto costo y otra muy distinta es la “rentabilidad” de construir y operar dicha refinería.
La semana pasada el gobierno federal anunció que las cuatro empresas internacionales —seleccionadas e invitadas a concursar por el propio gobierno, dada su experiencia en construcción de refinerías— no habían cumplido con los términos de referencia del gobierno sobre los plazos y costos sugeridos para construir una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco. En respuesta, el Presidente insistió en que el proyecto sí se llevaría al cabo a cargo de Pemex y la Secretaría de Energía.
Pese a lo dictaminado por las empresas invitadas, el Presidente insistió en que es factible construir una nueva refinería en tres años con un presupuesto no mayor a ocho mil millones de dólares. ¿Cómo podemos interpretar una reacción y un anuncio de este tipo? Pasaré por alto el hecho curioso de que, tan sólo unos meses atrás, el referido concurso internacional se había justificado porque en el país no se contaba con la capacidad técnica para desarrollarlo.
También pasaré por alto el hecho de que la insistencia de un Presidente, sea quien fuere, por destinar recursos públicos por miles de millones de dólares a una obra de cuestionable rentabilidad en su entidad natal sería un escándalo en una democracia con ciertos contrapesos funcionales: ¿ante quién y cómo se rinden cuentas por las inversiones de Pemex y otros megaproyectos gubernamentales?
Desde un punto de vista económico, una primera distinción relevante es la siguiente: una cosa es la “viabilidad” financiera de construir una refinería en cierto plazo y a cierto costo —esto es inviable, a decir de las empresas expertas en el ramo— y otra muy distinta es la “rentabilidad” de construir y operar dicha refinería.
El gobierno puede tener razón en el primer aspecto: quizá en efecto sea posible construir cierto tipo de refinería con el plazo y costo indicados (hay de refinerías a refinerías, digamos) . Sin embargo, esto no implica que valga la pena hacerlo.
¿Qué tan rentable es construir una nueva refinería en México? Sobre este segundo aspecto lo que sabemos es, por un lado, que la rentabilidad de las tareas de refinación de Pemex es mucho menor a la de producción y exploración. Por otro lado, analistas de la industria señalan que la rentabilidad de la refinación ha sido sumamente volátil en años recientes y que esto continuará en el futuro cercano.
Esto se debe a factores tan diversos como el crecimiento económico internacional, los precios futuros del crudo en los mercados internacionales, regulaciones diversas y, notablemente, el crecimiento acelerado de fuentes alternativas de energía.
La rentabilidad de las actividades presentes y futuras de Pemex es particularmente importante porque, por un lado, es una empresa sumamente endeudada —lo cual puede afectar los costos financieros de la deuda pública soberana—.
Por otro lado, la renta petrolera sigue siendo una fuente importante de recursos para el erario. Es justo decir que invertir recursos públicos escasos en actividades no rentables a costa de otras actividades más rentables produce un daño patrimonial a la empresa y a todo el país.
Ahora bien, supongamos por un momento que construir y operar la refinería de Dos Bocas es, en efecto, rentable en términos de valor presente neto. Esto tampoco implica que deba llevarse a cabo: para ello hace falta determinar si resulta más rentable que otro tipo de proyectos o esquemas de inversión.
Vale la pena recordar que hay varias formas de explotar la riqueza petrolera: una puede ser con una empresa pública que asuma los costos y riesgos de su operación, pero que al final concentre todas las ganancias para el erario.
Por otro lado, una alternativa puede ser hacerlo mediante empresas privadas, las cuales tendrán otra estructura de costos, riesgos y otras ganancias, sobre las cuales el gobierno puede cobrar los impuestos que guste.
¿Qué esquema es mejor? ¿Por qué se deberían invertir recursos públicos escasos en actividades de alto riesgo y/o con rendimientos volátiles? ¿Por qué no modernizar las refinerías existentes? ¿Por qué no asociarse con empresas privadas nacionales o extranjeras para diversificar riesgos?
