¿Cómo ayudar?
Bajo condiciones ideales, el gobierno local debería ser el conducto para canalizar donativos monetarios o en especie a una zona afectada
La impresionante y admirable respuesta de la sociedad ante el más reciente terremoto de nuestro país pone de relieve diferentes dilemas o problemas de coordinación frente a un desastre natural. Vayamos por partes. ¿Cómo pasamos del egoísmo al altruismo? Hay quienes piensan que la naturaleza humana es eminentemente egoísta y, al generalizar esta creencia, piensan que cualquier sociedad está condenada a aniquilarse: “Cada vez estamos peor”. La evidencia, por fortuna, es algo distinta: si bien existe gran variabilidad entre unas personas y otras, no todas actúan de manera egoísta o abusiva todo el tiempo.
El egoísmo es una cuestión de grado. La naturaleza humana puede ser egoísta, sí, pero también es capaz de empatía: figurativamente, somos capaces de ponernos en los zapatos de otras personas. Sea cual fuere el nivel de egoísmo de una persona, no puede negarse que a casi todas les preocupa en cierta medida el bienestar de otras personas. Hay a quienes les preocupa muy poco muy poca gente. Por fortuna, hay a quienes les preocupa un poco más un número mayor de personas.
Es muy fácil simpatizar con personas cercanas, como nuestra familia, amistades o vecinos, o bien con personas que piensan como nosotros. Por otro lado, es relativamente más difícil preocuparnos del mismo modo por personas que no conocemos. Quizás por ello, el sorprendente fenómeno de la cooperación social entre personas relativamente desconocidas ha sido estudiado desde diferentes ángulos, desde la filosofía, las ciencias sociales y la sicología. En medio de un desastre natural, un grupo social puede transformarse de súbito, así sea en el corto plazo, en más cooperativo o altruista.
Una vez que se ha decidido ayudar a personas o comunidades damnificadas, ¿cuál es la mejor forma de hacerlo? En medio de una emergencia, la pregunta quizá resulte ociosa: uno ayuda como pueda, donde pueda y en la medida que pueda. Unos lo harán con bienes, otros con dinero, y otros más con trabajo voluntario.
A decir de las y los expertos en atender desastres, las donaciones en especie —ya sean alimentos, agua, ropa o medicinas— pueden tener un alto valor simbólico, pero, en realidad, son poco prácticas o eficientes. Organizar la recepción, acopio, traslado y distribución de estos bienes entre las víctimas que más lo necesitan puede ser una tarea demandante y costosa. Hacer un donativo monetario a una organización confiable y experimentada puede resultar más útil. Es más eficiente que una organización adquiera, de ser posible cerca de la zona dañada, despensas o medicinas en gran volumen y las distribuya entre la población afectada, a hacerlo de manera descentralizada o poco coordinada.
¿Cómo elegir una organización a la cual donar? Bajo condiciones ideales, el gobierno local debería ser el conducto para canalizar donativos monetarios o en especie a una zona afectada. Pero si le resulta difícil confiar en los gobiernos locales (lo cual es bastante razonable, por desgracia), quizá valga más la pena recurrir a organizaciones bien establecidas y con experiencia. De nuevo, puede resultar muy confiable donar a un grupo de conocidos bien intencionados, pero si éste no tiene experiencia atendiendo a damnificados o no cuenta con la información o infraestructura relevante, es posible que se desperdicien recursos valiosos.
Los más recientes terremotos han dañado a miles de familias. Si usted no ha podido ayudar o donar de manera inmediata, siempre existe la oportunidad de hacerlo en el mediano plazo: pasada la emergencia, vendrá el esfuerzo de reconstrucción. Y éste será mucho más costoso. Ayudemos.
