Presidentas: el cargo y el poder
Dulce María Sauri hizo ver que, en el Poder Legislativo, mientras “las mujeres presidimos la sesión, los hombres siguen decidiendo la agenda”.

Ivonne Melgar
Retrovisor
Siete mujeres que han conducido el debate de los diputados dejaron testimonio de la importancia que el diálogo plural tiene en la construcción de leyes que dan cauce a la convivencia y al desarrollo de un país.
Convocadas este jueves 5 de marzo por la presidenta de la Mesa Directiva de San Lázaro, Kenia López Rabadán (PAN), sus antecesoras Marcela Guerra Castillo, Noemí Luna Ayala, Guadalupe Murguía, Beatriz Paredes, Laura Rojas y Dulce María Sauri coincidieron en el valor que el Congreso tiene para la democracia.
En el Salón Verde de San Lázaro, en ocasión del 8M, las participantes del “Conversatorio de presidentas de la Cámara de Diputados” dieron testimonios de una realidad que nos permite advertir que el acceso a la representación política no siempre es sinónimo de ejercicio del poder.
Kenia López (PAN) inauguró el encuentro señalando que esa mesa confirmaba cómo las mujeres pueden ser aliadas entre sí, conscientes de que la paridad que todas impulsaron hoy se materializa en la mayor cantidad de gobernadoras y de diputadas en la historia.
“Gracias a que hemos entendido que las mujeres somos protagonistas de la construcción de esta moderna democracia en México y también sabemos que debemos ser las guardianas permanentes de todo lo que hemos ganado”, celebró la diputada presidenta y anfitriona.
En medio del debate que desde el gobierno pretende demonizar la manera en que se integra el Congreso, Beatriz Paredes rememoró la primera legislatura con plurinominales de la oposición, a raíz de la reforma política de 1977, y que ella inauguró como diputada presidenta cuando tenía 26 años.
“Desde entonces, soy una convencida de la necesidad de la representación proporcional, de la sana convivencia entre minorías y mayorías, de la vocación por generar consensos, para que, no obstante, las diferencias, se puedan construir armonías entre los contrarios que, no exentas de tensiones, empujen hacia adelante el avance democrático y la conciliación nacional”, afirmó la exsenadora, exdirigente del PRI y exgobernadora.
La diputada Marcela Guerra (PRI) destacó que México es el segundo país democrático con mayor paridad en el mundo, después de Ruanda. Y recordó que, en 2014, para que ésta fuera un principio en la Constitución, las congresistas condicionaron su apoyo a las reformas estructurales.
Y en días en que los representantes del partido en el poder llaman traidores hasta a sus aliados del PVEM y del PT por no apoyar la reforma electoral del gobierno, fue significativo el mensaje de la diputada Noemí Luna Ayala (PAN) al definir que la sororidad entre mujeres es un valor que no implica uniformidad, sino respeto y el reconocimiento de que podemos pensar, vivir y decidir distinto, “sin renunciar a caminar juntas cuando se trata de defender la dignidad y la libertad”.
De los años 90 en que se descalificaba a las legisladoras que llegaban al Congreso por la vía de las cuotas habló la senadora Guadalupe Murguía (PAN), recordándonos con su recuento que la llamada transición democrática no estuvo exenta de estigmatización hacia los derechos políticos de las mujeres.
“Soy de esa generación que confió que cuando en la política había reglas claras, el resultado electoral siempre sería incierto y tuvimos la enorme suerte de ver en el trayecto de nuestras vidas que eso se fuera logrando”, describió la política queretana en un momento en que esa certeza pareciera tambalearse.
Al frente de la asamblea de los diputados cuando la pandemia los obligó a las sesiones remotas, Laura Rojas Hernández (PAN) confesó que “a veces la relación más difícil es con tu propio grupo parlamentario”; contó que hay decisiones que deben tomarse en solitario y alertó que no se trata sólo de acceder al cargo, sino de ejercerlo con autonomía.
Con brutal honestidad, Dulce María Sauri hizo ver que, en el Poder Legislativo, mientras “las mujeres presidimos la sesión, los hombres siguen decidiendo la agenda”, destacando que desde 2011 ninguna diputada ha estado al frente de la Junta de Coordinación Política.
“La paridad llegó a las candidaturas; llegó a las curules. Llegó a la Mesa Directiva. Pero no ha llegado plenamente al núcleo de la negociación política”, señaló la excongresista, expresidenta del PRI y exgobernadora.
Advirtió la aguda historiadora que, frente a los avances indiscutibles, el techo de cristal persiste cuando la paridad no tiene incidencia real en los órganos donde se toman las decisiones. “La democracia paritaria no se consolida cuando una mujer ocupa la silla visible. Se consolida cuando participa en la decisión invisible. Ése sigue siendo el tramo pendiente de nuestra historia parlamentaria. Remontémoslo”, convocó la política feminista.
Al escuchar las reflexiones de estas destacadas mujeres fue inevitable pensar en la silla del águila que hoy ocupa la primera Presidenta de México, quien en los próximos días tendrá la disyuntiva de escuchar o desdeñar al Congreso.