Con el voto de todos y la expectativa de que ahora sí se le plantará cara a la corrupción, los diputados aprobaron el miércoles una reforma para fortalecer a la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
En teoría, la ASF depende de la Cámara. Pero, en los hechos, el actual titular Aureliano Hernández Palacios llegó hace un mes con la bendición de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo interesante de la designación que podía lograrse con Morena, PVEM y PT –porque tienen juntos la mayoría calificada– es que contó con el aval de los seis grupos parlamentarios.
¿Por qué PAN, PRI y MC respaldaron al perfil que la mandataria impulsó? Porque oficialismo y oposición coincidían en la necesidad de evitar la reelección de David Colmenares.
Y es que el auditor anterior se caracterizó por ceder a la opacidad que exigía el expresidente López Obrador. Y, a cambio de esa simulación, quería continuar en el cargo.
Hernández Palacios presentó a los legisladores un plan de trabajo que, en el papel, promete que habrá de entrarle a las denuncias de corrupción, ciudadanas y mediáticas.
Hay que subrayar que en la construcción del consenso contó con el oficio de Ricardo Monreal, jefe de los diputados de Morena, y presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO).
Así que el nombramiento salió por unanimidad, al igual que la reforma aprobada este 15 de abril, a partir de una propuesta que el nuevo titular hizo a los diputados.
Y, como en pocas ocasiones desde que en 2019 regresamos al hiperpresidencialismo que hace del titular del Poder Ejecutivo el principal legislador, esta vez el Congreso sí está haciendo su trabajo.
Tocará la próxima semana que los senadores revisen el dictamen de los diputados. Por lo pronto, destaca el hecho inusual de que en su contenido se tomaron en cuenta las propuestas de la oposición.
Hubo en todos los grupos parlamentarios un desbordado optimismo sobre lo que esperan de la auditoría y su titular, quien ha prometido resolver expedientes de alto impacto.
Y a pesar de la compulsión centralista de la 4T, se atendieron las críticas de los gobernadores, pues el dictamen modifica las leyes de Fiscalización y Rendición de Cuenta, la General de Contabilidad Gubernamental y la de Coordinación Fiscal.
Uno de los principales puntos de la reforma es que le permite a la ASF realizar investigaciones de faltas graves de manera independiente al proceso de fiscalización, sea por denuncia o por oficio.
El diputado Héctor Saúl Téllez (PAN) contó de la apertura y del diálogo que se dio en la elaboración del dictamen, enfatizando que ahora podrá investigarse cualquier expediente reservado o confidencial.
La reforma dará paso a la fiscalización en tiempo real, por lo que, celebró el panista, para la Cuenta Pública de 2025 se incluirán dos auditorías al Tren Interoceánico, atendiendo la denuncia de su partido.
De Morena, Claudia Rivera Vivanco resaltó la integración de las nuevas tecnologías en la fiscalización y la garantía del respeto al federalismo, sin invadir las facultades de las alcaldías.
Iraís Reyes (MC) se refirió a la trascendencia de que la ASF podrá investigar faltas administrativas graves, sea por una investigación periodística o denuncia ciudadana, aunque se hayan cometido en años de cuentas pasadas. Y festejó la construcción de consensos. “Este ejercicio de apertura fortalece al Congreso, a la democracia y a la fiscalización”.
El presidente de la Comisión de Auditoría y Vigilancia, Javier Herrera Borunda (PVEM), expuso que lo más importante de la reforma es que, al fin, se le daría a la ASF la capacidad operativa de conocer e investigar las faltas administrativas graves: cohecho, peculado, desvío de recursos, abuso de funciones, conflicto de interés y enriquecimiento oculto.
El presidente de la Comisión de Transparencia y Anticorrupción, Ricardo Mejía Berdeja (PT), afirmó: “Hay un buen sabor de boca de este dictamen porque vamos con todo contra la corrupción. No más una auditoría como elefante blanco, sino como la Auditoría Superior, el azote de los corruptos que hacen daño a este país”.
En la polarización discursiva que nos agobia, este paréntesis parlamentario abona en la indispensable ruta hacia la rectificación que obliga al gobierno y la oposición al reconocimiento mutuo.
López Obrador ondeaba el pañuelo blanco declarando el fin de la corrupción, mientras se servía del sometido auditor Colmenares y se echaba una perorata culpando a “los conservadores”.
Su relevo en la ASF le ha prometido a la pluralidad legislativa que trabajará de a deveras contra los saqueadores del erario, ahora impunes.
Y es que más que una tapadera que sortee las denuncias en medios y los reclamos opositores, la presidenta Sheinbaum necesita un desagüe para que la cloaca huachicolera no embarre su sexenio. A eso está llamado el auditor Hernández.
