Cuba y EU en el Congreso: hechos y palabras

En reunión informal en San Lázaro estuvieron ocho congresistas de EU.

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

En el sistema presidencialista, la diplomacia parlamentaria ha sido un asunto de protocolo y más aún cuando, desde 2018, en Palacio Nacional dictaron que “la mejor política exterior era la interior”.

Así que cuando AMLO lidió con Donald Trump, los legisladores de Morena, PVEM y PT aplaudían al mandatario y la oposición cuestionaba el supuesto entreguismo gubernamental en el asunto migratorio.

Pero con “el nuevo orden internacional” que se formula desde la Casa Blanca, el Kremlin y Pekín, el desafío de la presidenta Claudia Sheinbaum se complica, siendo la única voz que dicta, define y cuida la política exterior.

El reto de llevar la fiesta en paz con Estados Unidos sin darle la espalda a Cuba y Venezuela sólo es posible en los dichos. Y la distancia de éstos con los hechos, no siempre resulta comprensible para su porra parlamentaria.

Y no es para menos. También los analistas de la geopolítica se hacen bolas con una mandataria que en palabras abraza a la isla, pero en la práctica se cuidó de no recibir personalmente las cartas credenciales de su nuevo embajador.

Porque a Eugenio Martínez Enríquez le tocó formalizar el inicio de su labor, el 23 de enero pasado, ante el director general de protocolo de la Cancillería, Jonathan Chait. Es un trato que contrasta con los eventos en que la jefa del Estado mexicano y el secretario Juan Ramón de la Fuente recibieron en septiembre de 2025 a los embajadores de China, Polonia, Arabia Saudita, Noruega y Bélgica. Y, antes, en mayo, las cartas credenciales de los representantes de otras cinco naciones, incluido Ronald Johnson, de Estados Unidos.

Sin atender los pequeños y finos detalles que a la mandataria le toca tejer, sus legisladores propusieron en enero que el Congreso manifestara “su preocupación ante la intervención militar emprendida por Estados Unidos de América en la República Bolivariana de Venezuela”.  

La presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo (Morena), fue una de las promoventes que, a decir por testigos de los entretelones parlamentarios, recibió una llamada de la Cancillería solicitándole retirar esa idea.

Y esta semana, en medio de las nunca claras explicaciones sobre la pausa en la donación/venta de petróleo a Cuba, algunos antiyanquis de Morena, como el senador Fernández Noroña, reclamaron el retraso en la instalación del Grupo de Amistad con la isla al coordinador de los diputados del PRI, Rubén Moreira. Y aunque en los pasillos de San Lázaro se sabe que el freno a esa medida responde a la instrucción gubernamental de no hacer olas en la relación con ese país, una decena de diputados liderados por la vicecoordinadora de Morena, Dolores Padierna, armaron el Grupo de Hermandad México-Cuba y una visita al embajador Martínez Enríquez el día 4.

Rubén Moreira envió una carta al jefe de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, declinando al cargo de presidente del Grupo de Amistad. “Algunos personajes del oficialismo, desde su fanatismo e inexperiencia, han puesto en duda mi responsabilidad como legislador y mi cariño a Cuba. En el partido mayoritario hay muchos interesados en dividir a los mexicanos y en fracturar las relaciones institucionales”, acusó.

Los desencuentros parlamentarios continuaron cuando el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Pedro Vázquez, del PT, notificó el miércoles que vendrían a San Lázaro ocho congresistas estadunidenses: los republicanos Michael McCaul, Carlos Antonio Giménez, Michael Cloud, Dan Meuser y Beth van Duyne y los demócratas Henry Cuellar, Salud Carbajal y Lou Correa.

Ricardo Monreal consideró que, sin el visto bueno de los secretarios De la Fuente y Marcelo Ebrard, la reunión no tendría carácter oficial, reduciéndose a un diálogo informal entre amigos. Y le pidió a la diputada presidenta Kenia López Rabadán, del PAN, recibir a los invitados.

A la reunión privada llegó sorpresivamente el senador y presidente del PRI, Alejandro Moreno, quien difundió lo ahí expuesto: “No importa cuántos capos les manda el gobierno, lo que hay que hacer es acabar con los capos que son protegidos desde el gobierno y acabar con los narcopolíticos que están en México”.

Morena envió al senador Alejandro Murat, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, quien celebró el encuentro, resumiéndolo así: “El mensaje fue claro: de que la visión de América primero busca fortalecer a todo el continente para consolidar las instituciones democráticas y el dinamismo de la economía a través del T-MEC, y encontrar esquemas que permitan a México y Estados Unidos seguir trabajando en los temas de seguridad para poder enfrentar al crimen organizado”.

Según los asistentes, con excepción del presidente del PRI, nadie habló de Cuba ni hubo reclamos estadunidenses. Todo fueron promesas de colaboración.

Son hechos y dichos de una política exterior que, al menos esta semana, no se quedó sólo en Palacio Nacional.