¿Meade depende del fin de Anaya?
Para Santiago Beltrán, afortunado en la pasión de la música y la vida. El primer tiempo fue tiempo perdido para la campaña de José Antonio Meade. A juzgar por todas las tendencias de intención de voto, en el arranque de 2018, el candidato ...

Ivonne Melgar
Retrovisor
Para Santiago Beltrán, afortunado
en la pasión de la música y la vida.
El primer tiempo fue tiempo perdido para la campaña de José Antonio Meade.
A juzgar por todas las tendencias de intención de voto, en el arranque de 2018, el candidato del PRI no creció. Incluso, hay mediciones que reportan descenso.
La lección para el equipo del gabinete al que pertenece Meade, y que resultó ganador en la sucesión definida por el presidente Enrique Peña Nieto, ha sido dura: Solos no pueden.
La realidad se ha impuesto inevitable: Sin el PRI representado en sus liderazgos, no hay camino posible de triunfo.
Consecuentemente, sólo con la aglutinación de los políticos priistas, Meade podrá remontar su tercer lugar en la contienda y, ya en la competencia, buscar el voto de los electores sin partido o de otras fuerzas.
Al reconocimiento de esa realidad se debe la incorporación, este jueves 22 de febrero, de seis destacados cuadros del PRI al equipo del candidato priista.
Se trata de cinco coordinadores para igual número de circunscripciones en las que para fines electorales se divide al país: Manlio Fabio Beltrones, Carolina Viggiano, Beatriz Paredes, René Juárez Cisneros y Mariano González Zarur.
Hay un sexto coordinador para los aspirantes al Senado: El exsecretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, cuyas aspiraciones a la candidatura presidencial eran en 2017 muy bien vistas por la militancia, incluidos varios gobernadores.
Se trata de una rectificación, a casi tres meses del destape, el 27 de noviembre, cuando “los técnicos”, como se le conoce en la jerga peñista al grupo del canciller Luis Videgaray y de Meade, sólo sumaron a Aurelio Nuño como coordinador de la campaña.
Fue una estrategia que relegó al jefe de “los políticos”, también llamados “rudos”, el exsecretario de Gobernación, Osorio Chong, sí como a otros integrantes del gabinete como José Narro, Rosario Robles y José Calzada.
De acuerdo con el fallido diagnóstico, la campaña podía prescindir de los viejos lobos de mar del priismo y centrar los reflectores en la imagen del candidato ciudadano y apartidista
Pero ante el saldo negativo del arranque de 2018, la estrategia ha sido ajustada, al menos en el discurso, con el anuncio de este jueves, a través una fotografía de Meade con los seis nuevos coordinadores, el coordinador general Nuño y el dirigente del PRI, Enrique Ochoa.
Se podrá decir, en términos futboleros, que los recién incorporados a la foto del equipo del candidato estaban en la banca o en la tribuna. Pero ni siquiera. Estaban fuera del estadio.
Se supone que ahora, Osorio, Beltrones, Juárez Cisneros y Paredes son parte de la alineación que jugará el gran partido del primero de julio. Pero la foto no es garantía de nada aún.
Porque el PRI es un partido que funciona en torno a la expectativa de poder y ésta sigue siendo incierta.
¿Quiénes irán al Congreso, además de Osorio? ¿Claudia Ruiz Massieu? ¿Beltrones, Ochoa, Paredes, Rosario Robles, Gerardo Ruiz Esparza, Emilio Gamboa?
Y es que en vez de concretar las listas de candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados, a fin de que los priistas sepan cómo estará el juego electoral, Meade, Nuño y Ochoa enfilan sus baterías en reventar al abanderado de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-Movimiento Ciudadano), Ricardo Anaya, quien se habría colocado en el segundo lugar de la competencia.
Aun cuando una contienda se trata de eso, de minar a los adversarios, la ocupación y preocupación del PRI envía la señal de que el futuro de Meade sólo depende de la destrucción del panista.
Y mientras los priistas posponen hasta marzo la definición de las candidaturas, la expectativa de poder sigue en el aire y la suerte de la campaña se supedita a los resbalones de Anaya.
El sentimiento de incertidumbre se profundiza en los priistas porque, como nunca antes, dan por un hecho que siguen en el tercer lugar, una percepción que se afianza, además, entre el resto de los partidos, el círculo rojo y los medios extranjeros.
En vez de activar ya la operación política de cierre de filas con liderazgos estatales que bien conocen Osorio, Beltrones y Juárez Cisneros, la campaña del PRI se desgasta en desgastar a Anaya.
Mientras tanto, Andrés Manuel López Obrador, incontrovertible puntero en la intención de voto, se ríe de la puja entre los del segundo y el tercer lugar y bromea que, de seguir así, llegará a julio sin contendientes.
Lo cierto es que el encono de la estrategia entre Meade y Anaya sólo beneficia al candidato de Morena y a sus abanderados al Congreso.
Y mientras más crece la intención de voto a favor de AMLO, más se achican las futuras bancadas del PRI y del Frente.
Ésa es, sin embargo, ahora la apuesta arriesgada de Meade: Subir en la intención de voto gracias a un eventual desplome de Anaya. Si lo consigue, la intercampaña habrá sido un éxito.
De lo contrario, el tiempo seguirá corriendo en contra del candidato y en contra de todo el PRI, el de los técnicos y el de los rudos.