El PRI de EPN, el de siempre
El domingo, frente al Presidente de la República, sólo habrá disciplina, selfies, promesas y peticiones de apoyo.
En la explanada de la sede del PRI, se dará mañana una suerte de relanzamiento discursivo del partido en el poder.
Con un público estimado en diez mil asistentes, el presidente Enrique Peña Nieto hablará de la importancia de la unidad nacional y partidista.
Acompañado de buena parte de su gabinete, Peña Nieto pondrá en escena ese tradicional reparto de baraja al que, con su visto bueno de por medio, ya se apuntan secretarios de Estado, gobernadores y cuadros del partido.
Nada nuevo bajo el sol. El mismo PRI de siempre. Ése que, cuando su jefe nato despacha en Los Pinos, se mueve bajo sus cálculos y estrategias, al igual que en los tiempos de Luis Echeverría y Carlos Salinas.
Y como entonces, las inconformidades, los enojos, las críticas y los resentimientos no pasarán de ser temas de cuchicheo, chismes y rumores que acaso se cuelan en columnas de prensa.
Porque ahí, de frente al presidente Peña y al dirigente del partido, Enrique Ochoa Reza, sólo habrá disciplina, selfies, promesas y peticiones de apoyo.
Apenas ayer la expectativa de la militancia se dejaba sentir entre los integrantes del CEN, ante una sobredemanda de boletos para acudir a la integración del nuevo Consejo Político Nacional.
Por supuesto que una mañana dominical con discursos triunfalistas no garantiza el cierre de filas que el PRI requiere para ganar elecciones. Justamente lo que sucedió en junio anterior, cuando la derrota los tomó por sorpresa, es que muchos priistas se fueron con la oposición.
Y es que el malestar de la militancia se manifiesta en el ya rutinario voto cruzado que cuida a los representantes distritales y municipales, pero descobija a los candidatos a las gubernaturas.
Es entonces, en los comicios, cuando los inconformes se desquitan. Y el riesgo de que esto se presente en 2018 no es descabellado.
Pero por lo pronto, públicamente, los priistas se cuadran con Peña.
Así que eso de que habrá rebelión en la granja tricolor suena utópico. Como también la idea de una desbandada. No. Ésa, en todo caso, será silenciosa y tronará en las urnas. Al estilo Quintana Roo y Chihuahua.
Es una cuestión de genética partidista. El PRI es una estructura que opera bajo decisiones verticales y donde el debate y el disenso se sustituyen por acuerdos.
De manera que una crítica abierta en la asamblea de mañana, durante la toma de protesta de los 737 nuevos consejeros políticos del PRI, sería más que un milagro.
Por supuesto que el presidente Peña tiene problemas de popularidad. Pero nadie que busque liderar un cambio en el partido puede pretender que ése es un asunto personal.
La crisis de aceptación presidencial es transferible al PRI. Y tiene que ver con el avance de la antipolítica, esa que también afecta al PAN y al PRD.
No es gratuito que los precandidatos presidenciables de la oposición pongan el acento en los ciudadanos, como Margarita Zavala, o en la no afiliación partidista, como Miguel Mancera.
A ese fenómeno de pretendida despartidización de los aspirantes al 2018 no escapará el PRI, cuya lista de prospectos ya incluye a dos personajes muy cercanos al presidente Peña, pero ajenos ahora al organigrama priista.
Nos referimos al cinco veces secretario de Estado y actual titular de Hacienda, José Antonio Meade, funcionario transexenal en tanto también fue pieza clave del gobierno de Felipe Calderón.
Si bien desde Los Pinos se ha impulsado su nombre como el presidenciable mejor apertrechado, no está clara su militancia en el PRI.
Se filtró hace unos meses la versión de su presunta afiliación tricolor. Sus malquerientes sin embargo igualmente han hecho trascender que los tiempos ya no le dan a Meade para cubrir los requisitos estatutarios para estar en la boleta del 18.
Sin duda mañana despejaremos la incógnita si el secretario de Hacienda asiste o no al PRI y en calidad de qué.
El otro perfil es José Narro Robles, titular de Salud, y abiertamente priista desde los días de Luis Donaldo Colosio.
La novedad de mañana es que el exrector de la UNAM dejará el bajo perfil que como militante había tenido, para incorporarse al Consejo Político y, automáticamente, entrar de lleno al juego sucesorio.
Ambos, Meade y Narro, son cartas de Peña en una carrera interna en la que igualmente participan, al menos como aspirantes, los hombres y las mujeres que lo acompañaron en su trayecto a la Presidencia: Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño, Ivonne Ortega, Rosario Robles y Claudia Ruiz Massieu.
A la mayoría de ellos los veremos mañana en el PRI, en calidad de nuevos consejeros o simpatizantes, en un acto que marcará el relevo sexenal.
Y es que antes de que termine el año ese Consejo Político se reunirá —existe como fecha tentativa el próximo 7 de diciembre— para comenzar a definir las reglas de la sucesión.
Será la confirmación de que cuando los priistas gobiernan, como lo dictan sus usos y costumbres, las riendas del proceso sucesorio las lleva el Presidente de la República.
Habrá aplausos, porras, unos abrazos más apretados que otros, ausentes —como aquellos a los que busca la PGR—, mucha línea política y tapados, varios tapados.
