Uno y el silencio

En una sociedad como la que vivimos, sobre todo en la vida urbana, es difícil pensar el silencio como compañía. El silencio es la ausencia de sonidos —que no de actividad—,pero es, al final de cuentas, la desaparición de estímulos auditivos que obliga a la mente a dirigirse al —sonido— interior

El silencio proviene del verbo latín silere, que significa estar callado. Este origen define su sentido, pero su experiencia implica vacío o compañía. Es una propiedad muy extraña, pero el silencio genera que sucedan cosas.

En una sociedad como la que vivimos, sobre todo en la vida urbana, es difícil pensar el silencio como compañía. El silencio es la ausencia de sonidos —que no de actividad—, pero es, al final de cuentas, la desaparición de estímulos auditivos que obliga a la mente a dirigirse al —sonido— interior.

Es fácil reconocer cómo cualquier ruido exterior nos saca de un posible diálogo interior. Mientras escribo esto, en el “silencio” de mi casa, puedo sentir de repente las pequeñas patas de una perrita caminando por el piso de madera; identifico, en el momento exacto, por el sonido si se acerca o se aleja, regreso al texto mientras escucho el ulular de una ambulancia, quizá podría interrumpirme el ruido de un escape roto o algún otro de esos ruidos que enfadan porque distraen, porque no son de los que acompañan, sino de los que irritan.

Cuidar el silencio, podría decirse, es cuidar algo posible. Es abrir la ventana de una casa a la vida en general, a una noche en la que no todo es claro ni uno mismo.

Hay un sinfín de aproximaciones al silencio. En el cine hay muchos ejemplos, como en Bleu, de la trilogía de Kieślowski, en la cual el silencio es determinante al acompañar el duelo de la protagonista: el agujero que siente ante la pérdida de su hija y su marido después de un accidente automovilístico es un silencio que pesa, porque acompaña ese sinsentido que es consecuencia de un evento tan traumático. El silencio del sinsentido. De una forma diferente, en algunas películas de acción, el silencio es la antesala de momentos clave, es más un aviso, una señal de alerta, porque los sentidos se agudizan para dar sentido a ese silencio.

Un silencio que me gusta en particular es el de las casas. Cada casa tiene su silencio especial. Recuerdo las casas de los mayores cuando yo era pequeña. Me parecían muy silenciosas, como si nadie viviese ahí; aparecían suavemente la abuela o la bisabuela quienes se llevaban a los adultos a alguna sala aparte a conversar y, entonces, todo volvía al silencio. Estaba el reloj de péndulo que marcaba tic-toc y el grave sonido que marcaba los cuartos de hora. El silencio era tan profundo que se agradecía que algún perro o un claxon irrumpiera recordándome que no estaba en un mausoleo y me provocaba imaginar con qué jugar… Cada uno de nosotros guarda el silencio de alguna casa o algún lugar que, sin duda, nos llevaba muy adentro de nosotros mismos. 

¿Por qué pensar en el silencio ahora? ¿Hoy? La vida actual es complicada, porque así la hemos construido, hay cuentas por pagar, compromisos con los que se debe cumplir. En lugar de optar por enfocarse, se está en varias cosas a la vez. Sobre todo, estamos pendientes del celular, dispositivo que ha venido a interrumpir nuestros momentos de silencio. Por ejemplo, antaño si se llegaba temprano a un restaurante, uno se dedicaba a mirar en silencio. El silencio era propio, claro, pero estábamos acostumbrados a sostener el silencio de la espera; revisar el celular se convierte en la salvación. Nos es poco soportable la idea de estar solos, imaginar las expectativas, cómo llegará la otra persona, cómo escucharlo para que se sienta sostenido… Se pierde el curiosear, quiénes son esos que nos acompañan desde sus mesas, disfrutar de sus conversaciones o anticiparse a lo que será una compañía tan ruidosa que puede rayar en lo exhibicionista. Preferimos leer el celular y parecer ocupado para no estar en silencio. ¿Por qué nos aturdimos con la inmediatez? Quizá porque el silencio nos pide parar y soportar lo que nos esté sucediendo, nos hace partícipes de algo que no requiere ninguna acción.

La espera en el propio silencio puede ser insoportable, tanto que a muchos les cuesta trabajo comer solos. ¿Por qué? Algunas personas reconocen que no les gusta estar solas, sobre todo, que no les gusta ser vistas solas, como si fuera un estigma social. No importa que nadie les conozca, se sienten juzgadas. Una proyección, como si indicara que se está un poco solo en el mundo, y aún más, les preocupa que los demás se enteren de esa soledad, como si la soledad excluyera la posibilidad de disfrutar de uno mismo.

Permitirse un espacio de silencio es permitirse la propia compañía. A veces uno mismo se sabe triste o ansioso, por tanto, procura compañía para distraerse, y es muy válido… pero, ¿qué significa que no podamos nunca estar solos? Pues que es momento de empezar a hablar con uno mismo.

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