Un primero que sea el principio de algo
No se puede hacer un país con una sola persona, no se le puede pedir a un candidato que lo haga todo, se requiere un equipo, un verdadero equipo
Había una vez un niño de 10 años que se había convertido en cuidador de palomas, los dueños del palomar se lo habían encargado mientras salían de viaje. Una noche, cosa rara en esa luminosa ciudad colonial, comenzó a soplar un ventarrón, el niño, que estaba con sus hermanos, al oír los rugidos del viento se acordó de la casa de las palomas. Corrió a verla, ésta se encontraba en la azotea y al llegar vio cómo se despegaba el techo y se alejaba por el cielo. Pensó que las palomas volarían al poder sentir la libertad, pero al aproximarse vio que se encontraban agazapadas, paralizadas por el terror, apretujadas tratando de entender qué había pasado con su casa o al menos “rogando" que el caos acabara pronto.
Esta historia me la regaló Juan Alarcón (caricaturista, ilustrador, pintor y escultor mexicano). Me hace recordar cómo las palomas no buscan dejar su hogar, al contrario, siempre quieren regresar a él; sin embargo, el techo les podía haber caído encima y ninguna echó a volar ni a buscar un refugio.
Señalo la particularidad del ninguna porque en muchas ocasiones se requiere un primer individuo para movilizar el resto. Un primero que sea el principio de algo. La palabra principio proviene del latín principium, que significa comienzo, primera parte, parte principal. Su prima hermana, la palabra príncipe, proviene de una raíz latina que posiblemente sea princeps, la cual significa: “lo que va adelante o lo que va de primero”. Todo esto tiene sentido porque esa palabra fue utilizada durante la primera etapa del imperio romano para designar a Octavio como el primer ciudadano, se usó esta palabra como reconocimiento de su prestigio, cabe notar que el Senado intentaba conservar la esencia de la idea republicana. Más tarde, Trajano fue nombrado el optimum princeps; es decir, el príncipe perfecto.
De ahí la idea de primer ciudadano perdió fuerza y derivó en príncipe, que es hijo del rey, el cual puede ser o no heredero a la corona. Así fue como la idea de ciudadano se perdió por completo, y esa nunca debemos perderla.
Por otro lado, desde el inglés nos viene la palabra líder, que proviene del (inglés antiguo) lædere, que es el que guía, el que va adelante mostrando el camino; proviene del verbo lædan, que significa guiar. El mundo está falto de esos guías, de esos líderes que se atreven ir por delante, no en términos de poder ni de ser la parte principal, sino de mostrar el camino o, al menos, un camino porque ellos ven por lo menos un camino.
A las palomas, metafóricamente, les faltó un(a) primero(a). En los tiempos que corren no falta uno, sino faltan muchos; el liderazgo ya no es único, sino una cuestión compartida. El líder no es ya quien tiene las mejores ideas, sino el que sabe rodearse del mejor equipo y expande su mirada con la ayuda de otros. Esto, de acuerdo con Peter Hawkins (autor inglés, consultor e investigador en liderazgo, estrategia, cambio cultural y aprendizaje organizacional) vendría a confirmar que los días del liderazgo individual heroico han pasado. Escribe: “El nivel de complejidad al que debemos enfrentarnos hoy significa que si el único punto de integración es el CEO, el trabajo es imposible. En lugar de ello, debemos pasar del liderazgo individual al liderazgo colectivo y colaborativo. Este equipo de liderazgo colaborativo, formado por líderes, es aquel en el que tenemos claro qué es lo que necesitamos lograr juntos y que no podemos lograr trabajando en paralelo (https://knowledge.csc.gov.sg/digital-issue-09/in-conversation-with-peter...)”.
No se puede hacer un país con una sola persona, no se le puede pedir a un candidato que lo haga todo, se requiere un equipo, un verdadero equipo. Sin embargo, en el ámbito político, las agendas individuales, la ambición por el poder y la avaricia han generado descomposición y podredumbre en los puestos de liderazgo o los que acompañan al liderazgo. El líder o el primer ciudadano debe partir de una ética especial en el cuidado del otro, no en la inmediatez del propio beneficio (por ejemplo, puestos en las cámaras de representación ciudadana, negocios, compra de inmuebles, etcétera). Es importante que sepa que ese princeps no es el primero que arrebata, sino el primero que muestra el camino. El problema es que nos hemos quedado con políticos que ya no son líderes.
Y continúa Hawkins: “Así el liderazgo no es un rol, es una actitud que comienza cuando dejas de culpar a los demás o de poner excusas ya aceptas el desafío de marcar la diferencia, aquí es donde debes tener los ojos bien abiertos a lo que está sucediendo en el mundo, y no debes sentirte abrumado ni heroico”.
Lo heroico es ser el primero, el princeps, pero lo que sostiene es lo colaborativo, esa verdadera red que guíe, entretejida por otros líderes, una red limpia de ambición, avaricia, agendas personales y sin miedo. Sin una red, el princeps será una paloma que vuela sola, que no tenga compañía, que no haga bandada.
¿Dónde están esos princeps o esos læderes? Tanto para México como para el mundo. ¿Dónde está el primero que será el principio de algo?
