Salir adelante

¿Qué es más importante: tener esperanza o tener optimismo? En ocasiones son tan cercanas que es fácil confundirlas y utilizarlas indistintamente. La RAE nos dice que la esperanza es un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea; el optimismo, por otro lado, esa propensión para ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.

           Soy optimista. No parece ser muy útil ser otra cosa.

           Winston Churchill

Cuando uno se encuentra en un momento doloroso, ¿cómo se hace para salir adelante? Vivir es saber que no hay forma de zafarse de situaciones complejas. Y, cada vez que eso sucede, nos vemos conminados a salir adelante. Para esto, el tema de salir adelante lleva intrínseca la posibilidad del optimismo y/o también de la esperanza.

¿Qué es más importante: tener esperanza o tener optimismo? En ocasiones son tan cercanas que es fácil confundirlas y utilizarlas indistintamente. La RAE nos dice que la esperanza es un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea; el optimismo, por otro lado, esa propensión para ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Ambos son estados de ánimo; es decir, son experiencias emocionales subjetivas. Esto significa que cada uno percibe y procesa de diferente manera el presente a partir de cómo se ha entretejido la propia historia con el pasado de cada uno, con las ideas y/o deseos inconscientes y, por último, con la manera particular en cómo reacciona cada uno a las emociones básicas.

¿Qué es importante ser en este tiempo? ¿Ser optimistas o tener esperanza?

¿Importa realmente esta diferencia entre esperanza y optimismo? Quizá sí, porque el optimismo —que es esta capacidad de juzgar las cosas a partir del afecto más favorable— no es posible cuando se siente mucha tristeza, cuando hay un duelo muy profundo. Cuando se experimenta una pérdida importante es doblemente doloroso cuando alguien casi siempre desde el exterior busca mostrar una parte positiva. Cuando quiere, en su deseo de consolar y que el otro se sienta mejor, mostrarle una vía en la que se pueda pensar que hay una pequeña ganancia, aunque parezca secundaria. Esto puede incluso indignar a la persona que está atravesando/experimentando la pérdida, incluso porque podría sentir que no se da importancia a dicha pérdida, por lo que no sólo tiene la perdida, sino el lugar posible para una pérdida. El optimismo es algo que se puede recetar uno a sí mismo, pero no debe recetarlo para otros, porque es una falta total de empatía. El epígrafe con que abro esta columna es más bien un juego de humor, en el cual uno parece poder decidir su propia actitud y, sin embargo, puede no ser tan fácil.

¿Y con la esperanza cómo sucede? Pues que es una apuesta al futuro. La esperanza no requiere que las cosas tengan un lado positivo en el presente, sólo es abrir la posibilidad a que algo mejor llegue, pero no de una forma fantasiosa por el único deseo de que salgan mejor. No se tiene la esperanza de ser artista de cine cuando se está trabajando en ingeniería, por ejemplo, pero se puede tener la esperanza de ser un artista reconocido cuando primero se está en el campo para que eso suceda, con un esfuerzo que día a día construye una capacidad, ahí es cuando algo es sensible de ser alcanzado.

La actual situación de México no es de optimismo: una frágil situación económica, la amenaza de minimizar el equilibrio vía las manipulaciones contra la Suprema Corte o la violencia imparable desencadenada por el crimen organizado. En este contexto, el optimismo parecería más una negación. No hay sobre ninguno de esos temas la posibilidad de una mirada positiva. Y, sin embargo, la esperanza sí es posible. Existen millones de mexicanos trabajando por un México mejor, la aplastante elección de Estado abrió los ojos para entender cuáles caminos son necesarios para recuperar la democracia en la que no sea un país de un partido. Cuando hay conocimiento de la realidad para entender cómo se puede actuar mejor en el futuro, hay esperanza. Y cuando hay esperanza es posible salir adelante.

Esto también es necesario pensarlo para la vida propia, si es posible encontrar un lugar en el futuro que permita un alivio le pregunto al lector, ¿puede encontrar su propia esperanza?, ¿puede encontrar su camino para salir adelante?

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