Mujeres

El feminismo tiene un cuidado político por la historia de la mujer, por el lugar relegado, en una historia universal recopilada hasta hace poco sólo por hombres.

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, la invitación de esta columna es pensar el tema juntos. Cuando existen temas polémicos la mayoría prefiere evitar las discusiones, o más bien las reconvenciones, así que se opta por no comentar. Sin darnos cuenta que el problema crece hasta convertirlo en un tema en tabú, esos que no pueden ser hablados o, incluso, está prohibido hablar de ellos.

Otra de las dificultades es que el tema de la mujer no es tanto que cada uno tenga una opinión, sino que cada uno cree tener una opinión correcta, incluso la única opinión correcta, esto quiere decir que está dispuesto a batirse en duelo –ya sea en redes, televisión, foros universitarios, etcétera– para hacer valer su punto, transformándose en  justas medievales, en lugar de lugares de encuentro para el diálogo.

Elijo no enfocar esta columna en la idea de feminismo, muchas colegas lo harán muy bien ese día (los hombres lo tienen casi prohibido, se les pide que miren, aprendan y callen). El feminismo tiene un cuidado político por la historia de la mujer, por el lugar relegado, en una historia universal recopilada hasta hace poco sólo por hombres. También tiene una causa: fomentar la igualdad de derechos y oportunidades que los hombres, una lucha aún muy rezagada en muchos países. Es un mérito importantísimo dar cuenta de esta necesidad. Y también de los logros. Gracias a todas las mujeres que han encabezado esta labor.

Así que, hablando de la mujer, de las mujeres, es claro que la diferencia entre mujer y hombre es parte de un “proyecto” de la naturaleza, por llamarlo así, es la evolución buscando mantener la supervivencia en la Tierra. Pero el ser humano se llenó de lenguaje y de ideas, y se esforzó por contar historias de lo que debe ser y hacer cada uno. Tema interesante porque ni siquiera sabemos que nuestro pensar es parte de nuestra memoria semántica; es decir, de las reglas con las cuales concebimos el mundo y que, por lo tanto, son invisibles a nosotros. Esta invisibilidad nos impide preguntarnos sobre ellas, y ésta es una función de psicoterapia psicoanalítica: preguntarse acerca del conjunto de ideas que tenemos de lo que debe ser el mundo, aunque ignoremos por completo que nos regimos por ellas.

Así hay una construcción posible de ser mujer, para cada uno. La cuestión radica en poder pensar que hay un sinfín de elaboraciones posibles para ser mujer y que eso puede llamarse o no feminismo, pero lo más importante es la multiplicidad. Si una mujer tiene o no hijos, tiene o no pareja, sabe o no cocinar.

Cuando se habla de feminismo se alza una especie de solemnidad sobre el tema, y en esta solemnidad  parece escaparse la alegría de ser mujer. Entre las mujeres es bien conocida la frase “cuida a tus amigas, porque ellas son las que te van a acompañar cuando las cosas se ponen difíciles”.

Lo que esta frase encierra no es que compremos un seguro de vida “llevable” con las amigas, sino más bien que, ante las dificultades de la vida lo que nos salva, lo que nos sostiene es otro, son otros. Las mujeres saben cuidarse y no tiene que ver con ser madres, sino la capacidad femenina de cuidarse. Existe una emoción primaria básica (Pankseep) que se conoce como CARE y es casi un impulso, un sistema complejo de neurotransmisores, neuronas y partes del cerebro que tiene como función el cuidado del otro (para los mamíferos el cuidado de las crías). Este sistema emocional está en hombres y mujeres, y en las mujeres se despierta con mucha facilidad. El cariño de las amigas es una construcción a partir de ese sistema.

Claro que entre mujeres también hay rivalidad, competencia y envidia, como entre los hombres. No porque sea 8 de marzo vamos a idealizar un género. Pero digamos que la rivalidad, competencia y envidia son fases sentimientos más primitivos en los que se mezclan otras emociones como FEAR y RAGE (equivalentes a miedo y enojo), estos sistemas de emociones se escriben en mayúscula para poderlos diferenciar de cuando son utilizados en otras ocasiones. Muchas veces, al pasar de los años, cuando se va adquiriendo seguridad, cuando se ha llevado una vida con gratitud, a pesar de las dificultades, el carácter se flexibiliza y disminuye, sobre todo, el sistema FEAR. Lamentablemente, en algunos casos el enojo no se elabora; al contrario, crece y se convierte en rencor y la vida se amarga.

Pero volviendo a reconocer algunas características de la mujer, podemos decir que son: creatividad, inclusión y cuidado. Sólo un favor: que la causa de la justicia que busca el feminismo no nos aleje de la alegría de eso que es ser mujer, ser amiga, ser pareja, ser soltera, ser madre, ser maestra, ser transmisora, ser sostén, ser solidaria. Hablemos y celebremos a las mujeres, no sólo al feminismo.

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