Mosqueteros de la mediocridad
Proponer la evolución individual como contraria a un trabajo como comunidad es tramposo.
“Uno para todos y todos para uno", termina diciendo la maestra Ana María Prieto en la conferencia de Palacio Nacional el 12 de septiembre de 2022 después de interpretar una pantomima de un niño en el salón de clase en el espectáculo menos visto, pero con más cobertura, que tiene la televisión nacional.
Confundir los temas y deslizar palabras haciendo cambiar su sentido es una práctica común de la propaganda. Y eso fue lo que evidenció esa escena. No se trata de los movimientos desmedidos sobre un escenario lo que es importante distinguir. No se trata de si es cómico, risible o no. Esta columna busca señalar con énfasis cómo la escena confunde al comparar a un niño vanidoso y presumido, ensañado con compañeros que tienen problemas de aprendizaje, con el progreso individual y, asimismo, proponer la evolución individual como contraria a un trabajo como comunidad. Esto es tramposo y deleznable.
Hacer comunidad es de los objetivos más nobles del ser humano, hacer comunidad es cuidarse unos a otros, pero para que esto sea posible es necesario salirse del sí mismo para poder mirar a otros, lo que necesitan, como acompañarse, en qué lugar nos apoyamos y nos damos de las manos, en qué lugar contenemos el dolor. Hacer comunidad es también poner reglas y límites que permitan una mejor convivencia. Pero hacer comunidad no se relaciona con nivelar el aprendizaje, con desdeñar las conductas de los que pueden sentir orgullo de lo aprendido. Y mucho menos si son criticados en cadena nacional.
Ser presumido –no confundir con el “se presume”, de sospecha– es mostrar y vanagloriarse de los logros propios ante los demás. Una persona presumida, por lo general, busca atraer toda la atención, le molesta que otros brillen puesto que le hacen perder espacio, ya que es, en general, una persona muy aburrida en los medios en los que se mueve. Muchas veces se equipara ser presumido con ser narcisista. No siempre van juntos. Por ejemplo, pueden existir personas que atraen sobre sí la conversación todo el tiempo y les cuesta escuchar a otros, pero cautivan la atención no desde sus logros, sino desde sus penas o sus quejas. El tema son ellos.
En realidad, una persona presumida es bastante aburrida; consideren ustedes, estimados lectores, estar en una reunión con una persona que es fuente ilimitada de sus propias hazañas y que está buscando aplausos. ¿Cuántos están dispuestos a escucharlo? Cabe aclarar que sí los hay, aunque por motivos particulares. Freud consideraba que las personas con un narcisismo muy grande son muy atractivas para aquellas que tienen un bajo narcisismo, éstos son los cautivos de los narcisistas y de los presumidos, aquellos que quedan capturados en la magnificencia del otro, pensando que eso quizá completa un agujero. Conocer a alguien así y entablar contacto pareciera sanar la sensación de la herida, aunque al final sólo la agrave.
La otra parte de la pantomima es el “yo saqué 10 y tú, cinco”. Como si todo niño tuviese que saber algo. Reafirmarse sobre otro niño con problemas de aprendizaje refuerza su superioridad.
Queda claro, entonces, como ser presumido es muy chocante, y que se equipare al niño estudioso (“yo sé, yo sé”) con el presumido es querer ensuciar el amor y la pasión por el saber. El niño estudioso no puede ser confundido con un presumido, al contrario, la pasión individual por el saber puede beneficiar a todos, porque es ejemplo, porque puede inspirar la curiosidad en otros, y finalmente esto beneficia a la comunidad.
La lógica de la propaganda lleva este deslizamiento perverso: ser comunitario es bueno (coincidimos), no saber es comunitario (propuesta deslizada por la maestra al ridiculizar por presumido y que menosprecia al niño que sabe); por lo tanto, no saber es bueno, final tramposo.
Ya no es suficiente con empobrecer los libros de texto (tendencia que lleva ya varios años, como fue mencionado en otra columna), sino también conocer más y compartirlo en el salón de clases no es bueno. La empatía indispensable para poder unir una comunidad requiere de habilidades como observación, inteligencia, profundidad, conocimiento y experiencia, no de estupidez.
“Todos para uno y uno para todos” siempre ha sido un lema poderoso que invita a otros a sumarse; lo es si se trata de hacer una invitación en la que pidamos el compromiso de otros para mejorar, no para convertirse en mosquetero de la medianía, de la mediocridad. Es doloroso que la Secretaría de Educación Pública como organismo se convierta en algo aún peor, en mosquetero de la ignorancia. Indignarse es una obligación, porque es el principio para cuidar el interés de la educación de los niños. ¿Ustedes, ya se indignaron?
