Los trepadores sociales
El esfuerzo deja de ser importante, la disciplina no es importante, el único valor es conseguir ascender no importa cuántos se queden en el camino, abusados y pisoteados. Esto genera un rencor que rompe los lazos sociales, pero también genera un peligroso fenómeno identificatorio, en el cual si no se tienen una ética de valores suficientemente arraigada...
Hay quienes todo lo ascienden con la mentira:
no suben, se cuelan.
Baltasar Gracián
En ocasiones, uno se encuentra sopesando cuál es el menor de dos males. Pareciera una actividad poco productiva, pero en el fondo tiene su mérito; porque, quizá, sin tener mucha conciencia de ello se está realizando un ejercicio de valores. Es decir, se cuestiona qué es lo que puede causar mayor o menor daño en cierto ecosistema en donde se encuentran tejidos. Así, buscando causalidades se nos presenta la pregunta: ¿qué será más grave: la corrupción o los trepadores sociales?
Partamos desde el inicio, definiendo qué es eso de los trepadores sociales. A grandes rasgos, existen dos caminos de ascenso dentro de una sociedad o grupo de individuos. El primero es la movilidad social legítima, producto de la educación, la ética del trabajo y el esfuerzo, los cuales sirven para profesionalizarse en áreas que sean de mayor servicio y provecho para la sociedad. Requiere capacidad de aprendizaje y por supuesto mucha curiosidad. Para conseguir esta movilidad es necesaria la innovación y, sobre todo, que ésta sea de tal forma que contribuya a la comunidad en que se vive. Ser de provecho granjea un lugar en la sociedad y esta aspiración debe ser cuidada, cultivada y promovida. El segundo es el trepador social. Este individuo está dispuesto a pasar sobre otros, sobre sus derechos con tal de conseguir su fin. Su avance está basado en la manipulación de la realidad, en el uso de mentiras,el tráfico de influencias. Es oportunista, utiliza las relaciones como un instrumento para conseguir sus fines, no como un vínculo que conecta a los seres humanos que tejería una red de cuidado mutuo. El trepador social se cree con derecho a todo; no sólo no se cuida de los conflictos de intereses, sino que los crea constantemente. Se autoriza a toda actividad corrupta puesto que considera que merece beneficios (uno aquí se pregunta el porqué). Los trepadores sociales van rompiendo el tejido social, porque, entre otras cosas, van creando una transacción de favores, donde la lealtad mal comprendida vale más que las competencias y capacidades de una persona, un producto o una propuesta. Así, van distorsionando la definición de éxito, en la cual en lugar de hacerse una persona de bien, que cohesione a la sociedad, se convierte en una persona que muestra lujos y códigos de riqueza. El esfuerzo deja de ser importante, la disciplina no es importante, el único valor es conseguir ascender no importa cuántos se queden en el camino, abusados y pisoteados. Esto genera un rencor que rompe los lazos sociales, pero también genera un peligroso fenómeno identificatorio, en el cual si no se tienen una ética de valores suficientemente arraigada, es fácil mover los límites de que sería lo importante. Estos individuos se convierten en una fachada de éxitos sin fondo, se dedican a aparentar; desde verse profesionales, con trajes cuidados y una imagen diseñada. En este oportunismo se confunde estatus con un valor real como individuo. Los consultores de imagen han promovido quizá sin ver las consecuencias, o sin escoger bien a sus clientes, la imagen como atajo identitario: parecer antes que ser. Aunque esto viene, desde mucho tiempo atrás. Muchos consultores de imagen venden la idea de la percepción o es todo, así la imagen se convierte en un atajo para aparentar resultados sin tener la ética o el conocimiento que los sostienen.
De esta manera, el trepador social usa la apariencia como excusa moral para permitirse corrupción. Así, el cáncer de un país tiene en su origen a los trepadores sociales utilizando la política. Ellos están dispuestos a vender un país, una idea de estado para poder presumir una vida de lujos que los posicionaría de cierto estatus. La corrupción, ese un gran mal que ataca a muchos países, entre ellos México. De acuerdo con el INEGI, en 2023, 83% de las personas consideraron que la corrupción en México sigue siendo un problema “frecuente o muy frecuente”. En el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2024 de Transparencia Internacional, México obtuvo 26 puntos sobre 100, siendo la media 43. Es su lugar más bajo desde que se comenzó a medir el índice. En ranking, México quedó 140 de 180 países.
La corrupción no es un fenómeno separado del trepadurismo social, sino que el trepadurismo social es una condición que habilita la corrupción. Son, pues, dos caras del mismo patrón amoral: ambición desmedida sin responsabilidad. Entre los trepadores sociales se encuentran esos pequeños políticos dispuestos a hipotecar un país entero para presumir una vida que no proviene de su trabajo, sino de la rapacidad. Cuando una sociedad normaliza estos trepadores, termina incentivándolos y de ahí su producción en masa. ¿Qué tanto es responsable la sociedad en México de solapar estas conductas?
