La verdad y la mentira de la posverdad

A la verdad se le tiene mucho miedo, tanto para acudir a terapia como para revelarla a otro.En el caso de poder ir a una psicoterapia, las personas confiesan en muchas ocasiones el temor de qué es lo que podrían encontrar. Como si hubiese algo adentro de sí mismos que sospechan que está mal, un lado oscuro del cual no quieren saber del todo.

Es indispensable recuperar el lugar de la verdad en época de conflictos armados, elecciones o denuncias de corrupción, en las que la opinión pública es capaz de mover la aguja en las decisiones de un país, un partido político, una empresa o una comunidad.

Esto trae algunas dificultades como, por ejemplo, que la verdad única no existe (claro que podemos preguntarnos también si ésta será una verdad). Pero, entonces, ¿qué nos salva de caer en aceptar la posverdad que es el gran peligro del lenguaje en los tiempos que corren?

El ejercicio de la verdad no es sólo para una aprehensión del mundo exterior, es un trabajo propio e interior. Por ejemplo, la búsqueda por un tratamiento psicoanalítico busca encontrar quién es en verdad uno, si uno no está llevando la vida que quiere o cuál es la verdad sobre sus deseos y sus ideales, si estos últimos son impuestos o si los heredó sin darse cuenta y los hizo suyos. O también para poder cuestionarse si de verdad lo que piensa es eso o se trata de una máscara sobre algo más que está pensando. El psicoanálisis no promete la verdad acerca de nosotros mismos, pero sí ofrece la posibilidad de salirnos del camino de engañarse a sí mismo. Podemos no encontrar la verdad, pero podremos estar en el camino de la verdad.

A la verdad se le tiene mucho miedo, tanto para acudir a terapia como para revelarla a otro. En el caso de poder ir a una psicoterapia, las personas confiesan en muchas ocasiones el temor de qué es lo que podrían encontrar. Como si hubiese algo adentro de sí mismos que sospechan que está mal, un lado oscuro del cual no quieren saber del todo. En otro caso, cuando existe un suceso grave en una familia siempre habrá alguien al que se le oculte, como una manera de “protegerlo” porque esa verdad es dolorosa. Sin embargo, no conocer la verdad —ésa a la que es posible aproximarse— evita que completemos nuestra preparación para enfrentar el mundo.

No se trata de que la verdad sea relativa, es que más bien no se encuentra acabada, es una posibilidad de seguirla descubriendo. Esto hace que no pueda ser una certeza y la mente humana se fascina con las certezas y con todos esos postes a los cuales de las que pueda asirse. La posverdad ofrece certezas. De acuerdo con la RAE, la posverdad es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Esta definición de la posverdad es, en realidad, un eufemismo para la mentira. No estamos en una era de la posverdad, estamos en la era de la mentira.

La mentira, pues, es cuando se tiene otro conocimiento de algo o se cree algo y se afirma lo contrario de lo que se sabe o de lo que se cree. La calumnia, que es una de las muchas formas de la mentira, tiene mucho éxito en el mundo actual, porque las audiencias o las personas no están educadas en el ejercicio de la búsqueda por la verdad. Se han acomodado en la medianía y certezas de la posverdad que pueden ofrecer propagandistas, comentaristas o gurúes.

¿Qué nos queda? Una habilidad que se debería desarrollar en todas las escuelas, particularmente en la educación básica, partiendo de la conciencia de estar en una era de posverdad y la capacidad de discernimiento para entender qué está manipulado, qué podría estar manipulado y qué no es verdad. Debemos recuperar una búsqueda por la verdad, pero antes deberíamos promover un acercamiento a lo que es el discernimiento. Debemos revalorar la capacidad de la mente de poner en tela de juicio las noticias y afirmaciones que se le presentan. Debido a que hemos perdido esta habilidad es que caemos en la trampa de considerar verdadero algo sólo por el hecho de que nos suene verdadero.

Nos gusta pensar en la libertad, pero lo que ignoramos es que quizá no estamos teniendo la libertad de pensar, sino que el lenguaje nos tiene capturados en ideas que se han infiltrado poco a poco sin darnos cuenta, como lo hace la propaganda. Necesitamos recuperar la capacidad crítica y arrebatarle al lenguaje la verdad que contiene o limpiarla de la mentira, y esto una y otra vez, para cada idea. Es una tarea monumental, pero no hay otra salida.

Como dice Confucio, “cuando las palabras pierden su sentido, la gente pierde su libertad”.

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