Jugar y los tres Reyes Magos
Cuando de pequeños escuchamos que fue una estrella la que guió a los tres Reyes Magos nos parece tan mágico como ellos. Esta historia está rodeada de misterio por la ambigüedadde sus detalles. Aunque se les dice magos, eran los astrólogos del imperio persa; además, fue complicado llamarlos magos porque la magia estaba proscrita por la Iglesia.
Pensar en los Reyes Magos es inseparable de pensar en la estrella que los guía. Mirar las estrellas y tratar de escoger una sola es casi imposible, sobre todo en las ciudades en las que la contaminación lumínica atenúa el brillo extraordinario de los astros. Así, cuando de pequeños escuchamos que fue una estrella la que guió a los tres Reyes Magos, nos parece tan mágico como ellos. Esta historia está rodeada de misterio por la ambigüedad de sus detalles. Aunque se les dice magos, eran los astrólogos del imperio persa; además, fue complicado llamarlos magos porque la magia estaba proscrita por la Iglesia. Por otra parte, estos personajes tampoco eran reyes, pero eran muy distinguidos por su sabiduría y su función consistía en representar a la humanidad, al grado que un retablo en Portugal (Vasco de Fernandes, circa 1501) añade un cuarto rey mago ataviado con plumas, representando los pueblos de América, claramente esta idea no prosperó. Sin saber todo eso, en ese entonces, la idea de tres personalidades del mundo, que además eran sabios y astrónomos, fue muy emocionante, no se trataba tanto de la emoción por los regalos, sino pensar que personajes fantásticos podrían venir a la casa de cada uno y dejarnos algo que les hubiésemos pedido de antemano.
En México, la costumbre de los Reyes Magos, como aquéllos que traían regalos a los niños, ha sido la más arraigada durante muchos años, aunque cabe señalar que no es tan antigua, sino una historia moderna que surge a partir de la cabalgata en Alcoy, España, en 1886. La condición de dejar los zapatos, según el historiador Francisco José Gómez, puede tener su origen en un relato que cuenta cómo unos niños de Nazaret vieron a Jesús sin zapatos y decidieron regalarle unos, le dejaron algunos suyos junto a la ventana por la noche, sólo para descubrir que, al día siguiente, estaban llenos de regalos. Otro posible origen de esta tradición es que, al finalizar el medioevo, las personas más pobres dejaban zapatos fuera de los templos para que las personas pudientes les dejaran regalos (o dinero).
Más allá de lo histórico, es probable que la vigencia de este intercambio entre los Reyes, los juguetes, los adultos y los niños se deba a que, en el fondo, se encuentra un juego. El juego entendido como un espacio nuevo, único que generan los integrantes y que es posible porque todos se juntaron para participar. Intentaré describir lo excepcional del evento, porque los juguetes son sólo el pretexto para jugar. Porque lo importante en la vida es poder jugar, y jugar desde un enfoque que engrandezca al propio ser, ya que ejercitamos nuestra fantasía, sumada a algo de lo real. Un juguete es justamente el lugar donde depositamos una dinámica interna, pero en un objeto “físicamente real”. Así, una locomotora es ese lugar de potencia, de choque, que puede descarrilar y que se puede jugar una y otra vez; enseñándonos a ejercitar la fuerza, la energía e inventar posibles soluciones. Un dinosaurio es un ser con fuerza monumental, armado con dientes y garras y que tendrá un nombre y características humanas, un niño pequeño puede vivir intensas emociones a través de él.
Nada de esto tiene un objetivo trazado, de lo contrario perdería su chiste, pero sí es una manera de barajar posibilidades. Este bello ejercicio mental es lúdico, formativo y muy placentero, porque se disfruta, pero, además, en un futuro permitirá buscar soluciones, tener un pensamiento flexible, saber que hay más de una salida a un problema. Esta dinámica se va haciendo propia hasta que se convierte una manera de enfrentarse a la vida, a sus decisiones y obstáculos.
Los videojuegos, por ejemplo, no permiten jugar, no permiten desarrollar fantasía: la imaginación, los visuales, las posibles acciones ya las puso alguien más. Quizá puedan desarrollar ciertas destrezas, pero no se puede comparar con la belleza de lo que es jugar.
Al mirar hacia atrás, podemos ver que los juguetes pueden ser importantes porque nos ayudan a localizar en un objeto toda una época, pero lo verdaderamente fundamental es poder jugar. Llenar de juguetes es impedir un vínculo especial con ellos, quizá generar ansiedad en los niños al pensar que lo importante es el objeto, cuando lo que importa es sostener ese juguete con el que se ha jugado más.
Y pregunto: ¿cuál ha sido su juguete favorito? ¿Y en qué vivencias los habrá acompañado?
