¿Estrés yo?
¿Cómo funciona el estrés? Si bien es complicado desentrañar su operación, intentaré sintetizarlo. Partamos de que el sistema conciencia está constantemente monitoreando el cuerpo, el mundo que nos rodea y la interacción que tenemos con este mundo.
Levantarse puntualmente a cierta hora, antes de las 7:00 am, sin importar cómo hayas dormido, para luego arrastrarte hacia la regadera (porque aún tenemos agua), con la opción de haber tomado café antes o después, aunque sintiendo que una taza fue insuficiente y cerrar la puerta de tu casa para salir corriendo a trabajar lo antes posible porque no sabes cómo estará el tránsito. También está la opción de sentarte frente a tu computadora, apenas a tiempo, porque confiaste demasiado en que ése era tu día de home office y, aun en casa, te invade la sensación de haber llegado “tarde".
Han pasado apenas algunas horas de la mañana, todavía no son las nueve y media y ya tu sistema nervioso completo está en acción, sientes la adrenalina correr con la misma intensidad como si tuviera frente a ti a un tigre a punto de devorarte en alguna aldea cercana a Pandharkawada, India. Y es que el sistema nervioso central activa todo su sistema autónomo y, junto con el endócrino, transforman lo que debería ser un día normal en un día más de sobrevivencia en la jungla de trámites, juntas, temas familiares, preocupaciones por el dinero, etcétera. Puro estrés y estrés puro.
En el artículo “Neurobiología del estrés”, publicado en Revista chilena de neuropsiquiatría (Duval, et-al, 2010), los autores apuntan muy bien a que “el término estrés jamás ha sabido encontrar su verdadero significado entre el evento ambiental y la respuesta del organismo”, en parte porque “esta confusión es intrínseca al proceso, ya que no puede definirse por el impacto del estímulo, siendo él mismo íntimamente dependiente del estado de receptividad del organismo”. Han atinado al descifrar por qué es tan complicado tratar de definir el estrés.
¿Qué es el estrés en términos más simples? La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como un estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil. Concede, también, que “todas las personas tenemos un cierto grado de estrés, ya que se trata de una respuesta natural a las amenazas y a otros estímulos”. El estrés, entonces, es un compañero de vida, lo tengamos o no presente; la pregunta que nos debemos plantear es: ¿está llevándose parte de nuestra salud en el camino? No se trata sólo de resignarse a la respuesta, sino a intentar conocer un poco más de ese estrés que nos afecta para que podamos entender qué tanto nos está afectando en nuestra vida cotidiana.
¿Cómo funciona el estrés? Si bien es complicado desentrañar su operación, intentaré sintetizarlo. Partamos de que el sistema conciencia está constantemente monitoreando el cuerpo, el mundo que nos rodea y la interacción que tenemos con este mundo. Todo el cuerpo está diseñado para sobrevivir, así que las pequeñas o grandes señales que pongan en juego la permanencia de la vida de cada individuo en el planeta genera una alarma que es esto que llamamos estrés. Al recibir estas señales de peligro, la glándula pituitaria reacciona secretando la hormona llamada Adrenocorticotropina (ACTH), que dispara un sistema de alarma al resto del cuerpo. Sin tregua, el cerebro va a reaccionar ante estas señales y generará una respuesta autónoma, independientemente de si el individuo podrá hacer algo en esa situación de peligro o no. Es una respuesta automática, y aquello que en algunos lugares salva, en otra enferma. Ya que muchas veces no necesitamos el movimiento y salir de casa ni del trajín de la vida para estresarnos. Por ejemplo, durante la pandemia ante el desconocimiento de cómo funcionaba el virus (su propagación y evolución clínica) o ante la crisis de agua que atraviesa el país y en particular la CDMX con sus días contados, o ante la impotencia de la corrupción generalizada o el miedo a salir a la calle y ser víctima de la delincuencia; y aunque esto es mental, nos puede amenazar la supervivencia, nos tiene en alerta y, por lo tanto, al borde de despertar reacciones en el cuerpo para escapar del peligro.
Por si fuera poco, el cerebro guarda respuestas automáticas (que a veces llamaremos inconscientes) acerca de eventos del pasado que permanecen actuales en la mente; lo cual provoca que en ocasiones en las que podría no existir peligro, la mente lo codifica como tal y reacciona con la misma intensidad como si el peligro fuese real y presente.
Cuando el estrés permanece, con el tiempo (ya sea por realidad o por memoria), la respuesta del cuerpo se mantiene elevada y puede causar cambios metabólicos y fisiológicos en el cuerpo.
¿Te has preguntado por el origen de tus afecciones? Si padeces de gastritis, reflujo, hipertensión, diabetes, problemas de la piel, problemas menstruales, hay mucho de una respuesta inflamatoria al estrés que está recibiendo tu cuerpo a diario. Conviene que aprendas a conocer cómo te manejas ante situaciones de peligro y entender qué está detonando y por qué las afectaciones son tan intensas. Quizá el ambiente del país no puede incidir más que votando cada tres y seis años (este por cierto es crítico), pero sí puedes procurar entender qué historias pasadas disparan tu estrés.
