El mínimo de salud mental para ser funcionario público

¿Cómo saber si tal persona es adecuada a postularse para un puesto de representación popular? Quizá deberíamos exigir un mínimo. Un mínimo de salud mental, un mínimo de conocimientos básicos, un mínimo de historia, un mínimo de empatía y un mínimo de decencia. ...

¿Cómo saber si tal persona es adecuada a postularse para un puesto de representación popular? Quizá deberíamos exigir un mínimo. Un mínimo de salud mental, un mínimo de conocimientos básicos, un mínimo de historia, un mínimo de empatía y un mínimo de decencia. Es un desperdicio tener un inepto en el poder, pero es terrible, terrible, tener un monstruo en el poder.

No existen los seres humanos perfectos. Es más, ni siquiera los quisiéramos así, pues de manera inmediata podríamos sospechar que son artificiales, un producto plástico fabricado por los asesores de imagen. Una cosa es afinar ciertos gestos, otra cosa convertir a alguien en una persona que no es.

Quizá no hemos reparado en lo importante de la salud mental en todos lados, por lo que si se trata de puestos públicos propongo considerar los siguientes elementos.

Empecemos. ¿Importa si es o no depresivo? No. Primero, porque la depresión es el trastorno de nuestra era (se considera que 30% de la población mundial cursa o ha cursado una depresión) y hay muchos grados, desde una moderada hasta unas tan intensas que no permiten salir de la cama, las más graves imposibilitan físicamente por más medicadas que se encuentren. Así que, en realidad, la depresión es un trastorno doloroso y difícil, sobre todo un trastorno difícil de transitar para quien lo atraviese, a la vez que alguien con depresión es alguien que tiene capacidad de pensar en el otro, que sabe lo que es el dolor y si bien el futuro no le parece atractivo, se trata de su propio futuro, pero no está negado a pensar en el futuro de los otros.

Entonces, ¿cuáles serían los trastornos graves, los más limitantes para ejercer puestos públicos? La esquizofrenia. Aquí podríamos encontrar dos tipos: el paranoide y el de grandeza; de acuerdo con Kaplan y Sadock, en su Manual de psiquiatría clínica, el primero sería un problema porque se encontrarían enemigos donde no los hay, lo cual generaría persecuciones injustas que limitarían las libertades individuales. En términos de los delirios de grandeza evitaría que se recibieran consejos y terminaría siendo autocrático y gobernando solo sin el consejo de asesores y expertos, lo que conllevaría un gran riesgo para cualquier entidad o país, porque se sabe que nadie puede tener el conocimiento de todas las cosas.

¿Aceptaríamos a un candidato consumidor de sustancias psicotóxicas? Más allá de si sean legales o no, las sustancias psicotóxicas terminan por generar adicción. Las personas que consumen de manera leve, al cabo del tiempo pasan al uso excesivo y en este modo pueden ser objeto de manipulación para poder obtener las sustancias de las que dependen. No se puede mantener la independencia en las decisiones cuando se es adicto de las sustancias y esto conlleva a la falta de juicio en la toma de decisiones.

¿Y si se trata de sociopatía y psicopatía? Ambos se caracterizan, principalmente, por la falta de sentimiento de culpabilidad y la falta de empatía. La primera quiere decir que, sabiendo que han causado daño a los otros, no sienten remordimiento ni dolor mental o interior, y la segunda ser refiere a la imposibilidad de sentir afinidad o lo que el otro está sintiendo. Empatía es poder ponerse en el lugar del otro para sentir lo que está sintiendo. Así, si el otro siente dolor, éste les es indiferente. Esta ausencia de empatía es muy peligrosa, pues se convierten en individuos con mucha crueldad.

Quizá es indispensable revisar la capacidad de sentir gratitud, pues ésta es aquella que comienza en los círculos virtuosos de relación y a la vez ayuda a identificar los niveles de odio y envidia subyacentes en la personalidad del individuo. Si bien son difíciles de identificar, resultan ser muy peligrosos en individuos de poder, porque son altamente destructivos y son los que llevan a destruir el tejido social, instituciones y cualquier trabajo realizado por líderes anteriores.

Así, habría que considerar un mínimo de salud mental para los aspirantes a puestos de elección popular. Claro, no siempre se puede garantizar que quedará lo mejor, pero siempre se puede considerar que habrá un mínimo de humanidad necesario para gobernar, para pensar en el bien común, saber que no hay enemigos imaginarios ni hay bandos imaginarios, ya que en el mundo hay lugar para todos.

Temas: