El día que pudiste hacer algo
¿Cómo no sentirse furioso e indignado? ¿Cómo no sentir que las entrañas se revuelven asqueadas al pensar que se han enriquecido muchos a costa de la miseria de otros?
Cualquiera puede enojarse, eso es fácil, pero estar enojado con la persona correcta, en el grado correcto, en el tiempo correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta, eso no está al alcance de todos, eso no es fácil.
Aristóteles
El enojo no es una emoción agradable, se apodera del cuerpo y al intentar controlarla nos quedamos quietos, como congelados. Es insoportable. Por eso es casi instintivo tratar de echarla hacia afuera a veces con actos agresivos, a veces contra las personas incorrectas, como mencionó Aristóteles, y de esa manera fuera posible sacudirla.
Existe un sistema neuroanatómico para la furia, RAGE, una de las siete emociones básicas. Se conoce como RAGE (así, sin traducción al español) al sistema que se utiliza para describir un circuito de estructuras anatómicas que van más allá de una sensación o idea de enojo. De acuerdo con Jaak Pankseep y Lucy Biven en The Archaeology of Mind: Neuroevolutionary Origins of Human Emotions (2012), el sistema RAGE: “Se extiende desde las áreas mediales de la amígdala a través de la vía curva de la estría terminal hasta el hipotálamo medial y luego hasta áreas específicas la sustancia gris periacueductal (PAG)”. Desde que Daniel Goleman, en su libro Inteligencia emocional, llamó la atención sobre el rol de la amígdala en los actos impulsivos, la mayoría de los especialistas habla de la amígdala como el disparador de lo emocional. Sin embargo, la amígdala es más relevante para concatenar los vínculos cognitivos y emocionales que pueden provocar ira. Es decir, RAGE —como emoción— se acomoda a una idea; y queda sellada. Pankseep y Biven proponen a la psicoterapia como una gran ayuda para dar ese paso en el que uno se convierte en dueño de sus propias emociones en lugar de esclavo.
Todo esto es importante hoy porque es necesario reconocer que hay mucho enojo que tuvo un origen, pero está asociado ahora con fiereza a ideas del pasado.
Este enojo e indignación real por las situaciones de injusticia y pobreza que sufren muchos de nuestros connacionales son necesarios porque generan un movimiento para que las cosas no permanezcan como están. Ese retraso de México en relación a países de primer mundo es consecuencia de una serie de acciones narcisistas y miserables de personas que han buscado mantenerse en el poder, algunas por mera ambición personal. ¿Cómo no sentirse furioso e indignado? ¿Cómo no sentir que las entrañas se revuelven asqueadas al pensar que se han enriquecido muchos a costa de la miseria de otros? Estos personajes que nos generan una afrenta y deberían ser sujetos de ignominia han sido miembros de diferentes partidos y no fueron castigados en su momento. En nuestra nueva democracia, de apenas veinticuatro años, comenzó una alternancia que permite que los partidos puedan ser vigilados por contrapartes que representan a los ciudadanos pidiendo cuentas. Equivocadamente —o quizá cuestión de la propaganda y la posverdad— se ha acrecentado la idea de los candidatos actuales como herederos de esas personalidades narcisistas. Necesitamos liberarnos de eso.
El enojo para muchos ciudadanos no permite que entre el pensamiento para poder comprender que el presente es una realidad violenta, sin ley, llena de horror, que permitió y en algunas ocasiones fomentó el actual gobierno, y que actualmente no se está votando por validar a los caudillos del pasado, sino que se trata de entender que hay posibilidades de seguirnos moviendo, con una candidata como Xóchitl Gálvez, que no se relaciona con los abusos y ambición de monstruos del pasado. Quizá para algunos la pasión por estar enojados con la historia (son aquellos que se lamentan de manera reiterativa por los gobiernos del PRI y del PAN, y olvidan que el PRD gobernó la capital durante los últimos cuatro sexenios) puede estar nublando una evaluación objetiva de la situación que ha generado el actual gobierno, en la reina la impunidad, la escasez de medicamentos, la atrofia del sistema de salud en la que se mueren por falta de atención o insumos, el desprecio por las madres de desaparecidos, la corrupción, el nepotismo y en la que, sobre todo, impera el crimen organizado, perjudicando la economía y la calidad de vida. Un abismo de horror que se llena con mentiras y medias verdades. Existen ciudadanos tan enojados que apoyan a la candidata oficial y justifican su postura buscando en el pasado errores para no darse cuenta del calamitoso presente.
El 2 de junio estamos llamados a votar para elegir el camino que queremos para nuestro país. Que el 2 de junio no sea el día que te ganó el enojo: uno antiguo, uno irracional– y castigues a la persona equivocada, porque en este caso México es el castigado. Que el 2 de junio no sea el día en que pudiste hacer algo y no lo hiciste.
