El agotamiento laboral

Si bien existe una ley internacional que determina que el horario laboral es de ocho horas, no se respeta en muchos casos, particularmente en países latinoamericanos y asiáticos.

                Todo trabajo que eleva a la humanidad tiene dignidad

                e importancia y debe realizarse con esmero y excelencia.

                Martin Luther King Jr.

Existen temas sobre los que se habla muy poco, quizá porque pareciera que son evidentes o porque no se considera que podrían ser de otra manera. Son temas invisibles, que vamos cargando con una resignación que nos permite aguantar o, más bien, sobrevivir.

El problema es mundial y es grave. En el caso de Estados Unidos, la encuesta 2025 Mental Health at Work Report de Mind Share Partners, realizada en colaboración con Qualtrics, arrojó los siguientes datos: la mitad de los trabajadores estadunidenses reportan niveles, de moderados a severos, de agotamiento, depresión o ansiedad y 90%, al menos, presenta problemas leves; esto es, nadie está a salvo. Es importante detenernos en este dato: 50% de los trabajadores presentan niveles severos de agotamiento, lo que representa que el agotamiento es ya la forma de vida de una comunidad. Este problema no se soluciona reduciendo el número de horas laborales, como han querido pensar algunos gobiernos chocarreros. Esto es un aplacamiento de la situación, pero no resuelve el problema de fondo. Es simple pensar que el problema del agotamiento en el trabajo se resuelve dejando de trabajar o trabajar menos, se trata de transformar la forma en que piensa, se vive y se estructura el trabajo. Este mismo estudio añade que al menos 53% de los problemas duraron al menos dos meses o hasta el año. Estamos hablando de los episodios agudos, porque la molestia en términos de salud mental es de 90 por ciento. Los problemas de salud mental en grado severo se registraron como agotamiento, 53%; depresión, 53%, y muy de cerca ansiedad, 50 por ciento.

Es un tema complejo que empezaremos a desmenuzar en este artículo. Comencemos por el agotamiento laboral que se relaciona con las jornadas laborales largas. Cabe hacer notar que, para muchos, trabajar es sinónimo de estar agotado. Es decir: trabajar es estar irremediablemente agotados y, en ocasiones, puede llegar al burn-out, que es la forma extrema de agotamiento, y la cual tiene mucho de parecido a la depresión. El burn-out se siente dentro del cuerpo como se puede sentir una depresión: cansancio extremo y/o falta de energía, despersonalización, falta de sentido o propósito, irritabilidad, aislamiento social y/o laboral, entre otros síntomas.

Si bien existe una ley internacional que determina que el horario laboral es de ocho horas, no se respeta en muchos casos, particularmente en países latinoamericanos y asiáticos. Parece que la cultura de quedarse más horas en lugar de trabajo mostrara más compromiso con la empresa, pero termina siendo más una forma de pleitesía. Este tipo de comportamientos debe ser desactivado por los líderes, sin embargo, en muchas ocasiones son los propios jefes los que incentivan estas conductas y, sin quererlo, van enfermando poco a poco los lugares de trabajo.

En ocasiones también se puede trabajar de forma remota, y este es un caso muy complicado porque al no relacionar el trabajo con un lugar físico es difícil realizar un corte de las actividades laborales inmersas en las actividades de la casa. Se requiere disciplina para poder separar en un mismo espacio físico, de donde sucede la vida, la respuesta que se recibe después de esperar toda la mañana o todo el día y, por fin, aparece en la pantalla, pareciera alivio recibir cierta información que todo el día se había estado esperando.

Muchas personas viven pensando en la jubilación como ese momento en que podrán “disfrutar de la vida” y existe, por tanto, el término “retiro temprano” o early retirement. En realidad, debería poder disfrutarse también durante todos esos años en los que se trabaja.

Parece entonces haber un problema dialéctico, porque el trabajo no debería ser una “pena” necesaria como si fuera un impuesto para sobrevivir, sino poder llevar el trabajo a una actividad que dignifica al hombre. Este es el reto. Para la OMS: “El trabajo apoya la buena salud mental y proporciona un medio para ganarse la vida, un sentido de confianza, propósito y logro, una oportunidad para las relaciones positivas y la inclusión en una comunidad; y una base para establecer rutinas estructuradas”. Pero es importante ir más allá, en muchos casos el trabajo, cuando hay problemas de salud mental, contribuye a la recuperación individual y a la inclusión en la comunidad, ayudando a mejorar la confianza y el funcionamiento en la sociedad.

Queda pendiente seguir entendiendo qué otros factores afectan negativamente la salud mental y cuáles son los pilares que requieren construirse para que esto sea posible. Queda preguntarle al lector: ¿cómo vive su propio trabajo?

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