De vez en cuando viene bien dormir (parte II)
¿Cómo saber si somos insomnes? La doctora Ana Delgadillo Hernández, en la conferencia virtual Trastornos del sueño e insomnio: una revisión desde una perspectiva neuropsicoanalítica —dictada el 11 de noviembre, como parte del trabajo del Grupo de Neuropsicoanálisis de la Ciudad de México— comparte puntos que son muy fáciles de entender para saber si se padece o no.
¿Duermes? Ojalá que sí, si no, ¿por qué no duermes? ¿Qué significa no poder dormir?
En la columna anterior se trató el tema de la falta de sueño desde una mente inquieta, cargada, quizá, de temas que preocupan, de tareas que la mente busca seguir resolviendo aun en el descanso. Es común escuchar personas que, después de dormir, han encontrado una solución a su problema en su sueño. Esto es un ejemplo de esa mente que no puede parar.
El proceso del sueño es complejísimo, sin embargo, les compartiré algunas claves para que cada uno pueda revisar cómo se está saboteando su propio descanso y también en dónde se estaría saboteando aún más cuando ya sabe qué es lo que le impide dormir y no se hace nada al respecto.
¿Cómo saber si somos insomnes? La doctora Ana Delgadillo Hernández, en la conferencia virtual Trastornos del sueño e insomnio: una revisión desde una perspectiva neuropsicoanalítica —dictada el pasado 11 de noviembre, como parte del trabajo del Grupo de Neuropsicoanálisis de la Ciudad de México— comparte puntos que son muy fáciles de entender para saber si se padece o no un trastorno de sueño. Quejarse de no poder dormir varias noches consecutivas es el primero: “Me acuesto, pero no concilio el sueño” o “me duermo y me despierto por las noches, luego no puedo dormir de nuevo”. Esto está seguido de irritabilidad en el día, apatía, durante el cual pocas cosas generan ilusión; al contrario, hay pesadez, se le cierran los ojos o se experimentan desvanecimientos. Es decir, puede haber un déficit cognitivo, problemas de memoria y falta de atención en las actividades diurnas.
El insomnio es no poder conciliar el sueño. Proviene de insomnium, que en latín significa, literalmente, falta de sueño a la hora de dormir. Pero no todo insomnio se vive igual, algunos síntomas de no dormir son, por ejemplo: estrés, ansiedad, sobreexcitación, depresión, apnea, síndrome de piernas inquietas y narcolepsia, entre otros.
Otro indicio son los “microdespertares” (instantes de despertar en la noche) que quedan casi inconscientes y, aunque no se recuerden, pueden tener un efecto en la calidad del dormir. Las apneas entran en este apartado; éstos son pequeños momentos en que el sueño se interrumpe, quizás está pasando de fase o quizás el sueño se convirtió en algo tan cercano a lo que angustia es en la realidad que fue insoportable seguir soñando. También están los “macrodespertares” (instantes en los que se entra casi en estado de vigilia), entonces, se pone a ver películas o a deambular por su hogar. Quizá uno de los temas más complicados es cuando en los microdespertares la persona se llena de angustia o de alguna emoción por el despertar; así, lo que tal vez era un pequeño despertar se convierta en un macrodespertar y en una noche con pocas horas de sueño.
Los insomnes deberían ir pensando cómo es su insomnio, qué duración tienen sus despertares con el fin de no rendirse a no dormir. Concederse “yo duermo mal” es abandonar la posibilidad de mejorar esta gran etapa de la vida. ¿Habían pensado que el dormir son grandes momentos de la vida?
De nuevo, el tema es tan grave que una persona que refiere un insomnio durante más de un año tiene probabilidad 40 veces mayor que cualquier otra de presentar un trastorno psiquiátrico diagnosticable (Kaplan & Sadock, Manual de bolsillo de psiquiatría clínica, 2018).
Entre las recomendaciones para dormir mejor caben mencionar: no fumar, dormir y despertar a la misma hora, no comer antes de cuatro horas de dormir, no beber alcohol. Es evidente que las noches de fiesta no son un obstáculo para dormir bien, una noche de mal sueño no significa que se tenga un trastorno de sueño; sin embargo, parece ir en contra de todo lo recomendado. Más allá de esto, cada uno tiene que pensar, ¿qué le quita el sueño? Si los malos hábitos o la conciencia intranquila. O los dos.
Cada uno merece granjearse una mejor vida, desde el cuidado de sí mismo. Cuidar nuestro sueño es cuidar nuestra vida. Es importante entender que el mal dormir se puede convertir en un mal vivir con consecuencias futuras para la memoria, las funciones cognitivas y recuperar el desgaste del día. Por eso viene bien dormir.
