No todo lo morado es feminismo, es oportunismo

Por Marisol Escárcega

Marzo está llegando a su fin, y con él, la euforia por el 8M de polític@s, funcionari@s, periodistas, maestr@s, empresas o marcas. Ya no vemos en los perfiles de redes sociales fotografías con fondo morado o leyendas que aluden al movimiento feminista. Nada de “La maternidad será elegida o no será” o “Ni una más”. Tampoco vemos que esas personas “tan preocupadas” en víspera del 8M compartan su interés porque temas relacionados con la justicia hacia las mujeres lleguen a la opinión pública, mucho menos en el pleno de algún Congreso o en algún evento universitario o en la nota principal de algún periódico.

Las marcas ya no están haciendo promociones en productos de gestión menstrual ni los laboratorios haciendo descuentos para mastografías o papanicolaou, ¿dónde quedó su empatía por las mujeres?

Se llama purple washing (lavado púrpura) y no son más que acciones que muchas empresas o personas, principalmente funcionari@s de gobierno o polític@s llevan a cabo en fechas como el 8M, el 24A o el 25N para congraciarse con las mujeres y ganar clics, seguidores y adept@s, porque, ¿quién en su sano juicio estaría en contra de las mujeres, sobre todo sabiendo los costos que implican no pronunciarse a favor de nosotras en tiempos como éstos?

Y no es que no agradezcamos que haya descuentos en productos que utilizamos o facilidades para abrir una cuenta de ahorros o rebajas en algún check up médico o que algún periodista o polític@ hable de temas de “mujeres”, sino que esas acciones son realizadas sólo por estrategia, para beneficio propio y no como un compromiso real con las causas del feminismo. Llamémosle como lo que son: oportunistas. 

El discurso y la acción no son para nada lo mismo, porque, ¿cuántas veces hemos escuchado a una persona que se llena la boca diciendo que es importante empoderar a las mujeres, pero en el ámbito laboral o personal es de las primeras en humillarlas o no las promueve para nuevas plazas?

La realidad para las mujeres de a pie es otra. Nada cambió para nosotras sólo porque tenemos una PresidentA. Yo siempre pregunto lo mismo cuando una mujer accede o está en un puesto donde se toman decisiones, ¿qué ganamos las demás mujeres con eso?, ¿nos impulsa?, ¿nos ve como sus iguales o como competencia?, ¿ nos mira con empatía o con envidia? 

Realmente ¿en qué nos benefició tener una líder mujer? Hasta el momento en nada, no al menos, repito, para las mujeres comunes que no son aliadas de esa líder.

Así que el purple washing sí hace de las suyas, nos da la apariencia de que el mundo sí está cambiando, que el chip ya es otro porque la semana previa al 8M todo está inundado de morado, pero que los monumentos de una ciudad se iluminen de un color (en este caso, morado), no significa de ninguna manera que tengamos acceso a nuestro derechos, que no tengamos miedo de ser violadas, torturadas y asesinadas saliendo de la escuela o el trabajo. 

En realidad, nos usan para darse un lavado de feminismo y, luego, vuelven a mirar a otro lado, a fingir que no hay cientos de madres buscadoras que no han sido atendidas, mujeres que son víctimas de todas las violencias que podamos imaginar y que no tienen justicia ni pronta ni expedita como aquellas que sí están en el poder.

Y es que ¿a poco no se dieron cuenta que llegando marzo todo el mundo era feminista?, de repente todos “estaban a favor de nosotras, todo el mundo era aliade, pero ¿y ahora?, ese entusiasmo no se ve por ningún lado.

Así que no queremos hipocresía. No queremos gobernantes, funcionari@s, polític@s, periodistas, profesores, marcas o empresas que finjan un día estar a favor de nosotras y luego nos olviden 364 días. Queremos gente que acompañe nuestra causa porque cree en ella, no para ganar likes.