Por Marisol Escárcega
Las palabras importan porque definen, hacen tangible a algo, a alguien. Sin embargo, millones de personas (la mayoría hombres) usan con bastante ligereza e inexactitud ciertos términos, sobre todo cuando se refieren a una mujer: uno de ellos es “mantenida”.
Para nosotr@s era normal decir que nuestras madres “se dedicaban al hogar”, como si eso fuera un pasatiempo y no un trabajo (desgastante y no reconocido ni remunerado).
Sin duda, llamarlas “mantenidas” es despectivo, ofensivo. Es una categoría donde los machistas han colocado a las mujeres que para ellos “no hacen nada”. “Mantenida” es un término que está lleno de desprecio, pero sobre todo, de ignorancia.
Y es que millones de hombres piensan que “mantienen” a sus parejas, a sus madres, sus abuelas, sus hermanas, que ellas viven a costa del esfuerzo de los hombres que las proveen económicamente; una especie de simbiontes que no hacen nada, que no aportan, pero que se benefician de ellos.
Veamos, la RAE apunta que una persona mantenida es aquella que vive del trabajo de otra. En ese sentido ¿cuánt@s de ustedes conocen a una mujer mantenida?
Déjenme ser clara. Las personas mantenidas cuentan con por lo menos a una trabajadora doméstica que realiza las labores del hogar: comida, ropa, limpieza, tintorería; tienen nanas para sus hij@s que l@s llevan a la escuela y van por ell@s; personas que se ocupan de ir al supermercado a realizar el mandado, la despensa; que dedican tiempo para pensar los menús de comida diaria y se ocupan de cambiar cortinas, sábanas, edredones y, por supuesto, sacar la basura; claro, todo esto es pagado por el hombre.
Las personas mantenidas, además, les pagan todos sus tratamientos de belleza. Tienen una o varias tarjetas de crédito que utilizan como quieran y que paga su pareja; van al gimnasio, al pilates, al yoga o cualquier otra actividad de recreación cuando lo deseen.
También es posible que tengan chofer o mínimo un auto propio; las personas mantenidas regresan a casa con la plena seguridad de que la comida ya está hecha y sólo deben sentarse a que les sirvan mientras scrollean su celular o ven una serie en compañía de sus parejas y/o hij@s.
Así que vuelvo a preguntarles, ¿cuánt@s de ustedes conocen a una mujer así? Claramente no es la idea que tenían de una “mantenida”, ¿verdad?
No, porque las mujeres que conocen, las que están en su casa: madre, abuela, esposa, hijas, hermanas, tías… son mujeres que realizan trabajos sin remuneración. Ellas sostienen la vida de l@s demás, hacen posible que todo funcione, porque ellas SE ENCARGAN de ese trabajo invisible del que tanto hemos hablado en este espacio, entonces ¿quién, realmente, es el mantenido, el que se beneficia del trabajo de otr@s?
Sí, porque cocinar tres veces al día, lavar trastes, barrer y trapear la casa, llevar y recoger a l@s hij@s de la escuela, hacer tareas con ell@s, cuidar de tod@s los integrantes de la familia son actividades que requieren tiempo, esfuerzo, mucho esfuerzo, y sin ellas cualquier familia sería un caos.
Pedirle a una mujer que se quede a “cuidar” de la casa y de la familia y luego llamarla “mantenida” es una contradicción porque realmente está trabajando todos los días sin descanso, sin reconocimiento y sin pago, ah, porque los helados o comidas de los domingos, las tres mudas de ropa, dos pares de zapatos y una salida de vacaciones al año (si es que la hay) no compensan ni de chiste toda la labor que lleva a cabo durante el año.
• Hasta noviembre de 2025, el trabajo remunerado de las “amas de casa” representó 23.9% del PIB nacional, es decir, más de 8 billones de pesos. Mientras los hombres destinan 11 horas a la semana a las labores domésticas, las mujeres, 39.7 horas.
