Cuidados comunitarios: la otra responsabilidad que recae en las mujeres

Imagen de la Mujer

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Por Maira Melisa Guerra Pulido* 

Las labores de cuidado han sido definidas como aquellas actividades que implican entender y atender a personas que no pueden resolver total o parcialmente sus necesidades físicas, emocionales o afectivas. Históricamente, estas tareas han recaído principalmente en las mujeres, bajo el rol que se nos ha asignado socioculturalmente, el cual establece que es nuestra “obligación” estar al cuidado del hogar, con todo lo que ello implica: cuidado de las infancias, personas enfermas y adultas mayores. Se trata de trabajos frecuentemente invisibilizados y no remunerados que pueden inhibir o limitar el desarrollo profesional y personal de quienes los realizan y que son el sustento de la vida.

Pero las labores de cuidado no se restringen únicamente al hogar. Las teóricas Berenice Fisher y Joan Tronto proponen entender el cuidado como todo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro mundo. Esta visión amplía el concepto hacia una dimensión colectiva y comunitaria: cuidar también implica sostener espacios públicos, fortalecer redes vecinales y participar en la construcción de condiciones de bienestar para la comunidad.

En la Ciudad de México, las Comisiones de Participación Comunitaria (COPACO) son uno de los principales mecanismos de organización vecinal y cuidado comunitario. Entre sus funciones están: representar los intereses colectivos de las personas habitantes de su unidad territorial, promover soluciones a las demandas vecinales y elaborar programas y proyectos de desarrollo comunitario.

La Ley de Participación Ciudadana establece que estas comisiones se integrarán por nueve personas, respetando la paridad de género, electas por votación popular para desempeñar un cargo honorífico y no remunerado durante tres años. En la elección de las COPACO del 3 de mayo los resultados muestran que las mujeres ocuparán aproximadamente 62.9% de los espacios.

Estos resultados no son aislados. En los ejercicios de 2020 y 2023, las COPACO estuvieron integradas por 57.77% y 59% de mujeres, respectivamente. Esto confirma una tendencia clara: las mujeres participan mayoritariamente en espacios cuya función principal es sostener la vida comunitaria.

Pero resulta importante cuestionar si su alta participación está relacionada con el carácter no remunerado de estas responsabilidades y con la limitada visibilidad política que suelen tener. Es decir, debemos revisar si las mujeres continúan siendo empujadas hacia tareas asociadas al cuidado.

Por supuesto, siempre será una buena noticia que las mujeres ocupen espacios en la vida pública, política y comunitaria, pero esta incursión no debe darse únicamente en trabajos honoríficos o de servicio, sino también en garantizar nuestra presencia en los espacios desde los que se ejerce el poder y se toman las decisiones.

Los cuidados comunitarios se concretan en beneficios comunes como entornos más seguros, redes de apoyo y espacios públicos funcionales. Por ello, hombres y mujeres deberían involucrarse por igual en estas actividades, no sólo por una cuestión de corresponsabilidad, sino porque redistribuir el cuidado es indispensable para transformar las desigualdades estructurales que han delegado estas tareas a las mujeres.

Recientemente, el Congreso de la Ciudad de México aprobó reformas a la Ley de Salud en materia de autocuidado y, aunque se trata de un avance importante, la discusión sigue centrándose en la dimensión individual y familiar del cuidado. Es fundamental ampliar la perspectiva y reconocer los cuidados que sostienen la vida comunitaria, porque ahí también se produce la desigualdad.

* Maestra en Políticas Públicas Comparadas y en Política Pública y Género