La República de las Letras / 18 de mayo de 2026

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

PONIATOWSKA Y CELIA G. TERRÉS

Una noticia buena y una mala: Elena Poniatowska, la eterna y bienamada Elena, arriba mañana martes a sus primeros y muy generosos 94 años. Y llega con proyectos, con trabajo y con su agudeza reconocida, prometiendo cosas nuevas. Ayer, por ejemplo, nos dio la noticia de que Celia Chávez de García Terrés falleció el pasado día 9 de este mes. Doña Celia fue la típica gran mujer que estuvo tras de un gran hombre, pues Jaime García Terrés, su marido, fue uno de los grandes funcionarios culturales de México, poeta, ensayista y periodista pulcro y sabio, director interino de Bellas Artes a los 24 años, embajador en Grecia, uno de los mejores directores del Fondo de Cultura y de Difusión Cultural de la UNAM, donde permaneció durante 12 años. Grande, sí, pero también su esposa, hija de otro prócer, el eminentísimo Ignacio Chávez. Doña Celia fue bibliotecaria y enfermera, eficiente políglota de la Cancillería, promotora cultural, coleccionista de artesanías mexicanas, enjundiosa promotora del proyecto de Octavio Paz de crear una publicación propia tras el golpe a Excélsior de 1976, lo que la llevó a ser tesorera de la revista Vuelta. Fundó Librium, donde, dice Poniatowska, “era posible encontrar tesoros y libros ya fuera de circulación”. Fue también fotógrafa, aunque no sabemos de su obra, y anfitriona de lujo para personajes como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Remedios Varo y Fernando de Szyszlo, entre otros, a los que ofrecía viandas formidables que enaltecían la cocina mexicana. Todo eso lo cuenta la bella Elena sobre una mujer clave en los años de esplendor de la hoy decaída cultura mexicana.

HOMENAJE FRANCÉS A CARRINGTON

En Saint-Cirq-Lapopie, bella localidad de Occitania, en el sur de Francia, se inauguró la exposición El surrealismo y México: espejos magnéticos, nombre que evoca aquello de que México es un país surrealista, porque algo o mucho hay de eso. Con la muestra se rinde homenaje a Leonora Carrington, figura ya legendaria del surrealismo, que contrajo matrimonio en Portugal con Renato Leduc para venir a nuestro país en 1942 y, de común acuerdo, divorciarse al año siguiente. La Carrington, pintora siempre, se inició en la escultura en 1994 y presentó sus primeras piezas en la exposición Libertad en Bronce del año 2000. Durante el gobierno capitalino de Cuauhtémoc Cárdenas, la artista donó a la ciudad el conjunto escultórico ¿Cómo hace el pequeño cocodrilo?, hoy más conocido como El cocodrilo o más popularmente Los cocodrilitos. La pieza fue colocada en un estanque de la segunda sección de Chapultepec, sin embargo, para darle mayor visibilidad se optó por trasladarla al Paseo de la Reforma, frente a la calle Havre, donde navega majestuosa, como lo fue siempre su creadora, Leonora Carrington, la gran artista británica de México.

LOS SURREALISTAS EN MÉXICO

En los años de la Segunda Guerra Mundial, México recibió a grandes figuras del arte europeo. Entre ellos un buen número de creadores surrealistas, como la citada Leonora Carrington, Benjamín Péret y Remedios Varo, que eran pareja durante la guerra civil española y llegaron juntos a tierras mexicanas; Antonin Artaud, que disfrutó sus viajes en busca del peyote; Alice Rahon, poeta y pintora que vino con Wolfgang Paalen, de quien se divorciaría varios años después, pero ambos permanecieron en México; Bridget Bate Tichenor, prima de Edward James, el también surrealista creador de ese mágico lugar potosino que gracias a él es Xilitla; José y Kati Horna, César Moro y, por supuesto, André Breton, quien encontró a México como “el país más surrealista del mundo” y calificó a Frida Kahlo como “una cinta alrededor de una bomba”. Algunos de los citados volvieron a su país de origen, pero otros se quedaron en la tierra del águila y la serpiente para hacer su aporte a una cultura rica de por sí.