El Yankee Stadium estalló de emoción. Los 55 mil aficionados, reunidos para un nuevo episodio de la rivalidad entre Yankees y Medias Rojas, se rendían ante Curtis Pride, quien en su primer juego con Nueva York se había volado la barda. La multitud rugía, pero en el recorrido de bases, el beisbolista sólo era acompañado por el silencio.
Pride nació sordo debido a que su mamá enfermó de rubéola durante el embarazo.
El jardinero sólo pegó ese imparable en su estancia de apenas cuatro juegos con Yankees. Pero la imagen, al salir a agradecer una ovación que no escuchaba, se convirtió en una inspiración.
Curtis Pride fue un atleta de élite. En el futbol fue seleccionado por Estados Unidos para el Mundial Sub-16 que se celebró en China en 1985. Era un certero delantero, que admiraba a Pelé. En aquel torneo anotó dos goles y se le consideró entre los 15 mejores futbolistas juveniles del mundo.
En el basquetbol colegial, superó los mil puntos, pero el beisbol era su deporte. Fue firmado por la organización de los Mets y la única petición al equipo fue que le dejara continuar con su licenciatura en finanzas.
El camino a las Grandes Ligas fue tortuoso. Enfrentó bajas de juego, burlas, desaires y pocas oportunidades. Decidió finalizar la aventura luego de siete años en las menores. Mientras daba clases a estudiantes con discapacidad auditiva, encontró la motivación para retomar el sueño. En 1993 debutó con los Expos de Montreal, era el primer jugador sordo en Grandes Ligas en casi medio siglo.
Su primer hit fue un doblete al entrar como emergente y empujó dos carreras. La multitud le brindó una ovación de cinco minutos. Pride, quien llegó a mencionar que sintió las vibraciones, se quitó el casco para saludar, por sugerencia del coach, y un ampayer le pidió sonreír.
Pride podría leer los labios, incluso a una distancia lejana. Sus equipos aprovechaban esa cualidad para descifrar las charlas entre el pitcher y catcher de los rivales. Greg Maddux, alertado por esa situación, implementó el recurso de taparse la boca con su manopla en las charlas la primera vez que enfrentó a los Expos. Luego se convirtió en una costumbre general en la Gran Carpa.
El jardinero estuvo 11 temporadas en las Grandes Ligas con seis equipos. En total, sólo jugó 421 encuentros y pegó 199 hits, 50 como emergente.
En México, jugó con Mayos de Navojoa y formó parte del equipo que se coronó en la temporada 1999-2000 de la Liga Mexicana del Pacífico.
El admirado beisbolista, ahora de 57 años, ha sido coach en instituciones educativas para sordos. También tiene un libro titulado: Sentí los aplausos: La extraordinaria vida silenciosa de Curtis Pride.
El mayor legado de Curtis Pride no son sus números, sino inspirar a otras personas que los sueños son alcanzables, a pesar de la adversidad.
