La fotografía de los dos novatos de los Cardenales de San Luis en 1954 es curiosa. El pitcher mexicano Guillermo Luna posa de frente al jardinero Wally Moon. Dos jóvenes peloteros cara a cara que coinciden en apellido y comparten sueños, pero que protagonizaron historias opuestas en las Grandes Ligas.
La aventura de Memo Luna en la Gran Carpa fue sólo una Tacita de Café. El zurdo capitalino apenas trabajó dos tercios de entrada como pitcher abridor y ya no volvió a tener otra oportunidad. Moon se voló la barda al primer lanzamiento que vio como ligamayorista. Ese batazo fue el aviso de lo que vendría. Terminó la temporada de 1954 como Novato del Año al superar en la votación a Ernie Banks y Hank Aaron.
Moon, graduado como profesor en la Universidad de Texas A&M, se había puesto un parámetro, si ese año de 1954 no lograba llegar a Grandes Ligas, entonces se dedicaría a la docencia. El beisbol lo atrapó y en el diamante también fue un maestro. Analítico en el juego, estudioso para perfeccionar su bateo y un jugador ejemplar para sus compañeros.
Wally Moon era recordado por sus prominentes cejas que se juntaban en una sola línea que, a lo lejos, lo hacían ver como si portara unas gafas de pasta.
El pelotero originario de Arkansas pronto hizo olvidar a Enos Slaughter. El ídolo de los aficionados de Cardenales e ídolo del propio Moon.
En 1959 llegó a Dodgers y fue en el equipo que se bañó de gloria al ser parte de tres títulos de Serie Mundial, siendo clave en una de ellas con un cuadrangular.
Con Dodgers, el gran desafío fue el estadio Memorial Coliseum, que por sus extrañas dimensiones era un tormento para los bateadores zurdos.
Wally Moon le pidió consejos a su excompañero Stan Musial, quien le recomendó cambiar su postura en la caja de bateo para poder conectar la pelota a la banda contraria.
La respuesta de Musial se escuchaba fácil, aunque era compleja de ejecutar, pero Moon encontró la forma de adaptarse con éxito.
Entonces, la zona del jardín izquierdo y su muro con una pantalla gigante, fueron testigos de sus batazos, a los que el famoso cronista Vin Scully bautizó como Moon Shots.
Eran un acuerdo con el viento, como si la esférica se congelara en su viaje para luego caer con exactitud por detrás de la barda y provocar que los aficionados jubilosos se levantaran de sus asientos.
Wally Moon jugó 12 temporadas en Grandes Ligas, acudió a dos Juegos de Estrellas y ganó un Guante de Oro.
A su retiro, mantuvo el don de la enseñanza al convertirse en guía de las nuevas generaciones de peloteros. Fue una Luna que iluminó al beisbol.
