Marina: depurar fortalece
La Marina no sólo aporta presencia: es bisagra con EU en intercambio de información y combate a cadenas de fentanilo, armas y finanzas ilícitas.
El caso de contrabando de combustible que toca a personal de la Marina Armada de México (Semar) no es una crisis mediática más: pone a prueba la estrategia de seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum. En junio de 2025, 87.5% de la población consideró efectiva a la Marina, por encima de otras corporaciones federales (Inegi). Cuidar ese capital de confianza es vital para que la estrategia avance.
Los hechos encuadran la crisis. En marzo de 2025, el buque Challenge Procyon fue retenido en el puerto de Tampico, Tamaulipas, tras detectarse que declaró lubricantes, pero trasladaba diésel. A partir de ese hallazgo, la investigación derivó en 14 detenciones por presunto contrabando de combustible que alcanzan a exfuncionarios aduanales, empresarios y personal naval. En actuaciones posteriores, las autoridades aseguraron 10 millones de litros de diésel en un predio de Altamira, Tamaulipas, y 8 millones de litros de gasolina en Ensenada, Baja California.
Hasta ahora, el manejo de crisis ha sido correcto en tres frentes. Uno, separar conductas individuales de la institución: no se juzga a “la Marina”, sino a presuntos responsables. Dos, fijar una línea de tiempo con hitos verificables: retención del buque, cateos, vinculaciones a proceso. Tres, exhibir coordinación visible entre el secretario de SPC, Omar García Harfuch; el almirante secretario de la Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, y el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero.
¿Qué falta? Cuidando la secrecía de la investigación, explicar con claridad el impacto y la relevancia del operativo para la seguridad y la economía diaria de las personas: cuánto se evita en pérdidas al erario, qué significa para el precio comercial del diésel y la gasolina, cuáles son los beneficios directos para el contribuyente y de qué manera este episodio en realidad demuestra que la estrategia de seguridad está funcionando.
La Marina no sólo aporta presencia: es bisagra con EU en intercambio de información y combate a cadenas de fentanilo, armas y finanzas ilícitas. Si su credibilidad se debilita, también lo hace la cooperación binacional. Frente a amenazas de proteccionismo comercial y seguridad, la estrategia está demostrando ser la correcta: inteligencia que se traduce en carpetas sólidas, operación territorial con información verificable y coordinación diaria que trasciende la coyuntura.
El mensaje es simple y potente: depurar fortalece. Investigar, separar y sancionar no agujerean el casco; lo reparan en astillero y lo dejan listo para navegar más lejos. A la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Fiscalía General de la República (FGR) les toca sostener datos y procesos; a la Semar, encabezar la limpieza con nuevos controles y sanciones visibles; a la comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, mantener el timón de las decisiones difíciles con firmeza, sin morder anzuelos de ataques políticos y blindando la coordinación de su gabinete.
Si la investigación llega hasta las últimas consecuencias y los castigos a los infractores son ejemplares, México entrará a puerto con una Marina más sólida y un sistema de seguridad fortalecido. Pero si se suelta el amarre y se navega a ojo, la nave pública derivará hacia la tormenta. Presentar el operativo como “prueba” de corrupción sistémica ignora el dato central: investigar y sancionar es lo contrario de encubrir. Narrativas que desacreditan sin matices a la Marina erosionan la seguridad del Estado, abaratan el negocio del contrabando de combustible y dinamitan la cooperación con EU. ¿A quién sirve esa agenda?
