La (in)seguridad en la CDMX

El sentimiento de vulnerabilidad crece.

En la CDMX de Clara Brugada hay un desajuste evidente: bajan los delitos, pero el caos y el temor suben en las calles. Esa brecha —entre la incidencia delictiva y el sentimiento de inseguridad— es hoy el problema más serio de la Capital.

Primero los datos. En su Primer Informe, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, destacó una baja de 10% en homicidios dolosos frente a 2024 y reducciones en delitos de alto impacto como robo a transeúnte, robo de vehículo, robo con violencia, secuestro y violación. No obstante, según los datos más recientes de la ENSU del Inegi, en septiembre de 2025 más capitalinos se sienten inseguros que hace un año, destacando alzas relevantes en Iztapalapa (60 a 75%), Tlalpan (51 a 64%), Miguel Hidalgo (38 a 51%), Gustavo A. Madero (64 a 73%), Iztacalco (54 a 63%), Venustiano Carranza (46 a 57%), Álvaro Obregón (50 a 60%), Azcapotzalco (51 a 60%) y Cuajimalpa (32 a 46%).

Sentimiento mata incidencia. En los espacios cotidianos el temor se sigue concentrando en cajeros (72%) y transporte público (64%). Además, el Metro marca el pulso diario: tras años a la baja, los robos en el Sistema de Transporte Colectivo repuntaron en 2025. A eso hay que sumar la crisis de los “pinchazos” que acumuló 41 denuncias y una primavera de psicosis en los vagones.

También pesan los casos mediáticos. El asesinato del abogado David Cohen frente a Ciudad Judicial, el de Micky Hair en Polanco y el doble homicidio de Ximena Guzmán y José Muñoz en calzada de Tlalpan son sólo tres de los más visibles. Cuando no se resuelven con rapidez y transparencia, la percepción de impunidad y el sentimiento de vulnerabilidad crecen.

El telón de fondo urbano no ayuda: baches, coladeras tapadas, inundaciones, fugas, banquetas ocupadas por comerciantes callejeros, marchas que se tornan sospechosamente violentas y, lo más grave, la explosión de una pipa de gas a hora pico en el oriente de la ciudad, que dejó como saldo 32 personas fallecidas. Todo suma al paisaje de caos y temor, contaminando la percepción de seguridad.

Hay prisa. La capital va a contrarreloj rumbo al Mundial 2026. El Estadio Azteca albergará el partido inaugural; los ojos del mundo ya están encima. Si la percepción se deteriora, el torneo puede convertirse en foco rojo para turismo, movilidad e inversión.

A nivel nacional, la ENSU muestra estabilidad: 63% de la población se siente insegura, mismo porcentaje que en junio. Diez de 91 ciudades registran bajas significativas; incluso mejoran las expectativas a 12 meses. Esto sugiere que la percepción empieza a moderarse y, si se sostiene, podría converger con la reducción en la incidencia delictiva. Pero la CDMX, por su tamaño y peso estadístico, puede volverse el freno: si la capital no se siente segura, el promedio nacional tardará más en reflejar la mejoría.

¿Qué hacer? El cuarto eje de la estrategia federal de seguridad es la coordinación con estados; ahí está la palanca para la capital. Si la CDMX convierte la coordinación en resultados visibles, la brecha entre incidencia y sentimiento puede cerrarse. En un arrebato de humildad y confianza, Clara Brugada podría dar paso a un segundo año de coordinación mucho más estrecha con el gobierno de México.

Como muestra, cabe recordar que, durante la administración de Sheinbaum en la CDMX, los delitos de alto impacto se redujeron 60% y el homicidio doloso 51%. Y lo más importante: la percepción de inseguridad bajó 40 puntos, pasando de 92% en el primer trimestre de 2018 a 52% en el tercer trimestre de 2024. De que se puede, se puede.

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