Claudia Sheinbaum: continuidad con cambio

Bastó un año para que la consigna dejara de ser eslogan. Hay continuidad de principios y programas, pero cambia el método: de la épica movilizadora a la gramática del Estado. Claudia Sheinbaum conserva el corazón del humanismo mexicano y traza su línea: evidencia ...

Bastó un año para que la consigna dejara de ser eslogan. Hay continuidad de principios y programas, pero cambia el método: de la épica movilizadora a la gramática del Estado. Claudia Sheinbaum conserva el corazón del humanismo mexicano y traza su línea: evidencia primero, decisión después. El legado se honra con resultados, no con estridencia.

La seguridad ofrece el primer corte. Lo que fue “atender causas, coordinar y desplegar” evolucionó hacia un diseño con más engranajes: inteligencia operativa, coordinación interinstitucional y una Guardia Nacional adscrita a la Sedena. No es retórica: son capacidades que se miden en trayectoria a la baja de homicidios y delitos de alto impacto, y en investigaciones capaces de sostener sentencias. El reto es convertir los datos en confianza cotidiana.

Segundo movimiento: la disputa por el legado de Andrés Manuel López Obrador. La tentación de “monetizar la marca” —negocios, privilegios, corrupción— convive con la pulsión de institucionalizar el Proyecto de Nación. Sheinbaum elige lo segundo y enuncia una regla simple: “unidad”, como escribió en su carta a Morena, “sin impunidad”, como repite de lunes a viernes en la mañanera. Con pruebas, procede; sin pruebas, no. A algunos les suena tibio; es, en realidad, la forma de desactivar la guerra de facciones: debido proceso, evidencia y reglas parejas para propios y ajenos. La política deja de ser espectáculo para volverse procedimiento.

Tercer trazo: las mujeres al centro. El primer Grito colocó a las mujeres —y deliberadamente a mujeres indígenas— como protagonistas del rito cívico. No fue postal: se enlaza con reformas de igualdad sustantiva, con la expansión de una red federal de Centros Libre y con una iconografía oficial que por primera vez proyecta a una joven indígena como emblema del país. “No llego sola, llegamos todas” deja de ser consigna cuando se traduce en servicios, presupuesto y protección efectiva.

Los hechos del primer año son materiales. El paquete legislativo —19 reformas constitucionales y decenas de nuevas leyes— empuja tres frentes: derechos sociales, seguridad pública y reorganización del Estado.

Los Programas para el Bienestar escalan con Pensión Mujeres Bienestar y la Beca Rita Cetina; Salud Casa por Casa lleva atención primaria a la puerta, y la agenda tecnoindustrial intenta sumar capacidades —del centro Kutsari de semiconductores a proyectos de electromovilidad— más allá del discurso. No todo avanza al mismo ritmo, pero el vector existe.

En la relación con EU, la línea es cooperación sin subordinación: frenar armas y fentanilo, blindar cadenas productivas y procesar controversias por los carriles del T-MEC. Realismo de vecino incómodo: diálogo presidencial cuando hay aranceles, coordinación cuando se desbordan las violencias transfronterizas.

¿Qué esperar del segundo año? Menos anuncios y más entregables: cuatro trimestres con tendencia delictiva a la baja; más sentencias en casos emblemáticos; leyes secundarias del Poder Judicial que ordenen carrera, evaluación y plazos; inversión y productividad mostrando que el Plan México existe en los números; acuerdos arancelarios estables pese a los vaivenes. Y, transversalmente, políticas que protejan mejor a las mujeres: cobertura real de programas, reducción de feminicidios, sanciones que lleguen a sentencia.

“Continuidad con cambio” empieza a significar que la 4T aprendió a hablar el idioma de las instituciones. El bastón queda como símbolo; el método es la evidencia. El dilema no es honrar o no a López Obrador, sino cómo institucionalizar su legado —la apuesta de Sheinbaum— o monetizarlo —el atajo de los vivales—. Lo primero construye Estado; lo segundo termina en prontuario. La seguridad será la prueba. Si los expedientes desembocan en sentencias y el delito cede, quedará claro que defender a México se mide en hechos. Y que “llegamos todas” significa esto: un Estado que protege mejor, no un botín que se reparte.

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