México ante Trump: soberanía que se demuestra

Gustavo Rivera

Gustavo Rivera

Cinco elementos

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha contado una historia clara y consistente: los cárteles son una amenaza terrorista; el fentanilo es una emergencia nacional; la frontera es el escenario de esa amenaza; y México debe probar, una y otra vez, que es socio y no parte del problema. La orden ejecutiva del 20 de enero de 2025 abrió el proceso para designar a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras o terroristas globales especialmente designados. Días después, otra orden vinculó aranceles con el flujo de drogas ilícitas hacia Estados Unidos. Ésa es la estrategia: convertir un problema binacional en una exigencia unilateral. Fentanilo, migración, cárteles, lavado de dinero, frontera, aranceles, inteligencia, T-MEC. Todo cabe en el mismo relato. Estados Unidos aparece como el país que protege a sus familias. Los cárteles aparecen como enemigo absoluto. México aparece como socio bajo sospecha, sometido a los cárteles y obligado a dar explicaciones.

México no puede responder a esa narrativa sólo con reflejos. Si la respuesta sólo es soberanía, Washington puede preguntar si se defiende al país o a los acusados. Si la respuesta sólo es cooperación, la presión puede leerse como permiso para exigir más. Si calla, pierde terreno. Si sobreactúa, le regala a Trump el pleito que busca. La respuesta más eficaz es mucho más sencilla: soberanía que se demuestra. Soberanía no como consigna, sino como capacidad del Estado. Soberanía para investigar, detener, decomisar, congelar cuentas, judicializar, extraditar cuando proceda, proteger el debido proceso y exigir pruebas cuando una acusación venga de otro país. Soberanía para cooperar sin aceptar imposiciones. Soberanía para dejar claro que ningún interés extranjero manda en México, pero tampoco ningún actor político se esconde detrás de la bandera.

Claudia Sheinbaum ha reafirmado una línea importante: exigir pruebas a EU y defender el Estado de derecho. En el caso de las acusaciones contra Rubén Rocha y otros funcionarios mexicanos, la Presidenta insistió en que Washington debe presentar elementos, y sostuvo que la postura mexicana no es una defensa política, sino una defensa del debido proceso y de la soberanía. Esa línea puede convertirse en doctrina. Cooperación, toda. Imposición, ninguna. Impunidad, tampoco. El punto más delicado es la causalidad. El fentanilo no es una flecha que sale de México y mata en EU. Es una cadena binacional: precursores, laboratorios, armas, bancos, distribuidores, consumidores, plataformas de pago, lavado de dinero y corrupción de ambos lados de la frontera. México debe seguir asumiendo su responsabilidad con seriedad. Pero asumir su responsabilidad no significa aceptar una versión simplista que borra las responsabilidades de EU. Washington también ha llevado la disputa al terreno del dinero. El Departamento del Tesoro ha sancionado redes vinculadas con cárteles mexicanos, precursores químicos, tráfico de fentanilo y esquemas de combustible robado. Ese movimiento comunica que los cárteles no son sólo violencia: son logística, finanzas, empresas, intermediarios y protección política o institucional.

México debe responder en ese mismo nivel. No con enojo, sino con método. Un informe público y periódico en respuesta directa a Estados Unidos sobre decomisos, detenciones, extradiciones, armas aseguradas, cuentas bloqueadas, laboratorios destruidos, precursores interceptados y carpetas de investigación contra funcionarios sería más poderoso que cien adjetivos. La evidencia acumulada también es una forma de soberanía. También es importante ordenar las vocerías. Seguridad debe hablar de operaciones. Hacienda, de lavado de dinero. Fiscalía, de investigaciones. Cancillería, de límites diplomáticos. Morena, de ética pública. La Presidenta debe reservarse para la línea de Estado: México coopera porque le conviene a su pueblo; México exige respeto porque es un país soberano; México no protege a nadie porque la legalidad también es soberanía.

La estrategia óptima de México no es pelear todos los días con Washington. Tampoco sonreír mientras lo empujan. Es fijar una regla y repetirla con hechos: cooperación sin subordinación; soberanía sin impunidad; resultados sin espectáculo. Trump quiere imponer un guion de sospecha y presión. México puede escribir otro: entiende la ley, defiende su soberanía y combate al crimen con pruebas y responsabilidad compartida con EU. La diferencia entre una frase y la otra no está en el tono: está en los resultados.