El Vampiro me fue a buscar… y Adame se pasó de la raya

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

En tres décadas de periodismo de espectáculos me han reclamado por todo. Me han gritado, amenazado y dejado de hablar por lo que escribo. Pero pocos reclamos se comparan con el día en que un hombre de casi dos metros entró furioso a mi oficina porque yo había escrito que estaba muy feo para ser novio de Pilar Montenegro. Ese hombre era nada menos que El Vampiro Canadiense.

Sí, el legendario luchador que enloqueció a las multitudes, que hizo de México su casa. Su verdadero nombre es Ian Richard Hodgkinson. Nuestra historia comenzó hace más de 30 años, cuando se me ocurrió opinar de su físico y de su relación con la bella Pilar. ¿Se imaginan mi cara al verlo aparecer frente a mí, exigiéndome una explicación? Una cosa es recibir una llamada de reclamo y otra tener enfrente a semejante gigante, visiblemente enojado.

Lo extraordinario es que aquel encuentro hoy forma parte de una historia que los dos podemos contar. Porque detrás del maquillaje, la cabellera y la mirada desafiante existe un ser humano cuya vida va mucho más allá del cuadrilátero. Hay triunfos, caídas y un costo físico que no vemos desde la tribuna.

Este sábado 31 de octubre, de 8 a 9:30 de la noche, les presentaré su historia en El Minuto que Cambió Mi Destino Sin Censura, por Imagen Televisión. Ian habla sin máscaras de sus momentos más duros y su salud. En su momento recibió diagnósticos de Parkinson y Alzheimer; años después aclaró que el de Alzheimer había sido equivocado, aunque las secuelas de tantos golpes siguen siendo parte de su batalla. Es una conversación fuerte, emotiva y reveladora. Y les contaré cómo terminó aquella visita a mi oficina. Ojalá me acompañen.

EN LUGAR DE QUEJARSE, ABRIERON UNA PUERTA

Quiero felicitar públicamente a Luz Elena González y a su esposo, Bernardo Martínez. En un ambiente donde muchos famosos presumen fiestas, viajes y cosas materiales, ellos decidieron poner manos a la obra y abrir un espacio para jóvenes neurodivergentes, donde puedan convivir, desarrollar habilidades y aprender oficios para tener más oportunidades.

Luz Elena y Bernardo saben de lo que hablan. Su hijo mayor, Santiago, vive con autismo y ellos han acompañado de cerca su crecimiento y sus retos. He visto a Santi trabajar como mesero en Fisher’s. Verlo trabajar y encontrar su sitio dice más que cualquier discurso de inclusión.

La inclusión no se consigue con una fotografía para las redes ni con una frase bonita en una entrevista. Se construye con espacios reales, preparación, paciencia, empleos y respeto. Por eso es tan importante lo que hace este matrimonio: no se quedó en su propia experiencia, decidió extender la mano a otras familias. Ojalá más empresarios y figuras públicas se animen a impulsar iniciativas así. No se trata de hacer favores, sino de abrir oportunidades y reconocer capacidades. Muchas felicidades, Luz Elena y Bernardo: eso sí es aprovechar la fama para algo útil.

ADAME, CON LA MUERTE NO SE JUEGA

Y mientras hay personas que utilizan su presencia pública para ayudar, otras la usan para provocar escándalos de pésimo gusto. Lo que hizo Alfredo Adame con Laura Bozzo me parece una barbaridad. Publicó en sus redes sociales una esquela dando por fallecida a la conductora peruana, sin confirmación alguna. La familia tuvo que salir a desmentir la información, justo cuando Laura atraviesa por problemas de salud.

Y por si fuera poco, después apareció otra publicación en la que Adame pretendió hacer el chiste de que en el cielo no la habían recibido y la habían regresado. ¿En serio eso le parece gracioso? ¿A un hombre que ronda los 70 años le parece divertido jugar con la angustia de una familia?

Laura tiene hijas, seres queridos, amigos y personas pendientes de su recuperación. Una esquela falsa no es una travesura ni una ocurrencia simpática para ganar seguidores. Es una irresponsabilidad. Imagínense lo que siente una hija al ver circular la supuesta muerte de su madre mientras ésta se encuentra delicada. ¿De verdad no alcanza a entenderlo?

No me importa si Adame y Laura se caen mal, si han discutido frente a las cámaras o si se han dicho hasta de lo que se van a morir. Hay límites que cualquier persona decente debería respetar. Y la salud y la vida de alguien son uno de ellos. Una cosa es hacer el ridículo para llamar la atención y otra muy distinta poner a circular información falsa y luego disfrazarla de sentido del humor.

En redes se confunde el escándalo con la relevancia. Informar exige verificar y entender que detrás de cada nombre hay una familia. Adame no actuó como informador; actuó como alguien que buscaba la reacción del público sin medir el daño que podía causar.

Así que un poquito de respeto, Alfredo. No todo se vale por un comentario, un aplauso o unos cuantos clics. La gente puede perdonar una mala broma, pero no debería acostumbrarse a que se juegue con la muerte ajena. La dignidad de las personas vale muchísimo más que cualquier escándalo.