Los elotes invisibles, el silencio cómodo y la mentira bien abogada

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

Por más que reviso los videos de Aleks Syntek en la Benito Juárez, la noche del 15 de septiembre, no aparecen los elotes. No aparecen las cervezas volando. No aparece el ataque a las abuelitas. Lo que sí aparece, nítido, es un cantante regañando al público, vomitando su autobiografía, declarando que el reguetón es una porquería y pidiendo que le mentaran la madre. Eso no es un concierto. Es un desahogo con micrófono pagado por el erario.

Ahora Syntek dice que su ira fue justificada: unos vándalos aventaban elotes a las abuelas de atrás y los de adelante no se enteraron. Qué conveniente. La violencia que nadie filmó explica el sermón que sí filmó medio México. Si de verdad vio agredir a niños y viejitas, el profesional para el show llama a seguridad y señala al agresor. No se pone a pelearse con Bad Bunny, con Dani Flow y con el tipo que le pidió un tema de Juan Gabriel. Defender a una abuela es un acto. Usar a la abuela de pretexto es otra cosa.

Aquí sí voy a ser claro. No vi la prueba fehaciente de esos elotes. Vi a un artista ofendido, pidiendo que lo defendieran, disparándose en el pie frente a gente que fue a cantar, no a recibir cátedra moral. El escenario no es tu terapia. El público no es tu enemigo. Y el Grito no es el diván de Aleks Syntek. Si hay vándalos, se les detiene. Si hay violencia, se le para en seco. Lo que no se hace es agredir al público y al género que no te gusta para luego salir de héroe de las abuelitas. Canta o bájate. Pero no nos vendas heroísmo de última hora.

ALICIA LLEGÓ CON CARA DE POCOS AMIGOS

Alicia Villarreal aterrizó en la Ciudad de México con Cibad Hernández al lado y el ceño fruncido de quien ya trae la respuesta memorizada. Contestó todo. Dejó clarísimo que ni Cruz Martínez ni Arturo Carmona han sido, según ella, buenos padres, y que la que se calentó el paquete con los chamacos fue ella. Muy bien. Ésa es su versión. La defiende con uñas.

Lo que no defendió fue lo que más pesa. Cuando le tocó el tema de las versiones graves alrededor de Cibad —el distanciamiento con su hermana Coral, el control, los supuestos forcejeos familiares y esa acusación seria que ya circula—, Alicia cortó: ese tema no lo quiere tocar.

Pues yo sí se lo recomiendo, y sin tapujos. Tóquelo. Investíguelo. Póngalo sobre la mesa, aunque le duela. Porque el “no quiero hablar de eso” no es elegancia: es comodidad. Y una acusación de ese calibre no se guarda en la bolsa como si fuera un chisme de pasillo. Si es mentira, se desmiente con documentos, no con mala cara. Si hay algo oscuro, se aclara antes de que se pudra. Callar no la hace más digna. La deja sentada junto a la duda. Y la duda, en este medio, no perdona ni a la güera consentida.

CAZZU NO SE CALLÓ: DICE QUE LA CALLARON

El equipo de Christian Nodal jura que no está obstaculizando la Ley Cazzu. Que el amparo no va contra las niñas, sino contra el nombre y contra “una historia falsa” sobre Inti. Bonita cirugía semántica: no toco la ley, solo le quito el apellido.

Cazzu respondió sin anestesia. Dijo que la silenciaron de forma legal, injusta y cobarde. Que ese silencio no fue para proteger a la niña, sino para mentir y manipular. Que mientras a ella la amordazan, la obligan a pelear caprichos que no tienen nada que ver con criar. Y soltó la frase que debería incomodar a más de uno: si a ella la pueden vulnerar, imaginen a las madres que no tienen abogados ni reflectores.

Una parte dice “nosotros no tapamos la ley”. La otra dice “a mí sí me taparon”. En el expediente ya hay ruido sobre qué se reclamó de verdad. En el centro, otra vez, una menor convertida en comunicado. Esta historia va a seguir sangrando. Y hace bien. Porque cuando la paternidad se litiga con base en boletines, el que pierde no es el artista. Es la niña.

ESTA NOCHE, SIN CENSURA

A las ocho, en Imagen Televisión, presento El Minuto que Cambió Mi Destino, Sin Censura, con María José, La Josa. No saben las historias que trae. Pérdidas, amores, golpes y el minuto que de verdad le dobló la vida. Habla de frente. Sin elotes invisibles. Sin “ese tema no lo toco”. Sin abogados de por medio.

En este medio sobran micrófonos y faltan verdades. Quien tiene el escenario, que cante. Quien tiene una acusación encima, que la enfrente. Quien habla de proteger a una hija, que deje de usar a la hija de escudo. Lo demás es ruido. Y el ruido, tarde o temprano, se oye hueco.

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