El caso Parra
Les puedo decir que me parecen increíbles las acciones que ahí se muestran.
De no creerse. No entiendo cómo puede haber gente y “comunicadores” que salen a las redes sociales a decir que no hay ninguna evidencia real y contundente para que Héctor Parra esté tras las rejas. Por eso mi abuelita decía que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y yo añado que tampoco hay peor sordo que el que no quiere oír.
Los videos, fotografías y pruebas que me envió Alexa Hoffman, de por qué su papá está en la cárcel, y al parecer ahí seguirá, en mi punto de vista, son contundentes, además de tremendas, pues les puedo decir, no como periodista ni como reportero, sino como padre de familia, que me parecen increíbles las acciones que ahí se muestran.
No entiendo cómo un papá le pinta en el glúteo a una jovencita de 12 años “esa pompi es mía” y una flecha señalando sus partes íntimas. Yo no entiendo. Lo más grave del asunto es que la gente a través de las redes sociales decían que eso era normal. ¿Cómo normalizar algo así? Luego, el regalo que le da la niña a su papá, donde parece en una foto totalmente desnuda y le pone el letrero: “Tú me enseñaste a estar sin ropa”.
Vi otra prueba que, incluso me da vergüenza contárselas a ustedes a través de esta columna.
Algunas personas decían que si me había comprado Ginny y Alexa, que cuánto me habían pagado y fui muy claro y directo a decirles que los únicos sueldos que recibido son por los trabajos profesionales que tengo, que afortunadamente son ocho diferentes.
No sé qué pueda pasar por la mente de un hombre así, pero ya fue un Ministerio Público, un juez de control y tres magistrados y todos aseguran que hay elementos suficientes para que Héctor Parra no salga de prisión.
