Cuando la vida supera al guion y la justicia se pone a prueba

Es el espejo de un país roto, de una industria que convive con la violencia y de seres humanos que, a veces, solo saben resistir.

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última palabra

Hay historias que no caben en una canción ni siquiera en un corrido. Hay vidas que parecen escritas por un guionista con exceso de crueldad y con muy poca piedad. Y hay personajes que, para bien o para mal, se convierten en el reflejo de un país que castiga la pobreza, normaliza la violencia y luego se escandaliza cuando alguien sobrevive como puede.

Este sábado a las ocho de la noche, a través de Imagen Televisión, en El minuto que cambió mi destino, sin censura, se presenta una historia que no deja indiferente a nadie: Marco Flores, líder de la Banda Jerez de Zacatecas. No es una entrevista cómoda. No es una charla ligera. Es un retrato brutal de una vida vivida a golpes... literalmente.

 

DE LA MISERIA AL ESCENARIO: SOBREVIVIR COMO SE PUEDE

Marco Flores nació pobre. No pobre de discurso, pobre de verdad. De esos que no tienen red de protección, de esos que entienden muy pronto que el mundo no es justo y que nadie te regala nada. Fue indocumentado en Estados Unidos, cruzó como tantos mexicanos con la esperanza en una mano y el miedo en la otra. Y cuando regresaba a México, lejos de encontrar descanso, lo esperaban los asaltos, los abusos y la ley del más fuerte.

Cantó en bailes donde la vida vale menos que una cerveza. Cantó donde manda el dinero sucio y donde el silencio se compra caro. Cantó narcocorridos y eso lo puso en la mira. Fue detenido por la entonces policía federal. Lo acusaron, lo presionaron, lo encerraron. Para recuperar su libertad tuvo que entregar todo el dinero que llevaba. Todo. Hasta el último peso. Porque en este país, muchas veces, la justicia también tiene tarifa.

 

EL SECUESTRO Y EL DÍA QUE LA RABIA EXPLOTÓ

Pero lo peor estaba por venir. Fue secuestrado. Un mes privado de la libertad. Golpes, amenazas, humillaciones. Me lo dijo mirándome a los ojos: hubo momentos en los que les pidió que mejor lo mataran. Eso no lo dice un cobarde, lo dice alguien que ya no puede más.

Y luego, como si el destino tuviera un perverso sentido del humor, se encuentra cara a cara con sus secuestradores en un baile, mientras él estaba trabajando, haciendo lo único que sabe hacer: cantar. Se baja del escenario... y los golpea. No fue prudente, no fue legal, pero fue humano. Fue el estallido de alguien que cargaba un infierno por dentro.

¿Se justifica la violencia? No.

¿Se entiende? Absolutamente.

UN PAÍS QUE FABRICA VÍCTIMAS... Y LUEGO LAS JUZGA

A Marco Flores muchos lo han querido reducir a una caricatura: el cantante bravucón, el músico incómodo, el tipo conflictivo. Pero pocos se detienen a ver todo lo que tuvo que atravesar para seguir vivo. Aquí nos encanta juzgar desde la comodidad del sillón, pero no desde el barro.

Esta entrevista no busca absolver ni condenar. Busca entender. Y entender duele.

 

IMELDA GARZA TUÑÓN: EL VALOR DE HABLAR CUANDO TODOS CALLAN

Y hablando de dolor, de abusos y de valentía, no puedo dejar fuera el tema que hoy sacude al medio artístico y que incomoda a muchos poderosos.

Reconozco, respeto y admiro profundamente el valor de Imelda Garza Tuñón. No es fácil enfrentarse al sistema. No es fácil alzar la voz cuando del otro lado hay apellidos conocidos, abogados expertos y una maquinaria perfectamente aceitada para intimidar.

Imelda se atrevió a denunciar públicamente a Marco Chacón y a Maribel Guardia. Dijo algo gravísimo: que intentaron quitarle a su único hijo, después de haber quedado viuda tras la muerte de Julián Figueroa. Una mujer sola, en duelo, enfrentándose a dos figuras con poder mediático, económico y legal.

 

CUANDO EL DERECHO SE CONVIERTE EN ARMA

Admiro a Imelda porque no se escondió. Porque habló aun sabiendo que el precio podía ser alto. Porque se enfrentó a un hombre que, a todas luces, ha utilizado sus conocimientos como abogado para emprender acciones profundamente cuestionables en contra de ella y de su hijo.

Cuando el derecho se usa para proteger, es justicia.

Cuando se usa para aplastar, es abuso.

Y aquí no estamos hablando de chismes, estamos hablando de un menor, de una madre y de un conflicto que huele más a control que a protección.

 

SÍ, ESTOY DEMANDADO… Y NO ME RAJO

Y ahora voy a hablar de mí. Porque en esta historia yo también estoy involucrado.

Marco Chacón me tiene demandado por daño moral.

Este lunes a las 10:30 de la mañana, tendré audiencia con él. Nos veremos cara a cara. Y quiero decirlo claro, sin rodeos y sin hipocresías: no hay ninguna posibilidad de conciliación con ese señor. Ninguna. No me interesa arreglarme “por debajo del agua”. No me interesa el camino fácil.

Yo quiero ir hasta donde tope.

Porque el periodismo no está para quedar bien. Está para incomodar. Para señalar. Para preguntar lo que otros no se atreven. Y si eso tiene un costo, lo asumo. No soy nuevo en esto y no me voy a echar para atrás ahora.

 

EL SILENCIO TAMBIÉN ES COMPLICIDAD

Vivimos tiempos en los que se pretende callar a quien pregunta. Demandar al periodista se ha vuelto un deporte nacional. La amenaza legal como forma de censura. Pero aquí sigo. Dando la cara.

Si decir lo que otros callan molesta, entonces vamos bien.

 

ESTA NOCHE, UNA HISTORIA QUE SACUDE

Regreso al principio. Esta noche, a las ocho, en Imagen Televisión, El minuto que cambió mi destino, sin censura, con Marco Flores. No es un programa bonito. Es un programa necesario. Es el espejo de un país roto, de una industria que convive con la violencia y de seres humanos que, a veces, sólo saben resistir.

Aquí nadie es santo. Pero tampoco todo es blanco o negro.

Y mientras unos cantan para sobrevivir, otros usan la ley para someter.

Yo, por mi parte, seguiré haciendo lo que sé hacer: decirlo todo, aunque incomode.