Apostar… sin conocer a quién

Un nuevo programa se arriesga a intentar pegar sin tener tantas caras conocidas para la audiencia.

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última palabra

La televisión mexicana insiste, una y otra vez, en jugar a la ruleta rusa con el público. Esta semana se estrenó Apostarás por mí, un nuevo reality de TelevisaUnivision, grabado en São Paulo, Brasil, con 12 parejas dispuestas —según el discurso— a apostarlo todo.

Y aquí viene la primera cachetada de realidad: sólo conozco a cinco parejas. Cinco. El 40%. El otro 60% no me dice absolutamente nada. No me suena, no me vibra, no me provoca ni curiosidad. Y eso que llevo décadas respirando este medio, entrevistando artistas, siguiendo carreras y viendo nacer —y morir— formatos.

Entonces la pregunta es obligada: ¿cómo pretende la televisión que el público se enganche con gente que no conoce ni su familia?

Porque no nos hagamos: el reality vive del personaje, del conflicto, del arrastre. Y, cuando no hay arrastre, se intenta fabricar. Brasil podrá ser una potencia en realities, pero México no compra fórmulas importadas tan fácilmente. Aquí el público es canijo, desconfiado y exigente. Aquí, si no conectas en el primer capítulo, te cambian de canal sin remordimiento.

No basta con una buena producción ni con luces bonitas. El carisma no se importa, se tiene o no se tiene. Y en este arranque, la apuesta se siente más como un volado que como una estrategia sólida.

Frida Sofía: el morbo disfrazado de casting

Y mientras Televisa juega a descubrir talentos, por otro lado coquetea peligrosamente con la polémica. Pablo Moctezuma, padre de Frida Sofía, me confirmó que su hija podría venir próximamente a México. ¿La razón? Negociar su posible entrada a La casa de los famosos.

Así, sin anestesia.

Y aquí es donde la televisión deja de ser entretenimiento y empieza a caminar sobre vidrio roto. Porque Frida Sofía no es sólo una figura polémica: es una mujer que en 2021 acusó públicamente a su abuelo, Enrique Guzmán, de presunto abuso sexual. Dijo, con todas sus letras, que fue manoseada. No fue un chisme, no fue un rumor: fue una acusación directa.

¿En qué quedó ese proceso legal? Nadie lo dice con claridad. ¿Se cerró? ¿Sigue abierto? ¿Se congeló convenientemente? El silencio ha sido el gran protagonista. Y ahora, de pronto, aparece la posibilidad de meterla a un reality show, 24/7, cámaras encima: conflicto garantizado.

Entonces pregunto, y lo hago con toda la mala leche que amerita:

¿Televisa quiere darle voz a una víctima… o quiere exprimir el morbo hasta la última gota?

Porque una cosa es abrir espacios y otra muy distinta es convertir una acusación de abuso en entretenimiento nocturno. Si Frida entra a ese reality sin que el tema esté legalmente aclarado, el mensaje es peligrosísimo: que todo cabe mientras dé rating.

La televisión no puede seguir jugando a ser juez, terapeuta y productor al mismo tiempo. Aquí no hay medias tintas: o se trata el tema con seriedad, o no se toca. Todo lo demás es oportunismo.

Belinda y Los Ángeles Azules: cuando la música sí sabe jugar

Y mientras los realities patinan, la música vuelve a demostrar que entiende mejor el negocio. Belinda y Los Ángeles Azules grabaron un tema que acompañará un evento deportivo de talla mundial que se realizará en México.

Aclaro, porque luego exageran: no es el tema oficial, no estarán en la inauguración. Pero ahí estarán. Sonando. Acompañando. Sumándose a la conversación.

Belinda es una sobreviviente del espectáculo. Ha sabido reinventarse, callar cuando conviene y regresar cuando duele. Y Los Ángeles Azules ya juegan en otra liga: colaboran con quien quieren y cuando quieren, porque su música es garantía.

Aquí no hay improvisación ni ingenuidad. Hay estrategia. Porque mezclar deporte, música y figuras mediáticas siempre funciona, aunque no lo anuncien con bombo y platillo.

Televisión que grita, música que piensa

Hoy la televisión abierta grita para que la volteen a ver. La música, en cambio, se infiltra sin hacer ruido. Unos apuestan a desconocidos. Otros apuestan al escándalo. Y otros, los más inteligentes, apuestan al largo plazo.

La pregunta no es si Apostarás por mí funcionará o si Frida Sofía entrará a La casa de los famosos.

La pregunta es más cruda: ¿hasta dónde está dispuesta a llegar la televisión para no perder relevancia?

Porque el público ya no es tonto. Y cuando se siente manipulado, se va.

Yo, como siempre, lo digo de frente. Sin miedo. Sin maquillaje. Y sin apostar a ciegas.