La coyuntura económica global y de México han captado la atención de analistas. Sin embargo, hay otras cosas que están sucediendo. Una de ellas es la inteligencia artificial. Hoy desarrollo una serie de ideas sobre el tema porque me llamó la atención un nuevo participante en el debate.
Un primer hecho es que montos de flujo de efectivo muy relevantes se están invirtiendo en el desarrollo de la inteligencia artificial con impacto en el resto de la economía y en la situación financiera de algunas empresas.
Respecto de la economía, la inversión en centros de datos y la mayor demanda de equipo tienen un impacto favorable en el desempeño económico de EU.
Hay analistas que argumentan que eliminando este efecto el crecimiento económico de ese país sería nulo o inclusive que estaría en recesión.
A nivel de empresas, los cuatro líderes en el procesamiento en la nube pasaron de generar flujo de efectivo de operación neto de inversión a estar en equilibrio o consumir efectivo (Amazon, Google, Meta y Microsoft).
Un segundo hecho es que el mayor uso de las herramientas de inteligencia artificial tiene consecuencias en otros mercados, dado que se requiere de mayor capacidad instalada.
Para montar los centros de datos se requieren de muchos tipos de equipos y componentes. Ejemplos son semiconductores, equipo de cómputo y transformadores. En los mercados de estos insumos no hay oferta suficiente.
En términos financieros, la compra de equipos por parte de los dueños de centros de datos ha transferido recursos a las empresas que los fabrican. Un ejemplo de este fenómeno se observa en los estados financieros de Nvidia y de TSMC en cuanto a márgenes y a efectivo.
Un tercer hecho es entender la dinámica de demanda de uso de los centros de datos. Quienes están consumiendo esa capacidad de procesamiento de datos son las empresas que desarrollan los modelos como Open AI y Anthropic.
Para que las inversiones sean rentables en el largo plazo, es indispensable tener un modelo de negocio que monetice. Hoy tienen muchos recursos de inversionistas, pero se requiere que empresas y personas paguen para que generen flujo de operación.
El cuarto hecho es que ya se observa un rechazo en la sociedad. Por ejemplo, en las comunidades en donde se quieren instalar nuevos centros de datos hay oposición lo que puede frenar el proceso.
Dicho de otra manera, se empieza a notar cierta polarización sobre la inteligencia artificial.
Un quinto hecho es que el liderazgo está concentrado en Estados Unidos y en China. La otra región haciendo algo es la Unión Europea, pero en una situación defensiva. Buscan no depender tanto de Estados Unidos y tener un marco legal adecuado.
Finalmente, esta semana el papa León XIV entró al debate sobre inteligencia artificial. Su visión no es contra la evolución tecnológica, sino en la concentración de poder en pocas manos en el desarrollo de esta tecnología y en el potencial de crear una dependencia y control de la sociedad que pueda afectar la libertad humana.
Estas preocupaciones no son nuevas. Hace varios años en el libro The age of surveillance capitalism, la autora (Shoshana Zuboff) ya argumentaba cómo las plataformas digitales influían en el comportamiento de las personas porque utilizaban los datos personales para su beneficio. Es decir, habla de dependencia, control y pérdida de libertad.
Mucho está sucediendo. Hay que mantenerse atentos.
